En una visita que hacemos al Prócer, le pedimos que exprese sus deseos para el 2012. Mira las hortensias de su jardín, que han florecido magníficas, sorbe un trago de su proverbial vodka-tonic, y contesta solemne: “Desearía cuatro cosas para mi país. La primera, más Orden; esto es, que cada cual cumpla su rol en la sociedad, sin presiones indebidas de grupos que se arrogan la representación popular, pero sin refrendarla con votos, ni autoridades que abdican de sus deberes y se pliegan a la callecracia. Es decir, que cada cual cumpla con su papel institucional responsablemente.
La segunda, avanzar unos pasos más en ese ideal difícil de lograr que es la Justicia. Que este año cada cual reciba un poco más de lo que le corresponde, y que, por lo tanto, le es debido, pero cuidando de no matar la gallina de los huevos de oro ni alterar las prioridades.
La tercera, mayor Seguridad. Que las personas, los bienes, las actividades productivas y las libertades públicas estén debidamente protegidos de la delincuencia, las turbas destructoras, las manifestaciones matonescas, los fraudes y los abusos.
Y, por último, Prosperidad, la que quizás brotará espontáneamente si se cumplen los deseos anteriores, aun cuando los vientos internacionales traen perfumes de tormenta. He dicho” —culmina diciendo, teatralmente.
“El Prócer siempre piensa de a cuatro”, susurran a mi lado, por lo que bautizo sus palabras como los Cuadreseos.
R. RIGOTER
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