Hay gente que tiene 18 años y actúa como si tuviera 81. Al revés, hay gente de 81 años que actúa como si tuviera 18.
Hay adultos que tienen la edad mental de un niño. Hay niñas que parecen mujeres. Hay viejos alolados, hay adolescentes fatigados, niños sabios, guailones con síndrome de Peter Pan y señoronas inmaduras.
Hay de todo en el mundo. Pero en los últimos días muchos de estos casos han asomado en la política.
Vayamos viendo.
Me causaron asombro las críticas que le hicieron a Gabriel Valdés después de que dijo que Sebastián Piñera podría ser un buen Presidente.
La diputada María Antonieta Saa (PPD) dijo que "tiene demasiada edad y es mejor que se vaya al retiro don Gabriel Valdés". Una periodista entonces le pregunta: ¿Está insinuando que está como senil, diputada? "Estoy insinuando que está senil".
Poco después, en un programa de radio, ella desmintió haber dicho eso, pero le hicieron escuchar la grabación donde sí lo decía. Ella insistió en que nunca lo dijo. En fin, aunque ella y el periodista están en la medianía de la vida, mantuvieron por un buen rato una discusión que parecía sacada de un asilo de ancianos.
Después, el diputado socialista Sergio Aguiló explicó que "a medida que las personas van avanzando en edad, van sufriendo determinados deterioros, por eso es que en el Poder Judicial y otras instituciones hay un límite de edad para ejercer en sus cargos".
La guinda de la torta la puso el senador DC Jorge Pizarro: "Más allá de las debilidades sentimentales que tenga a su edad, estoy seguro que va a votar por Frei", dijo.
Me extrañó que este tipo de argumentos vinieran desde el comando de Frei, donde acaban de incorporar, como gran figura clave, a una mujer de 83 años, la señora Ángela Jeria.
Además, como otra muestra del respeto del freísmo por las canas, el senador DC presentó esta semana su plan de "paridad" y promoción de caras nuevas para un eventual segundo gobierno suyo. Dijo que la mitad de su gabinete será menor de 45 años. Es decir, trazó en esa edad la línea de la juventud.
Excúsenme, pero decir que una persona de 45 años es poco menos que la frescura y lozanía en política es padecer del síndrome de Peter Pan.
Yo creo que don Gabriel actuó como un niño (que dicen que no mienten) o hizo una diablura adolescente. Por eso no me pareció el suyo un acto gagá.
¿Y qué me dicen de Fernando Matthei? A los 84 años presentó, el viernes en La Segunda, a su reciente esposa, que es más de 30 años menor que él. Ella dice sobre el general (r): "Está más feliz que nunca. Creo que Fernando no pierde minuto de vivir intensamente y gozar la vida".
Es raro todo esto. Y más si consideramos que, aunque no pase a segunda vuelta, es innegable que el fenómeno electoral del año fue Marco Enríquez-Ominami, un "cabro chico" de 36 años. Debe ser el "castigo divino" a una generación que, seamos francos, se apernó al poder por sus buenos cincuenta años.
Por eso nunca olvido el consejo que me daba mi abuelo: "preocúpate de ser buena gente con tus hijos, porque ellos son los que te van a escoger el asilo".
¿Ahora entienden por qué pasó lo que pasó esta semana?
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