Esperamos a los alumnos en la sala. Algunos llegan a tiempo, otros se retrasan un poco, unos cuantos llegan tan tarde que han de aguardar afuera, hasta la pausa, para poder ingresar al aula. Mientras tanto, la clase transcurre. Exposición de una materia, formulación de alguna pregunta, intento de dar una respuesta. Es el diálogo entre quien trata de enseñar y quien trata de aprender, buscando una verdad común o quizás lo común de toda verdad.
De pronto suena un celular, un estudiante olvidó silenciarlo. Pide excusas y lo apaga. Se retoma la clase. La hora avanza, lentamente para impaciencia de quienes se remueven en sus asientos, rápidamente para los apasionados por el tema que se plantea. Se oyen murmullos, se perciben miradas de interés y otras -para desgracia que quienes hacemos clases- de tedio. Una mano sobre la boca oculta un bostezo casi manifiesto, pero otra mano se alza solicitando permiso para intervenir. Lo hace de un modo luminoso, sugerente, inesperado; muestra el esplendor de toda inteligencia inquieta por saber más y de ahondar en aquello que conoce todavía a medias.
El paso del tiempo nos dice que debemos concluir, pero antes pasamos lista, para identificar nombres y rostros. Salimos todos; los alumnos en distintas direcciones, y algunos profesores suplicando al "Maestro bueno" que nos conceda ser buenos maestros.
RODERICUS
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |