
Las recientes noticias sobre la crisis política en Egipto vuelven a levantar la discusión sobre la debilidad de algunas democracias e instituciones a lo ancho del mundo. En la historia de la humanidad, ya son muchos los imperios y gobiernos, -e incluso autocracias y dictaduras- que caen ante la fragilidad o ilegitimidad de sus instituciones, pero sobre todo, cuando quienes dirigen esos pueblos, con mayor o menor virtuosismo, dejan de decidir por el bien común y se centran en algunos pocos o en ellos mismos.
Hay quienes sostienen que la democracia representativa está en crisis desde la misma Atenas, y que hoy no se justifica seguir con el mismo modelo, cuando parte de sus supuestos, como los altos costos de coordinación y las deficientes comunicaciones de la época, han sufrido profundas transformaciones en el transcurso del último siglo. Aún más, si en el tiempo de los griegos era la política -la polis- donde se coordinaba la sociedad, hoy es la información , y con ella las comunicaciones, quien cumple ese rol. Es evidente la influencia que hoy tienen las redes sociales, internet y las comunicaciones instantáneas en la vida de las personas, y también en el accionar de los gobiernos.
Pero como ha sido mostrado hace unas semanas en Magallanes y hoy en Egipto, no son las instituciones o la democracia las que están en crisis, sino, aun cuando resulte paradójico, la estructura piramidal del poder y las decisiones.
Si bien en nuestro país se sobreestima y se le da carácter de representativo lo que se comenta en twitter y facebook, ya hay ejemplos de su real influencia en las decisiones, como en el episodio Barrancones y lo ocurrido en la dirección de la Junji. Al mismo tiempo, y dado que la información fluye a bajo costo para los ciudadanos, se ha mostrado el gran poder y la facilidad con que los medios actuales permiten la organización y coordinación ante intereses comunes. Así, exigen ser escuchados sin intermediarios ni representantes, perdiendo peso la autoridad formal, aquella que deriva su poder basada solamente en el título de su cargo, y no en su virtud o capacidad.
Es quizá éste uno de los puntos centrales de por qué la Concertación perdió el rumbo y no ha sabido encontrarlo. El nuevo ejercicio del poder es menos maqueteado o envasado con manual de comunicación corporativa, sino que requiere de un mayor grado de flexibilidad para saber comprender y adaptarse a la "sabiduría popular", que dista mucho de gobernar a través de populismos y encuestas.
La Concertación se quedó en que la forma de solucionar y entender los problemas son los comités, los segundos pisos y los asesores estrellas. Así, han pasado de ser una marca que poseía contenido e ideas profundas, a una suma de intereses particulares, que aunque cambie el nombre, sigue vacío. La actual coalición de gobierno posee atisbos de repetir el mismo error.
Por otra parte, las instituciones no son más que las personas que las conforman, estando sujetas a un estándar moral más alto y exigible por la ciudadanía. En los tiempos de la transparencia, de wikileaks, de las grabaciones en audio y video permanentes, las autoridades deben ser y parecer sin excepción alguna. Un ejemplo de esto es el seguimiento segundo a segundo de las promesas y contenidos del programa de Gobierno, que hablan de una sociedad civil que quiere ver en sus representantes la pureza misma de las virtudes.
La democracia representativa entrará realmente en crisis si quienes debían buscar el bien común, renuncien a la opción de buscar la verdad, y terminen pensando que gobernar no es más que conseguir muchos followers y pocos blocks o unfollows.
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Posteado por: ignacio olaeta undabarrena 06/02/2011 11:47 [ N° 1 ] |
La democracia es un lujo que los chilenos solamente podemos mirar de lejos. |
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Posteado por: Felipe Andes Valdes 06/02/2011 18:23 [ N° 2 ] |
Se exagera la representatividad de un grupo de ociosos tuiteros o feisbukeros a un mero click. |
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Posteado por: Eduardo Bastias Herrera 07/02/2011 15:25 [ N° 3 ] |
La Concertación perdió su principal idea fuerza que era la recuperación de la democracia. Y no encuentra cómo levantar otra bandera que aglutine, en gran medida porque sus dirigencias están atrapadas en ejes ya superados. La actual falta -o la negación por parte de las dirigencias- de ideas fuerza transversales es lo que ha hecho anodina a la política chilena. Tal parece que la coalición que sea capaz de articular de verdad, con líderes creibles, un proyecto sólido que busque ampliar el ámbito de ejercicio de las autonomias personales, pudiese aglutinar las aspiraciones del dia. Sólo que esto cruza a las actuales dirigencias, resulta incómodo para el binominalismo y para los muy humanos repartos de poder. Por tanto, no se acepta, se niega. Falta el líder que tenga la potencia y el coraje para colocar el ejercicio más amplio de la libertad en el centro del debate. Lo de twitter y la rapidez o inmediatez de las reacciones a que alude el comentario, no pasa de ser un simple cambio en las formas y los plazos, quién busque en esto las claves, no penetra hacia el sentido profundo de los comportamientos políticos. |
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