Vivimos una época que ha convertido el ranking en uno de sus dioses. Los poderes públicos, las instituciones educativas, los clubes deportivos, el espectáculo, las publicaciones literarias y académicas y un largo sinfín de otras realidades son "sopesados" por la equívoca y arbitraria balanza de los criterios cuantitativos. En estos tiempos tan dinámicos, el valor de algo apenas se "mide" por su dignidad o cualidad intrínseca. Requiere, para ser reconocido, "validarse" ante los ojos de la "competencia". Importa más el número que ocupa entre sus semejantes, que la calidad de lo que entrega. Así, entonces, sólo se busca sumar, aunque a veces ni siquiera sepa por qué o para qué hacerlo (como si el incremento en cualquier ámbito fuese de por sí necesariamente bueno).
Nos llevamos todo el tiempo en esta esclavitud mediática y numérica. De hecho, no dejo de preguntarme: ¿cuánto más debemos someternos a esta dictadura casi inapelable? ¿Acaso todo es medible bajo los criterios de un ranking ? Por supuesto que no, ya que, por ejemplo, no será su "lugar" en el ranking lo que determinará el destino eterno de un alma.
Formulo incluso una interrogante: los "famosos" rankings , ¿qué posición ocupan entre los rankings? Si lo pensamos, a lo mejor comenzamos a darles un poco menos importancia.
RODERICUS
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Posteado por: Eduardo Llanos Melussa 10/02/2012 10:43 [ N° 1 ] |
Muy de acuerdo. |
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