Artículo
Domingo 11 de Septiembre de 2011
El Presidente Piñera y el ex canciller Fernández (DC) escriben sobre Valdés como amigo y político


"Un grande entre los grandes"

Gabriel Valdés fue un hombre que iluminó, ennobleció y humanizó nuestra democracia. Fue un hombre que amó y sirvió a su Patria con una brillantez, entusiasmo y pasión que le brotaban del alma. Gabriel Valdés estuvo presente y dejó su huella profunda en los momentos estelares de la historia de Chile de los últimos 50 años. Como canciller del Presidente Frei Montalva durante la década del 60. Como alto dirigente de las Naciones Unidas en los años 70. Como inspirador del Acuerdo Nacional, presidente de la Democracia Cristiana y forjador de la Alianza Democrática en la década de los 80. Como senador por su querida Región de Los Lagos y presidente del senado en los años 90. Y como embajador y permanente inspirador durante estos primeros años del siglo XXI.

Sin duda, Gabriel Valdés se comprometió en cuerpo y alma y dejó su huella en cada una de estas misiones. Dios fue generoso al dotarlo de múltiples talentos. Y él lejos de enterrarlos bajo la tierra los hizo florecer y dar frutos fecundos.

Fue valiente cuando no era fácil y había que ser valiente. Y alzó su voz, cuando muchos otros callaron, en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos. Él decía que luchar por la libertad era "luchar por un Chile justo, en marcha, moderno, alegre, sin venganza y humillaciones para nadie. Un Chile unido". Afirmaba que la libertad era la más noble tarea del hombre. ¡Y vaya que tenía razón!

De firmes convicciones y apasionado carácter, fue un hombre noble y justo, que siempre respetaba a sus adversarios y buscaba los caminos del diálogo y los acuerdos.

Tenía la misma gracia para compartir con interés y simpatía con los más altos líderes del mundo, entre ellos, la Reina de Inglaterra, Kennedy y De Gaulle, y con los hombres y mujeres sencillos que se le acercaban en la Costanera de su adorada Valdivia.

Fue un hombre generoso y acogedor con los que necesitaban su ayuda o pedían su consejo. Y de esto, doy testimonio personal.

También fue un hombre de alma fina, noble y sensible, capaz de emocionarse frente al dolor ajeno, rebelarse ante la injusticia, asombrarse con la belleza, emocionarse con la naturaleza humana y encontrar siempre el justo equilibrio entre la ética y la estética.

En definitiva, fue un hombre admirable, querible y por sobre todo un luchador, que supo escoger muy bien las causas por las cuales luchó, siempre inspiradas en sus valores cristianos.

Tuve el privilegio de conocerlo siendo muy niño. Fue un leal y generoso amigo de mis padres. Recuerdo su brillantez e imaginación desbordantes en las tertulias en mi casa y sus viajes a Nueva York, como canciller, cuando mi padre era embajador ante Naciones Unidas. Por eso siempre digo que una de las mejores herencias de nuestros padres fueron los amigos que nos legaron.

Después nos tocó reencontrarnos en el Senado, en esos maravillosos y épicos días cuando Chile recuperaba su democracia perdida. Me trataba con mucho cariño y deferencia. Pero cuando discrepaba o se enojaba, intencionalmente, y ejerciendo la autoridad paterna, daba la palabra al senador "José Piñera", para que el recuerdo de mi padre acercara las posiciones. Siempre lo consideré como un verdadero padre espiritual.

Recuerdo también esas largas y entretenidas sobremesas en nuestros viajes por el mundo o en su isla de Valdivia, donde nos hacía partícipes, con ingenio y talento, de sus historias y anécdotas, tan entretenidas como numerosas.

Una mañana cristalina y de sol luminoso, siguiendo un impulso, lo invité a dar una vuelta en helicóptero por los cielos de Santiago. Como buen scout, y a pesar de sus 90 años, aceptó de inmediato. Por horas recorrimos los barrios y rincones de Santiago, hasta que llegamos a la Chacra Subercaseaux, donde con emoción me contó lo que su madre Blanca había significado para él. Sólo cuando aterrizamos me preguntó si tenía licencia de piloto.

Cuando partió a Italia como embajador, mis tíos y hermanos le hicimos una comida para celebrarlo. Pero él, con esa nobleza que lo caracterizaba, nos dejó muy en claro que el único sentido de este encuentro era hablar "de la grandeza, simpatía y bondad de José Piñera Carvallo". ¡Así era Gabriel Valdés!

Formó una maravillosa familia. Primero junto a sus padres y cuatro hermanos. Luego, junto a Silvia, su amor, su amiga, compañera y mujer de toda una vida, y sus hijos y nietos, que eran los únicos que lograban "domarlo". Tuvo sin duda una vida plena, fecunda y feliz. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Pero igual nos hará falta y lo vamos a echar de menos.

A Gabriel Valdés le gustaba dar "gracias a la vida que le había dado tanto". Hoy, somos nosotros los que le damos las gracias a Gabriel Valdés por lo mucho que dio a su familia, a sus amigos, a la cultura, a la democracia y a nuestra Patria.

Quiero terminar estas palabras pidiéndole a Dios consuelo para su familia y amigos, acogimiento para su alma y descanso para el luchador, que en esta vida nunca descansó.

"Se ha marchado un chileno excepcional"

Me he enterado del fallecimiento de don Gabriel hace algunos momentos. Me encuentro en un aeropuerto intentando llegar a su funeral. Leo numerosos mensajes y homenajes a la hora de su despedida. Alguien ha dicho en estos días: "lo verdaderamente valioso ha sido toda su vida". Lo comparto plenamente, se ha producido la unanimidad: Todos estamos de acuerdo en que se ha marchado un chileno excepcional que ingresa con la frente en alto a la historia de Chile, a la de la integración latinoamericana y a la de la democracia global en su versión más cultural.

Mas allá de ello, su figura patriarcal y su talla moral me convocan atropelladamente a numerosos instantes de la larga vida que muchos hemos compartido con él y su familia: El diario La Libertad, la Democracia Cristiana; los brillantes años como canciller; el oscuro período nacional en que destacaba en las Naciones Unidas; el regreso y la creación del Centro de Estudios del Desarrollo (CED); la lucha contra el abuso y la arbitrariedad; el esfuerzo por la unión de los adversarios de ayer; las definiciones fundamentales para el fin de la dictadura y su protagonismo en el triunfo democrático; su largo y deslumbrante lapso como presidente del Senado; la vuelta a las relaciones exteriores, con la entrañable, antigua y secreta aspiración de volver a la Roma de su infancia convertido en embajador de Chile. Se mezclan los recuerdos con las emociones; las vivencias con la anécdotas; la plenitud con las desilusiones; y siempre la visión cultural de la vida, la política, la sociedad.

Mucho se ha hablado del Presidente que debió ser y no fue. Dejémosles ese capítulo a los vaivenes y avatares de la vida pública. Pensemos más bien en aquellos valores que encarnó de manera irrefutable: La limpieza en los métodos, la inteligencia orientada siempre al futuro, el desconocimiento completo de la pequeñez y la vulgaridad, la generosidad serena después de la pasión, el cultivo y admiración por las ideas y los pensadores, el estímulo a la creación y los creadores, la admiración genuina por la gente sencilla y, nuevamente, la fina y cultural apreciación de los fenómenos sociales, la política en primer lugar.

Dedico estos momentos enteramente a recordar la vida que mantuve en sus cercanías, cobijado bajo su frondosa sombra intelectual y ética. Me invaden sensaciones, memorias del accionar, del pensar a Chile que fue siempre el eje de su pasión política y de su amor a la Patria. Su paso por nuestras vidas ha dejado y deja una estela limpia y gigantesca, una huella indeleble y profunda, un trazo notable como la expresión de un maestro del arte.

Y qué decir de su pasión por América Latina, quizás reflejada de manera evidente en aquella frase de Enrique Iglesias en que lo reconoce como el hombre público "que más ha hecho por la integración latinoamericana", con la pasión y sabiduría con que, simultáneamente, luchó por la grandeza, progreso y justicia en su propia patria chilena.

Estas palabras intentan resumir desordenadamente la gran admiración y amistad que profesé por don Gabriel en el más de medio siglo que seguí sus pasos largos, sólidos, marcando ruta, estimulando a los jóvenes, disfrutando la vida en sus expresiones cotidianas, marcando de manera diáfana su pensamiento y sus visiones.

Se ha marchado un hombre admirable, de gran envergadura moral y política, y se mantendrá su figura como una bella fuente de inspiración para quienes aman a Chile y están disponibles para contribuir a su grandeza y con ello hacer de nuestra America Latina una patria compartida que siempre fue el eje de sus esfuerzos allende nuestras fronteras.

Su legado fundamental, más allá de su impronta humanista cristiana indiscutible y, por lo tanto, de su compromiso con una "patria para todos", en las expresiones de Jaime Castillo o de "una patria libre para cada uno y justa para todos" , en la interpretación de Albert Camus, se refiere de manera evidente al estilo de hacer política y de llevar adelante la vida pública, con elegancia intelectual, severidad en los valores, vocación de servicio a los débiles, reconocimiento del arte y la cultura como manifestaciones estelares del humanismo e incansable búsqueda de los acuerdos como primer instrumento para los avances en el desarrollo, el crecimiento y la solidaridad.

Mirado desde la distancia generacional y conocida su trayectoria, es probable, don Gabriel, que lo interpreten profundamente estos versos entrañables del poeta Juan Guzmán Cruchaga, también amigo suyo:

Doy por ganado todo lo perdido/ y por ya recibido todo lo esperado/ y por vivido todo lo soñado/ y por soñado todo lo vivido

Nuestro mayor homenaje es seguir su ruta, poniéndola al día con nuevos pensamientos y acciones, pero, tal como usted nos enseñó, manteniendo la vista en alto y hacia el horizonte. Don Gabriel, gracias por todo.

0 Comentarios publicados
Email Contraseña

Archivo

      Mayo 2012     
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Los más comentados

El generalato y la CNI

668 comentarios

Labbé y la educación

429 comentarios

Los obispos y el abuso sexual

406 comentarios

La profanación de Jaime Guzmán

390 comentarios

Blanquear al verdugo

371 comentarios

Los archivos del cardenal

353 comentarios

Ximena Ossandón

351 comentarios

Los más recientes

La vida en comunidad

2 comentarios

Las dos almas de Renovación

15 comentarios

El tamaño importa

9 comentarios

Las razones del PC para arriesgar el capital político de Camila Vallejo

26 comentarios

La fe después de Karadima

91 comentarios

Blanquear al verdugo

355 comentarios

"El electorado mostró que está dispuesto a hacer sacrificios ante la grave situación del país"

21 comentarios



  • Blogs de Revistas
Acceso a ediciòn impresa de El Mercurio Noticias online en Emol.com