Hace 53 años, Isaiah Berlin pronunció en Oxford un discurso que se ha transformado en una de las miradas más intuitivas y profundas sobre el poder y su justificación en las sociedades modernas. Se trata de "Dos conceptos de libertad".
Berlin dice que habría un concepto "positivo" de la libertad y uno "negativo". El primero se pregunta por el control que efectivamente una persona tiene sobre sí misma y sus potencialidades. El segundo, en cambio, se pregunta por el ámbito en el cual una persona no es interferida por otra. Así, por ejemplo, un prisionero podría tener libertad positiva en la medida en que, no obstante su prisión, él es el verdadero amo y señor de su cuerpo y de su mente. Pero no tendría libertad negativa.
A la inversa, una persona que no está en la cárcel tiene libertad negativa de movimiento. Sin embargo, podría no tener libertad positiva si su personalidad es la de un viajero, pero es pobre y no puede viajar. La libertad positiva, advierte Berlin, es más cercana a la igualdad que la libertad negativa.
Junto con desarrollar estos conceptos de libertad, Berlin advierte contra los pensadores y doctrinas que olvidan la incesante pugna que en las sociedades hay sobre los fines de la vida, suponiendo una especie de paraíso donde todos se armonizan y conviven al amparo de una idea básica. Esta sería una utopía políticamente peligrosa, porque conlleva el riesgo de una concentración de poder en la que la primera víctima es la libertad negativa.
El discurso de Berlin parece tener una resonancia especial hoy en Chile. El explicable y justificado interés público por la educación y sus mejoras parece haber devenido en un monopolio de todas las preocupaciones. A veces pareciera que fueran la educación y la igualdad con la que se la asocia, ese paraíso utópico en el que se hermanan los diversos fines que entre sí pugnan en una sociedad compleja.
Y en la búsqueda de ese paraíso, la libertad negativa va pasando al olvido. Así, por ejemplo, al demonizar el "lucro" en la educación -esa nueva beatería- se coarta la libertad negativa para enseñar y aprender. Ojalá esto sea algo pasajero, y no una tendencia de largo plazo. Son muchos los desafíos políticos que se pueden enfrentar mejor desde el valor de la libertad negativa, y no desde la libertad positiva y su prima hermana la igualdad. Esto es, enfrentarlos desde el valor que hay en un radio sin interferencias por parte de la comunidad política organizada como Estado.
Un ejemplo está ahora en el Congreso: el proyecto que despenaliza distintas formas de aborto y que, en algún sentido, vuelve al estado de cosas vigente en Chile sobre la materia hasta 1989. Para justificar ese proyecto no sirven la libertad positiva ni la igualdad. Es la libertad negativa la que nos recomienda depositar en la madre -y no en el Estado- la decisión sobre su embarazo.
Por esto, en medio del pensamiento utópico que a ratos parece apoderarse monotemáticamente de todo, vale la pena volver a Berlin.
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Posteado por: manola pérez gonzález 05/11/2011 11:01 [ N° 1 ] |
podría, por favor, extender el análisis a los seres humanos en gestación? |
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Posteado por: Carlos Ignacio Salas Soto 05/11/2011 17:42 [ N° 2 ] |
Se da el caso en que copulativamente se demoniza el orden político de una inscripción automática con voto obligatorio (libertad negativa), y divinizar el control individual sobre el ejercicio del acto de votar (libertad positiva). El argumento de base usado en contra de lo demonizado, que el aumento de la primera va en desmedro de la otra, es tanto verdadero como falso, en un contexto intertemporal de medios y fines. Se argumenta que si en t=0 no se vota se es más libre, excluyendo en el argumento que en t=1..,2,…, otros podrán coartar la libertad negativa de educarse, y que dicha libertad tendrá un costo equivalente a la tasa de interés del préstamo; y que si no llegase a pagarse el préstamo, la pérdida será externalizada (transferida) al estado. No vote y pague, ya estamos en el paraíso. |
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Posteado por: Carlos Ignacio Salas Soto 05/11/2011 19:25 [ N° 3 ] |
Las tesis de Isaiah Berlin, se comprenden en su plenitud, en el contexto de la doctrina Aristotélica y de la democracia griega, en la que los hombres libres eligen (libertad positiva) a sus gobernantes, a diferencia de los esclavos quienes podían participar en otras actividades limitadas por los gobernantes (libertad negativa). El discurso del 31 October 1958, adquiere mayor significado, al integrarse con su posición de pluralismo valórico de que los valores incompatibles pueden coexistir estando en conflicto entre ellos, incluida la noción de inconmensurabilidad entre ellos, en el sentido que no existe un orden de prioridad objetiva entre ellos; lo que en términos de la lógica, se define como una moral de preferencias y no de cálculos. En el plano político es una posición alternativa tanto a los relativismos y totalitarismos; tanto en cuanto el primero es un totalitarismo de cada individualismo, y el segundo es una doctrina en que un grupo concibe sus preferencias como una moral objetiva. Llevado a la vida real, la vida de un ser humano en gestación y la vida de su madre, no son conmesurables, por tanto no son objeto de cálculo moral objetivo, sino de las preferencias expresadas en reglas para el ejercicio de las libertades, definidas por cada comunidad o cultura; hasta el límite en que hay violación de los derechos fundamentales de la vida. En chileno simple tratar de salvar la vida tanto de la madre como de la criatura, lo que excluye el aborto, pero no extraer la criatura y prestarle, -dentro de lo posible-, los cuidados que todo ser viviente merezca. En muchas oportunidades, la dura realidad define "dentro de lo posible", si la criatura es beneficiaria de ISAPRE, FONASA, o indigente, y ése es el primer (quizás último) encuentro de la criatura con la "prima hermana" de la libertad; la igualdad. |
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Posteado por: Nora María Kaufmann Johnson 06/11/2011 12:46 [ N° 4 ] |
Carlos Salas Nºs 2,3. Muy de acuerdo con usted, si es que lo entendí bien porque yo no soy filósofa. La moral objetiva generalizada es la que nos está faltando en el mundo de hoy con respecto al aborto y el Estado no debiera inmiscuirse ya que básicamente su interés son los cálculos, cuánto cuesta esto o aquello en tales o cuáles circunstancias. La libertad humana prima hermana de la igualdad, todavía nos permite no votar, por eso es tan importante que el voto sea voluntario o no, pero no se ha definido. Pero, hasta que punto NO VOTAR en cualquier elección que se avecine influiría en las decisiones políticas que hasta ahora no favorecen los DERECHOS ciudadanos ante la obligación de PAGAR. Mi pregunta es, si la Constitución de Chile establece un mínimo de votación ciudadana para que la elección sea válida o da lo mismo si votan 100.000 o 5 millones de personas. |
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