Es de esperar que 2012 sea un año normal. Que no suframos catástrofe natural alguna, ni tampoco algún accidente de proporciones con proporcionales muertes que lamentar. Que los estudiantes estudien, la economía crezca, la inseguridad decrezca y cada quien cumpla con su deber, clase política incluida.
Sin embargo, ¿qué es la normalidad? En plena Segunda Guerra Mundial, mientras daba clases en Oxford, los alumnos preguntaron a C.S. Lewis si tenía sentido seguir estudiando mientras sus compañeros morían en el frente. ¿Cómo se podía dedicar la vida a cosas como la ciencia, el arte, la filosofía, cuando el mundo estaba en plena guerra? Lewis respondió que sí, que los valores imperecederos no pierden su calidad de tales por la contingencia, sino justo al revés. Además, alguna vez la guerra acabaría y, entre otras cosas, habría que reconstruir el país y aun Europa.
Y, además, agregó: "La vida nunca ha sido normal y las condiciones favorables jamás llegan". Sabia frase, sin duda alguna. Por lo que los verdaderos anhelos de normalidad habrán de plasmarse siempre en contextos de anormalidad, que es la vida misma. Y, por cierto, siempre con dificultades que sortear y condiciones más o menos desfavorables en el horizonte.
De ahí la importancia y el valor casi total del momento presente, del ahora, de aquello que en verdad es lo único que poseemos a ciencia cierta. Ayer ya fue y mañana no sabemos si será.
B. B. COOPER
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