La campaña municipal ha comenzado con un hecho no casual: la minimización de la presencia de los partidos políticos. Las estrategias no coinciden por casualidad, sino que más bien se explican por tres razones.
Primera: el consabido desprestigio de los partidos políticos, como máquinas de poder sin ideales y sin escrúpulos.
Segunda: en medio de la división de la Concertación, por una parte, y de la actitud ambigua de la UDI con respecto al precandidato presidencial de RN, por otra, los candidatos locales a alcaldes y concejales deben decidir caso por caso con qué figura nacional fotografiarse. No pueden identificarse todos los de un partido con su partido. No vaya a ser que los descubran. Así se explica, por ejemplo, que candidatos DC puedan querer fotografiarse con Sebastián Piñera, quien, por lo demás, salvo el detalle de su militancia, también es "demo" (Seba: lo digo con cariño, mira que a mí me llaman día por medio "Claudio Orrego" ... ¡Nunca lo rectifico! ¡Es un honor!).
Tercera: el combate en un terreno más acotado -el perímetro de una comuna- hace más fácil que la persona destaque por sobre la ideología que el partido representa. La persona, la gran ausente de la política moderna, puede asomar su cabeza por unos instantes en una disputa política donde cabe, en cierta medida, dirigirse a los otros y no a la masa. En una comuna, el "puerta a puerta", por ejemplo, tiene más sentido que en una elección masiva a nivel nacional o regional.
Yo mismo voy a participar en el "puerta a puerta" de un candidato a alcalde amigo mío. No les doy el nombre para no quemarlo. Además, yo no votaré por él. Gracias a Dios, voto en otra comuna, en Las Condes, y pienso votar en blanco (otra historia, para otro día). Y es que ya no me atrevo a votar por nadie. Es como una superstición: si voto, liquido al personaje. Voté por el Sí en el plebiscito. Voté luego por Hernán Büchi. Voté por Joaquín Lavín, cuando perdió como "gallo de pelea". Voté por Carlos Larraín para alcalde, y sacó la mínima votación (lo arrastró Lavín, a concejal). ¿Para qué seguir? En realidad, no recuerdo haber votado nunca por el ganador. También es verdad que tengo mala memoria; pero si hubiera sucedido alguna vez, ¿cómo podría olvidarlo?
De manera que la alergia a los partidos políticos se explica muy bien. Sin embargo, no es una buena noticia para quienes deseamos una política que reúna tres cualidades imprescindibles: sinceridad en sus actores, legitimidad en sus instituciones y participación política entre los electores.
Los candidatos están ahí -salvo los independientes- porque han sido puestos por los partidos. Forman parte de una política nacional más amplia, ordenada a la conservación del poder central o a su conquista. No le hacen bien a la política democrática con estos ejercicios de ocultamiento. Sin embargo, el problema de la insinceridad más pura vendrá después. Ahora se sigue una estrategia de aparente despolitización: se vota por personas, por líderes locales, más que por coaliciones nacionales. Sin embargo, tomen nota: la misma noche del 26 de octubre, los partidos políticos saltarán para orientar la interpretación pública del resultado según sus intereses en la campaña presidencial y parlamentaria. Los ciudadanos recuperarán, entonces, la convicción de que todo este espectáculo también era político. Y la política, esencialmente mentirosa.
En seguida, estimo que es responsabilidad de los actores políticos reafirmar la legitimidad de las instituciones democráticas y, entre ellas, de los partidos políticos. Podríamos tener otro sistema: una democracia de partido único, como en Cuba, o una monarquía hereditaria, sin partidos políticos. ¿Eso quieren? Sí, sé que muchos quieren eso, pero no lo queremos todos. Queremos una democracia pluripartidista, donde los partidos políticos son el cauce normal -digno, legítimo- de la participación cívica. Vale la crítica contra las actuaciones de los partidos, contra su actual regulación -que les da demasiado poder e impunidad-, contra las ideologías de cada uno, paso a paso; pero no vale la deslegitimación de las instituciones democráticas, que es la querencia totalitaria que subyace a todos estos ejercicios de despolitización.
Por último, el ocultamiento de los partidos refuerza la sensación de que los electores no son más que una masa amorfa, de la que se preocupan unos señores ávidos de poder cada vez que se aproxima una elección. En cambio, si los partidos políticos se presentaran orgullosamente -con el orgullo de ser cauce de participación democrática-, quizás nuestros jóvenes, en lugar de refugiarse en la apatía y en la protesta, alimentarían una vez más esos viejos ideales de sacrificio y de entrega por la patria.
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 01/10/2008 11:28 [ N° 1 ] |
Lo que no se dan cuenta estos que planifican la propaganda que los que votamos somos casi los mismos que votamos el 88. Nuevos hay muy pocos y si votan es por que se inscribierón, obvio, y si lo hicierón es por que tienen muy clara la opción. Me parece un gastadero de plata la propaganda, sobre todo cuando el electorado es FIJO desde hace 20 años. Variaciones habrán, pero ínfimas. |
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Posteado por: Ignacio Gavagai 21/10/2008 20:16 [ N° 2 ] |
Esoy de acuerdo con lo que dice el columnista. Hay que hacer algo con respecto al descredito de las instituciones democraticas. Creo que el columnista tiene razon en todo lo que ha dicho. Pero luego hago memoria y recuerdo que él mismo es quien ha escrito ¨Viva Pinochet¨ |
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Posteado por: Ignacio Gavagai 21/10/2008 22:21 [ N° 3 ] |
Estimado Profesor Orrego: Estoy de acuerdo con lo que dice en su columna. Hay que hacer algo con respecto al descredito de las instituciones democraticas. Ciertamente un necesario intento de dignificar la actividad politica. Pero hay un detalle que se me viene a la memoria: ha sido usted mismo quien hace un tiempo escribiera "Viva Pinochet" en alguna de sus columnas. Ciertamente esta columna representa un cambio radical de opinion. ¿Es usted un pinochetista renovado? ps: Creo no haber escrito ninguna ofensa como para que mi comentario no pase el "filtro". |
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Posteado por: Jorge Roberto Mihovilovic Suárez 23/10/2008 13:26 [ N° 4 ] |
Si no fuera por su reiterativo clericalismo y su nunca ocultada fascinación por la dictadura del "ladino" Pinochet, podría coincidir con el sr. Orrego (al menos en lo esencial); pero estamos en bandos distintos... |
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