Ante una pandemia, los expertos suelen adoptar medidas técnicas que reducen el impacto sobre la salud de las poblaciones, contienen la propagación de las enfermedades y previenen la aparición de nuevos casos. Como en toda emergencia auténtica, estamos frente a una situación imprevista, pero no imprevisible.
Es conveniente considerar, además de las medidas técnicas, y precisamente por la eficacia de éstas, la posibilidad de algunos dilemas éticos. Por ejemplo, cuando existan vacunas apropiadas, es probable que deba priorizarse a algunos grupos de personas. O racionar los recursos terapéuticos disponibles. Quizá si hasta velar por el buen cumplimiento de las normas por parte del público y el personal sanitario.
Muchas de estas decisiones, con ser técnicas, involucran dimensiones tales como la equidad, el respeto a la dignidad, la valoración del bien común frente a intereses parciales, conflictos entre racionalidad económica y ayuda eficaz, por solamente citar algunas. Son dilemas, porque se trata de problemas cuya solución será siempre un problema. Y son éticos porque involucran a las personas en tanto partícipes de una comunidad.
La prudencia aconseja discutir y anticipar estos dilemas, a fin de no tomar decisiones improvisadas que carezcan de legitimidad y consenso.
ANDRENIO
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