Aldo Cerda
Gerente Bosques, Industrias, Construcción y Servicios Sustentables
Fundación Chile
En países como Brasil es común ver obras de albañilería donde los ladrillos se montan en líneas rectas y dispuestos de canto. Como es de esperar, la resistencia de estas construcciones es muy débil. Sin embargo, ¿se puede culpar al material de un deficiente modelo constructivo a la hora de evaluar las bondades del mismo? La misma analogía es válida respecto a la madera y el rechazo de la comunidad de Llico a las mediaguas de Un Techo para Chile para el comienzo de las obras de reconstrucción post–terremoto. Más que rechazar en sí misma a la madera –un sesgo de la época colonial derivada de la falta de cultura en construcción en este material en España–, lo que existe es el rechazo a una forma de soluciones temporales que siempre terminan transformándose en permanentes, y donde adicionalmente el sistema constructivo es inadecuado.
En el hemisferio norte (EE.UU., Canadá, Japón y Escandinavia, entre otros), la construcción intensiva en madera no sólo es masiva –más del 80% del uso residencial–, sino un sinónimo de alta calidad, resistencia sísmica, eficiencia energética –ahorros de más del 40% respecto a otras materialidades–, resistencia al fuego –a diferencia del acero, cuando se la combina con materiales adecuados en el sistema constructivo, se carboniza superficialmente, pero nunca colapsa–, carbon footprint reducido y durabilidad. ¿No es el terremoto una ocasión única para que los programas de reconstrucción de las VII, VIII y IX regiones sean intensivos en sistemas constructivos modernos, intensivos en madera, gatillando de paso una demanda que recupere rápidamente la producción de los atribulados aserraderos de la zona? ¿No es acaso una oportunidad espléndida de soñar con ciudades sustentables, no sólo desde la dimensión urbana, sino también de la materialidad predominante?
El terremoto también nos permite replantearnos la situación de respaldo de los sistemas energéticos. Una de las grandes ventajas de las energías renovables no convencionales (ERNC) radica en su inserción no invasiva a la geografía de las economías locales. En este ámbito la madera compite con amplia ventaja en usos térmicos frente al diésel y puede ser también competitiva en la generación eléctrica si las nuevas autoridades deciden liberar las restricciones a la masificación del co–firing –quema conjunta de carbón y biomasa– como alternativa válida de generación ERNC –la opción favorita de Europa no se favorece en Chile sólo por el lobby de otras energías alternativas.
Adicionalmente, el co–firing dispararía una demanda sustentable de biomasa proveniente de manejo de bosque nativo que a su vez garantizaría la conservación de este patrimonio, amenazado por el cambio de uso del suelo por actividades agrícolas marginales. Como si fuera poco, en febrero las Naciones Unidas validaron esta opción en Chile como fuente generadora de “créditos de carbono” bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio. Sólo Chile podría farrearse una opción de tan alto potencial de encadenamiento productivo, costo eficiencia y descarbonización de la matriz energética. Nuestras esperanzas con las nuevas autoridades son, por tanto, inmensas.
Finalmente, cabe recordar que EE.UU. y China, los mayores contribuyentes de gases efecto invernadero, consideran el uso de planes de reforestación como forma de reducir sus emisiones: ¿Por qué no emular en Chile esas políticas con un DL701 renovado, con énfasis en plantaciones dendroenergéticas certificadas y con potencial para reducir en más de un 50% las emisiones al 2020? Tal como señala The Economist ral respecto: “money really does grow on trees”.
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Posteado por: rodrigo gonzález fernández 16/03/2010 10:28 [ N° 1 ] |
Chile es un país de cultura Forestal. |
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