Ocho partidos políticos han suscrito un documento de compromiso sobre la actividad pública, enfocado al Bicentenario.
El esfuerzo del cardenal arzobispo de Santiago ha sido notable y ha dado una de las señales más poderosas del sentido que ha tenido toda su gestión, así como del modo en que suele actuar la Iglesia Católica.
Contrariamente a lo que algunos afirman, la Iglesia siempre propone: nunca impone. Por eso, mediante la invitación, el diálogo coordinado y la reunión final, el arzobispo logró que todos los firmantes reconocieran abiertamente esa actitud propositiva y animante que siempre ha caracterizado a las orientaciones eclesiales.
La diferencia con otras oportunidades en que la jerarquía católica ha sido injustamente acusada de intervencionista está en que, en esta ocasión -con tres elecciones ad portas durante 15 meses-, a ningún partido le convenía rechazar su llamado. No ha sido igual, eso sí, cuando en el pasado al entrar los pastores al área chica -matrimonio, educación, salarios, sexualidad, vida, información, familia-, algunos de los mismos que ahora los alaban han competido en su empeño por atacar a los obispos. Claro, en aquellas oportunidades el juicio de Dios y la vida eterna no fueron percibidos ni como hechos ciertos ni a plazo fijo.
El actual logro arzobispal ha sido en esa perspectiva, por lo tanto, notable.
Pero el resultado -el texto efectivamante suscrito- ha sido sólo discreto, casi minimalista, por momentos naif.
Cualquiera que sea el calificativo correcto, lo cierto es que lo efectivamente redactado abunda en generalidades que permiten variadas interpretaciones (aparte de un par de graves imprecisiones históricas).
Se habla de una ocasión de reencuentro de los chilenos, de la promoción de la amistad cívica, de la búsqueda de perspectivas comunes, de las partes diferentes de un todo superior, de Chile como tierra de hermanos y de un esquema inclusivo de valores compartidos. O sea, de todo y de nada, de esto o de lo otro; de lo inicialmente aceptable por igual para un comunista y para un UDI, pero anda tú a saber a qué conclusiones incompatibles llevaría a unos y a otros cada expresión; de lo que en principio le suena bien tanto a un DC como a un PH, pero que analogado por separado termina en peras por un lado y en tornillos por el otro.
Y esto es grave, porque dícese de la política como el arte de lo posible y ojalá, de lo posible y bueno.
Mas no reside ahí el interés fundamental del texto, porque, como todo punto de partida, hay que comenzar a recorrer el camino para saber si uno se acerca o aleja del fin deseado. Se hace documento al andar.
Si cada partido suscriptor fuera portador de una recta intención, oh qué tonta ilusión ésta, bien se podría pensar que el contenido del texto le planteará a futuro dilemas muy diversos a cada colectividad.
Para los radicales, tan tolerantes de palabra como sectarios en el manejo de sus pequeñas cuotas de poder, la sola expresión "esquema inclusivo de valores compartidos", implicaría un reconocimiento explícito de los derechos del 90% de los chilenos, creyentes en un Dios que no decora el oriente, sino que actúa en la vida.
A RN la debiera complicar, en su andadura presidencial, esa "justicia social como gran meta" a la que se refiere el texto, cuando tantos de sus personeros vibran con el liberalismo del Estado mínimo.
En la DC incomoda la sola apelación a la conciencia, después de tantos intentos suyos por apartar la ley positiva de la naturaleza humana.
Al PC, la renuncia a la violencia no le cuesta nada; de palabra, obviamente. Pero está acostumbrado a agredir desde la palabra y con las obras. ¿Cambiará?
Para el PPD, el problema es la mención a una actuación pública responsable. Maestros en el arte de la exacerbación de la libertad -correr los horizontes, lo llaman-, toda responsabilidad que no sea la ecológica les ha parecido siempre cartucho conservantismo.
A la UDI le penará el concepto de bien común. Ninguna colectividad buscó desde su fundación mayor dependencia de un concepto operativo, como lo ha hecho el partido de Guzmán con esa noción. Pero ¿y cómo anda la UDI hoy de coherencia con esa exigencia autoimpuesta?
Para el PS, el problema es el compromiso de caminar a una sociedad sin exclusiones. Sí, un Chile que incluya también a los militares perseguidos.
Y no deja de ser casi grotesco que los humanistas declaren amar tanto a la Patria, ellos cuyo etéreo internacionalismo propone un mundo naranja, sin fronteras.
Ocho dilemas.
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Posteado por: Sergio Quesney Walker 03/08/2008 13:18 [ N° 1 ] |
Correcto en general lo que es raro en usted , pero suave con la udi lo que es absolutamente explicable y justificable por que la objetividad en la mayoria de las cosas de la vida no existe.- |
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Posteado por: Ciro Cardenas Aldea 03/08/2008 13:58 [ N° 2 ] |
Sr. Quesney, que en general -más bien, siempre- Gonzalo Rojas ES correcto. En cuanto a este aporte, creo que Gonzalo es cauto y no se juega mucho en cuanto a la oportunidad, legitimidad y orientación real de la iniciativa episcopal. Recuerdo que en las postrimerías de Allende, el arzobispo de la época llamaba también al entendimiento y a la búsqueda de consensos... cuando ya era tarde. Esas son las postrimerías de la corruptación, y es hora más bien de llamar al pan, pan... y al vino, vino. |
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Posteado por: lisandro contreras radic 03/08/2008 16:27 [ N° 3 ] |
Sr. Rojas; coincido con Ud en todo, menos en lo notable de la actuación del Arzobispo. El prelado NO puede aceptar ni avalar ni acoger el error, especialmente a la doctrina perversa y atea del comunismo. Y además; ¿Dónde quedó el Reinado Social de Nuestro Señor? Parece que el Arzobispo ya no lo reconoce ni dice nada al respecto. |
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Posteado por: maria adela contreras Veloso 03/08/2008 19:22 [ N° 4 ] |
No hay peor diligencia que la que no se hace. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 04/08/2008 13:49 [ N° 5 ] |
El PC en Chile solo tomas las armas pasado los 80, cuando se funda el FPMR, nunca antes. NO LAS TOMO cuando fue perseguido y eliminado por Ibañez ni cuando el perseguidor fue Gabito. No las tomo tampoco en los primeros años de la dictadura. Y sobre los militares perseguidos, solo a los asesinos y torturadores, a los demás, ni siquiera se les llama a tribunales. |
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Posteado por: Bob Gibson . 04/08/2008 16:46 [ N° 6 ] |
¿El Arzobispo? ... Humm. Me pregunto:... ¿Qué monos pintan los curitas interviniendo en política contingente? Apuesto, a que si a los políticos se les ocurriera invadir su ámbito de acción y empezaran a proponerle los temas de sus sermones, las plegarias dominicales o la interpretación de los etéreos actos sobrenaturales que ellos dan por ciertos, etc.,... inmediatamente armarían la alharaca acusando el intervencionismo indebido. Encima, si le damos tribuna a los curitas católicos,... ¡Por qué no dársela también al Pastor Evangélico? ¿A los Testigos de Jehová? ¿A las autoridades de las Iglesias Anglicana, la Mormona, la Luterana, etc.? Realmente, no deja de ser grotesco; la sobredimensionada penetración de la Curia en los actos y eventos políticos chilenos. Ecléctica-mente |
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