Fuerte polémica causó el cambio, al parecer ya frustrado, de la palabra “dictadura” por la de “régimen militar” en el enunciado del objetivo educacional para la enseñanza básica. El ministro del ramo terminó por anunciar la revisión de la medida. La discutida expresión, no es, sin embargo, lo que más debiera preocupar a la política acerca del objetivo educacional cuestionado.
Partamos por el cambio. ¿Importaba? Las palabras constituyen cultura y el lenguaje oficial incide en ella. También importa, y mucho, lo que se hizo y se haga desde el Estado por develar y condenar las violaciones a los derechos humanos. Ello resulta decisivo a la hora de construir convicción colectiva que los condene, y ese repudio social es la barrera más poderosa para asegurarnos que no vuelvan a ocurrirnos.
Con todo, nadie puede seriamente creer que el lenguaje con que aluda a ese período el objetivo ministerial cambiará lo que se haga en la sala de clases. Sin la polémica, probablemente ningún educador habría advertido y menos cambiado su enfoque o lenguaje por el hecho que el objetivo diga dictadura o régimen. El repudio a las violaciones a los derechos humanos, que la palabra dictadura simboliza con más intensidad, afortunadamente se instala ya al margen de los programas ministeriales oficiales, dentro y fuera de las salas de clases.
A pesar de ello, antes del anuncio de retractación, la polémica alcanzó niveles intensos, develando hasta qué punto la política suele creer que participa en el debate con más poder que el que en verdad posee para construir o cambiar las convicciones que se nos instalan en la memoria. Con todo, el riesgo mayor de la política no es la falsa ilusión acerca de su capacidad de incidir en la cultura, sino que eluda los desafíos actuales en que resulta irremplazable; finalmente esa es la falla política de hace años que terminó originando el actual debate semántico.
El polémico objetivo educacional, además de nombrar a la dictadura con ése o con el título de régimen, se propone también enseñar a los niños de básica “el proceso de recuperación de la democracia a fines del siglo XX, … y el consenso actual con respecto al valor de la democracia”. Sobre el logro de este último objetivo, la política sí que es la principal responsable.
¿Cuánto cuesta hoy a los profesores lograr que los niños comprendan el “consenso actual acerca del valor de la democracia”? ¿Por qué se hace difícil?
Imagino que en las aulas no resulta difícil a los profesores valorar la democracia en cuanto ella asegura una sociedad respetuosa de derechos y libertades. Esa faceta de la democracia tiene alta estimación social, así que explicar y reforzar el consenso a su respecto no debe ser tan arduo.
Algo más complejo ha de resultar explicar que la democracia es, ante todo, un mecanismo para debatir y resolver las divergencias colectivas de un modo que, combinando la representación y la participación, respeta la igual dignidad de todos.
Difícil debe resultar esta tarea cuando la democracia que tenemos es casi pura (y mala) representación y las calles dicen que la legitimidad radica no en la representación, sino en la intensidad y heroísmo de los deseos de quienes participan. ¿Cómo explicar hoy el valor de las formas del debate democrático? ¿Cuál de ellos es el valorado consenso que debe ser explicado?
Pero donde la cosa debe ponérsele cuesta arriba a los pobres docentes es cuando el Estado les pide intentar explicar un supuesto consenso con la actual democracia. Aunque la educación formal incorporara muchas horas de educación cívica, no lograría formar en los niños lo que estos no perciben en su vida diaria. Del logro de este esencial objetivo educacional sí que es responsable la política y sólo ella puede acometer la tarea de facilitar la formación democrática de las nuevas generaciones.
Para lograrlo, no le queda otra que reconstruir un consenso que valore una particular democracia. De ello sí que responderá la actual política ante los futuros libros de historia
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Posteado por: Arturo Montes Larrain 07/01/2012 11:51 [ N° 1 ] |
"Régimen militar" implica que nu hubo civiles involucrados en la dictadura, lo cual es falso, y que en cambio los militares estuvieron todos involucrados en ella, lo cual también es falso. El problema no es pues de puro léxico sino de inexactitud histórica. ¿Estoy sesgando la realidad? No veo dónde. Que se me lo diga. Siendo convencido, corregiré mi observación. Sin serlo, la daré por validada. Es verdad, "dictadura" suena feo. Mas ¿era bonito, bondadoso, sabio, eso? |
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