Aún no se inician mis vacaciones, por lo que sólo dispongo de los fines de semana para gozar de los placeres de la playa. Me gusta llegar temprano, cuando aún no se ha despejado del todo la bruma marina y todavía permanecen algunas gaviotas en la arena. Entonces, aprovechando la tranquilidad, me enfrasco en la lectura hasta que poco a poco el entorno se va poblando de bulliciosos bañistas que llegan cargados de bolsos y quitasoles. Luego, cuando el sol ya se ha entronizado, es la hora de darme una zambullida y capear un par de olas, para retornar vigorizado a la tibieza de la arena. En ese momento, por arte de magia, aparece el "Negro", quien me provee desde hace muchos años del mágico pan de huevo, compañero infaltable de las delicias playeras.
Mis recuerdos sobre el pan de huevo se remontan a la infancia, en la playa de Caleta Abarca, donde lo vendían señoras con delantal que los extraían con unas tenazas de canastos de mimbre cubiertos con paños de lienzo blanco. Ahora el "Negro", cuya piel requemada por el sol ha alcanzado casi tintes africanos, lo ofrece en bolsas plásticas que cuelgan de un gancho de alambre junto con palmeras y barquillos. Pero el pan de huevo sigue siendo el mismo, con su consistencia arenosa y su sabor que recuerda la infancia y es como un extracto del sabor de la playa. Y el "Negro" es un mensajero del dios Neptuno para proporcionar este maná que, siendo de la tierra, tiene conexiones profundas con el océano.
R. RIGOTER
| Do | Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sa |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |