La reciente entrevista entre los presidentes Obama y Bachelet ha sido un nuevo indicio de que, tal como anunció en su campaña, el mandatario estadounidense aspira a abrir un nuevo capítulo en las relaciones de su país con América Latina. Varias señales se han conocido hasta ahora, entre ellas el inicial nuevo trato hacia Cuba, objetiva manifestación de ese positivo cambio de actitud.
Las conversaciones Obama-Bachelet no sólo ratificaron la consideración o apoyo a los esfuerzos de Chile por consolidar prácticas democráticas, desarrollo económico e inclusión social. Eso es un buen punto para las gestiones del Gobierno y para el rol cumplido por la oposición. Con todo, no se ha destacado suficientemente que Obama solicitó a la Presidenta chilena integrar a nuestro país a un esfuerzo triangular-en que también considera a Brasil- para lograr con otras naciones del continente resultados en el principal desafío de estos tiempos: la lucha contra la pobreza.
Tal sugerencia no debiera ser desechada, menos por Chile. En la hora de los continentes, lograr alianzas para la construcción realista de un futuro común no sólo es urgente, sino apremiante. Contar para ese esfuerzo con señales potentes, como esta de Estados Unidos, es, sin duda, más auspicioso que resucitar fórmulas añejas y fracasadas en medio de borracheras ideológicas.
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