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Domingo 02 de Agosto de 2009
Berlín: pobre, pero sexy

Roberto Ampuero desde Berlín

Donde hace veinte años corría la frontera con su franja de la muerte, alambradas, torres de vigilancia, perros adiestrados, campos minados y obstáculos antitanques, hoy, al menos los días domingo, tiene lugar el vibrante Mercado del Muro (Mauermarkt), del Prenzlauer Berg, el legendario barrio obrero y de artistas disidentes de Berlín Este. La zona colindaba con la frontera intraberlinesa, y de sus balcones muchos miraban hacia Occidente soñando con alcanzar "el otro lado", aunque estaban condenados a permanecer en el socialismo realmente existente hasta cumplir 65 años. Justo en esa tierra antes yerma palpita ahora la porfiada vida con su vasto abanico de expresiones.

Gente de razas, culturas e idiomas diversos, vestida y peinada de forma alternativa, recorre ahora el mercado, donde encuentra comidas y bebidas exóticas, resuena la música de Oriente y Europa, de América Latina, África y Estados Unidos, y se vende ropa y bicicletas, libros y revistas, vajilla y alfombras, instrumentos musicales y muebles -todo usado y barato-, o simplemente alguien da masajes o ve la suerte, a ver qué te espera en esa ciudad reunificada que, a pesar de la crisis económica, bulle con entusiasmo y originalidad. Bella resplandece Berlín bajo el sol de verano. La diversidad del Mauermarkt nos recuerda el bar intergaláctico de Star Wars. Nada expresa tan bien el fracaso del socialismo real como ese espectáculo abigarrado, vital y anárquico que se entrevera gozoso donde ayer los guardafronteras imponían silencio y distancia.

Desayuno hasta las seis de la tarde

He regresado a Berlín, a su parte oriental, adonde llegué por primera vez hace 36 años huyendo del régimen de Pinochet y buscando mi utopía. Ahora busco mis amigos y viviendas de antes, las calles y evocaciones que me permitan escribir la continuación de Nuestros años verde olivo y narrar esa etapa de exilio detrás del Muro que modificó para siempre mi Weltanschauung ( cosmovisión ).

¿Qué fue de los berlineses orientales de entonces, gente más bien reservada, algo inflexible y ensimismada, abrumada por la omnipresencia de los reglamentos? Hoy me resultan afables y cosmopolitas, seguros de sí mismos. No veo casi policías, y los restaurantes aceptan sustituir ingredientes en sus platos y numerosos cafés ofrecen "desayuno hasta las seis de la tarde", herejías extremas en los antiguos locales estatales.

¿Adónde fue esa gente de antes, con ropa opaca y ajena a la moda, que ahora veo a tantos conversando en las mesas al aire libre de restaurantes, bajo la sombra de los tilos o en las esquinas? ¿Cómo esos berlineses, que en el socialismo desaparecían presurosos detrás de sus puertas en cuanto salían del trabajo, se convirtieron en los nuevos mediterráneos de Europa, gozan hoy la vida y animan una ciudad que celebra hasta más tarde que Madrid o París?

A mí nadie me viene con cuentos. Entre 1979 y 1983 transité a diario por el Prenzlauer Berg en el viaje entre mi vivienda y la Humboldt Universität. En Schönhauser Allee cambiaba del tren urbano ( S-Bahn ) al metro ( U-Bahn ). Era un viaje de una hora y veinte minutos hasta la magnífica avenida Unter den Linden, y los carros viejos, que traqueteaban como trenes de películas de la Segunda Guerra Mundial, fueron mis mejores salones de lectura. Entonces el Prenzlauer Berg tenía calles adoquinadas y desiertas, fachadas cariadas y sin pintura, muchas de ellas con el impacto de las balas de la batalla por Berlín, y el barrio entero, pese a sus atractivos edificios estilo Gründerjahre, lucía monótono, pues no había restaurantes ni cafés con mesas a la calle, y las escasas tiendas exhibían deprimentes vitrinas mal abastecidas.

He regresado después de mucho a instalarme con mi esposa en un departamento renovado de la Oderberger Strasse, en Prenzlauer Berg, a pasos de donde antes se alzaba el Muro, porque siempre anhelé vivir en la frontera, que era como levitar entre los sistemas que dividían al mundo en una Guerra Fría que parecía eterna.

Pero la división sigue existiendo. Persiste en las cifras económicas, en la tasa de desempleo y en el evidente desnivel material entre el rico Berlín occidental y el Berlín oriental aún marcado por su atraso de la era socialista. Los problemas sociales de un Berlín con historias paralelas y balances diferentes llevaron al alcalde, Klaus Wowereit, a definir la ciudad como "pobre, pero sexy", lo que es cierto. La división persiste también en la actitud y la memoria de quienes vivieron bajo el sistema comunista, sin derecho a viajar al extranjero, que vieron azorados cómo, el 9 de noviembre de 1989, caía el Muro y se desplomaba el sistema.

Si bien viví cuatro años en esa ciudad, al caer el Muro llevaba yo seis en Alemania Occidental, desde donde me enviaron a reportear el acontecimiento. La división sigue existiendo, sobre todo en los germano-orientales mayores de cuarenta. Pervive también entre quienes, junto con aplaudir el fin del comunismo, sienten que la reunificación fue una anexión materializada por el rico Oeste. Es una ciudad donde la historia late comprimida. En los más ancianos conviven las imágenes del Berlín nazi y del Berlín que se rindió a los ejércitos aliados, del Berlín dividido y el Berlín de la revolución de 1989, y este Berlín unido, multicultural, democrático y pujante de hoy.

El espía y los archivos destruidos

Viajo a Wandlitz, elegante pueblo junto al lago del mismo nombre, en el noreste de Berlín, y me reúno con Tanja -hija de Markus Wolf, el legendario jefe de espías germano-oriental, conocido durante 30 años en Occidente sólo como "el hombre sin rostro"- y con su esposo, el ex teniente coronel Bernd Troegel, encargado de infiltrar al espionaje germano-occidental. La Guerra Fría y la RDA son historia, y si en el pasado estuvimos en bandos opuestos, hoy cenamos bajo el cielo berlinés cuajado de estrellas, en un ambiente como de novela de John Le Carré. Troegel me cuenta que su departamento se pasó los últimos días del país destruyendo archivos para que no cayesen en poder del enemigo, y que el día de la reunificación, a primera hora, agentes occidentales tocaron a su puerta para allanar su casa. Él ya se había refugiado en Moscú. Al volver fue juzgado y amnistiado. Me cuenta que su jubilación es mínima y se enorgullece de que no traicionó. Tanto de él como de Stephan Heym, célebre escritor germano-oriental disidente, muerto hace años, viene el mismo mensaje: no se puede arrojar por la borda la causa que se abrazó toda la vida.

El conflicto Este-Oeste enfrentó a gente que podía compartir en torno a una mesa bien servida. Llegué a Berlín a buscar datos para mi novela, y constato de pronto -entre mojitos y vodkas, entre el pescado vietnamita y el postre ruso que generosamente me brindan- que mi anfitrión, protagonista de la Guerra Fría, destruyó quizás precisamente los archivos que debían nutrir mi novela. Me despido de Tanja y Bernd con la sensación de haber cruzado la frontera que dividió al mundo por más de medio siglo.

¿Qué quedó al final de la RDA, que se presentaba como "primer Estado de obreros y campesinos en suelo alemán", y que tenía el mejor nivel de vida en el bloque comunista? Tan profundo fue el rechazo del pueblo contra el sistema que lo privó de libertad, que poco se rescata hoy de ese pasado. El gigantesco Palacio de la República, mayor emblema estatal, que albergaba el Parlamento sin oposición, fue desmontado, pues estaba infestado de asbesto. Tampoco existe el edificio de la cancillería germano-oriental, y muchas calles perdieron sus nombres del socialismo. Nadie habita hoy por gusto los monótonos barrios prefabricados. Las antiguas industrias estatales desaparecieron o fueron privatizadas y modernizadas. Las sedes de gobierno y partido fueron vendidas o son hoy modernos edificios públicos. Sólo por nostalgia busca hoy alguien productos de la RDA. Apenas uno que otro bus o tranvía es de antes. La RDA está hoy en un museo junto al río Spree, atestado de objetos de un país que su pueblo sepultó: libros con fotos de la época, CDs con hits de entonces y miniaturas de los vehículos que la RDA fabricaba. De entonces sólo quedaron, curiosamente, los símbolos de los semáforos peatonales, el cuartel central de la temida Stasi y una cárcel política con sus tenebrosas celdas de encierro y tortura, que pueden visitarse; la escuela donde se formaba ideológicamente a la juventud, y tramos del Muro. Quedó también una sensibilidad que demanda equidad social, subrayan amigos del Este.

La casa de Goebbels

Viajo también al lago Bogensee, donde se hallaba, entre abedules y pinos, a orillas de un lago, la escuela superior de la juventud, Wilhelm Pieck. Allí estudié un año. Hoy es una ruina a la que no devora la historia, sino la naturaleza, como a las pirámides mayas. Es un escenario importante en mi novela El caso Neruda . Nadie se interesa hoy por ese sitio oneroso de mantener. Allí llegaban cada año miles de alemanes y centenares de revolucionarios extranjeros. Debían convertirse en activistas en sus respectivos países. La escuela estaba en las tierras de la mansión de verano del criminal de guerra Goebbels. Fue tomada en 1945 por las tropas soviéticas, quienes la cedieron a los alemanes para que desnazificaran y luego adoctrinaran a jóvenes. Viví un año en la que fue la casa de Goebbels, detalle que ignorábamos, aunque algo tenebroso flotaba allí entonces.

A Chile le falta ser sexy

Se aproxima el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, acontecimiento que inició la etapa de post Guerra Fría.

¿Conmemorará nuestro gobierno de algún modo el levantamiento popular pacífico que contribuyó a derribar al segundo gran sistema totalitario del siglo XX? ¿Cómo lo celebrará la centroderecha, parte de la cual se identificó en el pasado con un régimen dictatorial, y cómo lo celebrará la izquierda, en que hay sectores que aún no condenan a los regímenes estalinistas y partidos que siguen simpatizando con los reductos del socialismo realmente existente? ¿Haremos nuestro el "Wir sind das Volk!", que coreó el pueblo germano-oriental contra el régimen del SED, o cambiaremos de tema el 9 de noviembre? ¿La izquierda chilena lamentará con los antiguos apparatchiks el desplome del socialismo real, o festejará con el pueblo el final de ese régimen? ¿Primará la solidaridad con el partido gubernamental, que nos brindó asilo, o con el pueblo que se rebeló contra ese partido?

Berlín encierra una poderosa lección para Chile: muestra que, 20 años después del epílogo de una profunda división, es posible reinventarse, unirse y construir el futuro sobre fundamentos realistas, ajenos a ideologías, prejuicios y odiosidades añejas. Berlín es pobre, pero sexy.

A Chile le falta ser sexy.

El autor de Nuestros años verde olivo

Escritor, doctor en filosofía, columnista y profesor de la Universidad de Iowa. Dejó Chile en 1973, y vivió en Cuba de 1974 a 1980, donde estudió en la Universidad de La Habana y renunció a la Juventud Comunista en 1976, decepcionado del régimen, lo que narra en su novela autobiográfica Nuestros años verde olivo (2000).

Vivió hasta 1983 en Berlín, donde cursó estudios de posgrado en la Universidad Humboldt y fue traductor e intérprete. En 1983 se muda a Alemania Occidental, donde trabaja como periodista. En 1993 regresa a Chile y publica su primera novela en español: ¿Quién mató a Cristián Kustermann? En 1997 se instala en Estocolmo, y desde el 2000 reside en Estados Unidos con su familia. Entre sus novelas, traducidas a una decena de idiomas -entre ellos mandarín, alemán, francés, italiano, croata y portugués-, figuran El caso Neruda, Los amantes de Estocolmo, Pasiones griegas, La guerra de los duraznos y la saga del investigador Cayetano Brulé.

Ampuero trabaja en la continuación de Nuestros años verde olivo, por lo que este verano bo-real se trasladó a Berlín, desde donde redactó este artículo.

12 Comentarios publicados
Posteado por:
Carlos Domeyko Vigneaux
02/08/2009 18:19
[ N° 1 ]

02-08-2009 17:56:47

Berlín, bien se merece un ampuero.
En su narración, Roberto Ampuero nos cuenta que regresó a la casa que lo albergó y lo alimentó. Pinochet fué la piedra en su camino.
Vuelve a la metrópolis triste, gris y militar.
Pero oh! -sistema intrísecamente malvado y capitalista, este no es el Berlín que me dió cerveza, algo de pan y carne con libreta.
Roberto dice, he vuelto a una ciudad donde hay leche y miel, túneles y murallas son historias para las nuevas generaciones de berlineses. Los expertos en ciencias políticas chilenos, ponen en duda que La Stasi, haya existido. Dicen que hubo un muro,,, Berlín jamás ha estado divido en Este Oeste.
Carlos Domeyko Vigneaux

Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
03/08/2009 17:06
[ N° 2 ]

Y cuando volvio a Chile ¿encontro a todos sus amigos? ¿Chile era tal cual como lo dejó? Me parece que Luis Sepulveda si que se preocupo por eso. Y sin volver a Chile. Me imagino que por eso vende mas que Ampuero.

Posteado por:
Ricardo Mena Silva
03/08/2009 20:32
[ N° 3 ]

Con sus reflexiones post-delirio, Ampuro confiesa que ha vuelto a la especie humana, esa que valora la diversidad y no soporta la uniformidad. Esa que entiende que la naturaleza humana sólo se manifiesta cuando existe libertad, cuando se elije un camino y se construye un destino.

Ampuero ha tenido la fidelidad con la verdad y la condición humana de despertar del sueño delirante y la honestidad para reconocer ese despertar.

Es un testimonio viviente de la imperiosa necesidad de rebelarse contra el orden impuesto por el socialismo. Aunque no lo dice, en sus escritos se lee la legitimidad de los movimientos que han impedido que el socialismo moldee y achate nuestras vidas y la valentía de quienes han liderado esos movimientos.

Desde 1945 a 1989 el pueblo aleman padeció la presión que lo anuló. 44 años es mucho tiempo, una vida entera si se intenso y breve. Nuestros 17 años nos ahorraron esos 44.

Gracias a los valientes que nos lo permitieron!!!

Posteado por:
Carlos Domeyko Vigneaux
03/08/2009 20:56
[ N° 4 ]

03-08-2009 20:20:11`

Estoy cierto que Roberto Ampuero, en su afán de buscar y resolver incógnitas, es un hombre libre, que piensa y escribe lo que quiere, donde y cuando lo desee. Así caminó anteriormente.
El día de mañana, podría regresar a su ex oficio de albañil de muros, es su decisión, libre y espontánea. Podría cultivar y envasar aceite de oliva, o embotellar ron, pero déjenlo hacer lo que está haciendo, no se le juzgue torpe y mercantilmente con respecto a otro escritor chileno, que vende mas que Roberto Ampuero.
La Historia, no se vende, se narra con sinceridad y objetividad, no está sujeta a un guión, cumple con la tarea de hacer que el día, es día, y la noche, noche.
No, me resisto a las historias que mi Papá, me dice lo que yo tengo que escribir.
Papá, soy mayor de edad, déjame hacer, déjame nadar aunque sea entre tiburones, pero déjame hacer lo que yo ahora quiero hacer.
Carlos Domeyko Vigneaux

Posteado por:
Eduardo Vasquez S.
04/08/2009 18:23
[ N° 5 ]

Herman Aguirre Ayala
03/08/2009 17:06
[ N° 2 ]

Encontró un Chile nuevo..., pujante…, ordenado…, con perspectivas de futuro..., con recursos para farrearlos y robarlos..., ya que cuando se fue, no había ni con que "parar la olla"..., y si eso tuvo un costo cruento, fue por la pesadilla de un mal sueño de los terroristas marxistas, que aún después de las experiencias pasadas, no se conforman con la caída de los socialismos reales..., incluido su icono..., ¡El Muro de Berlín!..., que seguramente lo habían erigido para cuidarse de contaminantes ideas de libertad...

…¡Es imposible recuperar los cerebros pasmados por el resentimiento…!!

Posteado por:
francisco amaro amaro
04/08/2009 22:28
[ N° 6 ]

Encontró un Chile nuevo..., pujante…, ordenado…, con perspectivas de futuro..., con recursos para farrearlos y robarlos..., ya que cuando se fue, no había ni con que "parar la olla"...


¿a cambio de muerte?¿de tortura y asesinato? ¿al igual como lo hizo Stalin para expandir su imperio, y al igual como se sometió al pueblo aleman?

ambos trataron de "ordenar las cosas"
pero no creo que en ningun caso se halla justificado la muerte, tortura y privacion de libertad.

Posteado por:
Ricardo Mena Silva
05/08/2009 12:33
[ N° 7 ]

Francisco Amaro Amaro,

No es el orden lo más importante de lo bueno que encontró Ampuro a su vuelta a Chile. Fue una sociedad nueva, en que los seres libres construyendo sus destinos.

La libertad cuesta. No la regalan. La batalla contra los esclavistas modernos tiene caídos de nuestro bando y algunos de cuántos de los esclavistas. Me preocupan los nuestros; de la caída de los esclavistas sólo me informo.

Posteado por:
Eduardo Vasquez S.
05/08/2009 12:39
[ N° 8 ]

COMPRENSION

…¡Es imposible recuperar los cerebros pasmados por el resentimiento…!!

Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
05/08/2009 17:24
[ N° 9 ]

Y se me le olvidaba Sr Vasquez, soy bueno para comer pasas y tambiénm higos, nueces, añlmendras. No olvido facilmente

Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
05/08/2009 17:56
[ N° 10 ]

¿un Chile pujante con 45% de pobres y 20% de desempleados? ¿donde vivia usted el 90 Sr Vasquez?

Posteado por:
Carlos Domeyko Vigneaux
05/08/2009 20:42
[ N° 11 ]

05-08-2009 19:59:55

Berlín, es Berlín y no tiene nada que ver con un libro escrito por Bitar, que ahora se va a reeditar como película.
Isla Diez, cuenta de sufrimientos a quienes fueron amigos cercanos a Allende. No está disponible en inguna librería,
No he podido leerlo, no está disponible por fome y fuera del menor interés......

Salió hace 30 años,
120 páginas, $5500 pesos Iva incl
Estuvo aquí, pero nadie lo pide,
No, nunca me lo han pedido
Quien es Bitar escritor, será una copia de los ensayos de Edwards?

Por qué motivo Ampuero vive y Bitar cercano a Allende está muerto?
Carlos Domeyko Vigneaux

Posteado por:
Eduardo Vasquez S.
06/08/2009 18:54
[ N° 12 ]

Herman Aguirre Ayala
05/08/2009 17:24
[ N° 9 ]


Y felizmente…, no me trago ruedas de carreta…, y recuérdese que le conté todo lo que pasaba entre el 70 y el 73 en su tierra…, en el Hospital San Pablo…, y las Compañías Mineras…, las Reparticiones Públicas…, y en los “Sindicatos de la Construcción”(¿?) infectado de pelafustanes guerrilleros, matones, y resentidos…


¡Ya le conté lo que viví en esos años…, así es que las ruedas de carreta, hágaselas tragar a quienes no estuvieron “donde las papas queman”…!!!

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