Aldo Cerda
Gerente Área Bosques
Industria, Construcción
y Servicios Sustentables
Fundación Chile
Los precios de madera de eucalyptus en Chile están fuertemente determinados por el retorno alternativo de exportación de astillas a Japón. Con 2,4 millones de toneladas secas (BDMT) enviadas el año 2008, Chile es el segundo exportador a nivel mundial, representando cerca del 19% de la demanda. Aun cuando los clientes japoneses buscan mantener cierta estabilidad en la oferta, los cambios que se avecinan son de magnitud considerable.
En primer lugar, la oferta de madera de Australia (el principal exportador) se triplicará en este quinquenio, consecuencia de un agresivo plan de forestación que se deriva de un exitoso programa de crédito tributario. En segundo lugar, la devaluación del dólar australiano respecto del norteamericano abarata su oferta de madera en un 35%, pues los contratos fueron fijados en moneda local. Adicionalmente, la logística de transporte marítimo favorece a Australia en al menos un 50% en relación a Chile.
Lo anterior, unido al hecho de que la fibra de las plantaciones existentes no puede acceder a créditos de carbono MDL en caso de alimentar el abastecimiento de plantas de energía, significará un abaratamiento de la madera que ya se ha percibido en el mercado.
Precios más bajos resienten en forma inmediata la tasa de forestación. Sin embargo, existen otros elementos en juego.
Acaba de publicarse la nueva tabla de costos de plantación de Conaf que incrementa el subsidio en un 20% respecto al anterior en virtud del potencial de generación de empleo contracíclico de la actividad forestadora. Asimismo, mayor disponibilidad de fibra en Chile viabiliza la expansión de la capacidad instalada de celulosa y esta crisis servirá para consolidar la oferta en el hemisferio Sur (Indonesia, Brasil, Chile y Uruguay). Adicionalmente, los nuevos precios de licitaciones eléctricas –basadas en el costo marginal de generación de carbón–, más el castigo si no se verifican los porcentajes de generación a partir de ERNC, le permiten a la biomasa poner un "piso" (aún sin créditos de carbono exclusivos del manejo de bosque nativo, los residuos o las plantaciones dendroenergéticas dedicadas) al precio de la madera, que está por encima de los valores actuales.
En síntesis: los activos forestales no son sólo madereros, sino crecientemente energéticos y por ende escasos. Esta nueva demanda, si es proveída de forma sustentable, cambiará el mapa de conservación y uso de los bosques y los territorios en las próximas décadas.
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