La memoria constituye un signo intelectual desarrollado especialmente por la especie humana. La facultad de retener el pasado y enjuiciar para obtener lecciones de éxitos y fracasos, es un ejercicio que siempre ha realizado el hombre. Muchas manifestaciones del arte y de la cultura se identifican con estas percepciones, aunque ese propósito se hace más evidente cuando se escribe precisamente una relación autobiográfica o de acontecimientos de los que se fue testigo o protagonista. Surgen así "las memorias", género iniciado por el duque de Saint Simon para dejar constancia de las singularidades de Versalles bajo Luis XIV.
Probablemente como producto de los variados y vertiginosos cambios que ha vivido Chile, ahora proliferan entre nosotros las memorias. Por su naturaleza, se trata de visiones subjetivas, en ocasiones alteradas por pasiones inextinguibles, luego sólo verdades relativas. En ocasiones hasta son ajustes de cuentas, en que los adjetivos se asignan según se trate de partidarios o adversarios. Sean obras escritas de puño y letra o recurriendo a pendolistas, son, sin duda, aportes para la historia, pero también un desafío para los historiadores, dadas las posibles incongruencias de versiones sobre un mismo hecho.
Una vez más se confirma que Valle-Inclán tenía razón cuando sostenía que para los memorialistas las cosas no son como fueron, sino como se recuerdan.
CORUSCO
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