Aldo Cerda
Gerente Área Forestal y EcoNegocios
Fundación Chile
En los últimos veinte años ha sido reiterativo concebir a las certificaciones como un costo adicional que cada cierto tiempo nuestra competencia foránea favorece con formas nuevas para dificultar nuestro posicionamiento exportador.
A pesar de compartir esa interpretación por cierto tiempo, quisiera proponer una visión distinta en tres frentes. En primer lugar, no es viable que la demanda por una certificación específica esté presente si no existe un correlato entre su exigencia y una preocupación efectiva de los mercados de destino. La pregunta es entonces si nuestra oferta productiva se ajusta adecuadamente a las nuevas preocupaciones de los consumidores y cadenas de comercialización. En segundo lugar, está la evolución del mercado doméstico hacia estos temas y la pregunta es cómo su creciente sofisticación se traducirá en requerimientos nuevos a los productores nacionales. Finalmente, cabe preguntarse si Chile no puede aspirar a levantar por sí mismo ciertas temáticas de certificación en el mercado internacional que eleven el valor de su portfolio exportador y/o afecte la competitividad de sus competidores.
En relación a los nuevos requerimientos de los sistemas de certificación, tomemos como caso base el sector donde éstos se han desarrollado más profundamente: el sector forestal. Hace veinte años confiábamos en que la masiva inversión en tecnología de última generación, desde la cosecha a la producción de celulosa, posicionaría a la industria chilena a la vanguardia mundial. Craso error, eso era sólo el comienzo. Nos costó casi una década entender que nuestro quehacer tiene elementos emocionales intensos para la sociedad; que las comunidades indígenas debían ser incorporadas activamente dentro del desarrollo sectorial; o que existe una demanda internacional sensible tanto en lo referido a la productividad de largo plazo de nuestros cultivos, como de la forma en cómo cuidamos nuestra biodiversidad local. Y tomó otra década desarrollar sistemas de certificación de sustentabilidad forestal que incorporaran a todos los stakeholders relevantes, que fueran reconocidos internacionalmente por sus altas exigencias y que permeara mucho más allá del bosque.
Hoy, desde revistas a papeles de envolver, desde catálogos a chequeras, van con nuestro sello de certificación y nos demandan de otros países de América Latina para volver a escribir la historia que nos tomó años desarrollar. ¿Importa si existen dos o tres sellos internacionales de importancia? Yo creo que no. El 90% de los bosques en el mundo (y una cifra similar en Chile) no están certificados: ese es uno de los desafíos pendientes, desde el belloto del Norte al Coihue de Magallanes, no la participación de mercado de sobre el 10% certificado. El otro es viabilizar dentro de los sistemas de certificación una forma específica de fair trade que premie la producción proveniente del trabajo en unidades económicas más pequeñas, especialmente si involucran etnias en su cadena de valor.
La demanda que se tendrá por estos sistemas a nivel de mercado doméstico es inminente y será liderada por el retail, ya que acotado en el espacio de crecimiento de Chile, Perú o Colombia, será inevitable que busque consolidarse en mercados de mayor tamaño como Brasil o México. Las credenciales de sustentabilidad en estos lugares les permitirá a nuestros champions construir una historia diferenciada de su competencia local, o de jugadores internacionales como Walmart o Casino que han hecho de este issue uno crítico de competitividad. No menos importante resulta mencionar que nuestros estudios de campo muestran que existe una demanda interna en Chile que valora crecientemente los atributos “verdes” de los productos y que corresponde al segmento más valorado de los estrategas del posicionamiento.
Finalmente, imaginemos una estrategia chilena de clase mundial. Hemos constatado el impacto en eventos singulares como cuando el Pabellón chileno en ExpoShanghai fue el primero carbono neutral de la muestra. Imaginemos paltas que desplazan a su competencia mexicana porque los sistemas de certificación construidos ad hoc le demuestran a los retailers de California que en Michoacán la superficie plantada crece extensamente a partir de quema de bosques naturales –trabajamos tres años in situ y las humaredas eran la postal habitual en el descenso de los aviones-. Imaginemos vinos que barren a su competencia australiana por su mejor performance en gestión de los recursos hídricos medida a través de la huella del agua o de la sudafricana porque el uso de postes en los viñedos proviene exclusivamente de material termotratado y no impregnado con CCA. Imaginemos salmones que vuelan con sus emisiones neutralizadas a destino, con certificaciones que aseguren inclusividad social en las zonas donde fueron producidos, con atributos nutricionales certificados y con el respaldo de ONGs tanto en casa como en destino. Chile tiene marca para eso. Como decía Lawrence de Arabia respecto a tomar por sorpresa Aqaba: “… is over there. It is just a matter of going”.
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Posteado por: VIVIAN GROSSMAN ROITBURD 02/08/2010 12:04 [ N° 1 ] |
Mientras se sigan construyendo fábricas - de todo tipo-, termoelectricas, etc, y luego encontrarse que no cumplen normas mínimas, y bueno, arreglemos la carga en el camino o vendamos las famosas cuotas, NUNCA seremos un país verde. |
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Posteado por: rodrigo gonzález fernández 02/08/2010 12:17 [ N° 2 ] |
Muy buen articulo de Aldo Cerda. |
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Posteado por: Bernardita Mancilla Vigneaux 02/08/2010 14:21 [ N° 3 ] |
Soy agrónoma y me parece excelente y muy acertivo el blog de Aldo Cerda. Tantas veces que sólo vemos lo que ya hay, o importamos tecnología, sin privilegiar la capacidad neuronal local. Primer paso: imaginar; segundo paso: actuar. Muchos jóvenes como yo sentimos que hoy es el momento de hacer, lo que incluso nuestros padres no alcanzaron a soñar. |
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Posteado por: denk besser zweimalnach 02/08/2010 19:22 [ N° 4 ] |
Aldo, en chile las cosas se han hecho a medias, es un error historico, pero real. chile trae una tecnologia de punta, de vanguardia pero la mentalidad es aun del siglo 18. Las certificaciones por un lado, no son solo papeles que permiten adentrar en el mercado internacional, por el otro lado significa el respeto para con la naturaleza y medio ambiente, las comunidades nativas, y la lista e va alargando en un sin fin de valores y gestos que muchos durante siglos no respetaron, sin embargo, ahora es necesario e imperativo que se vaya mucho mas alla de lo que la comunidad local e internacional espera. El problema, sintomatico que veo en la comunidad empresarial y del gobierno en chile (sea de derecha o izquierda), es que una gran mayoria no tiene idea de respeto humano, pela naturaleza y mucho menos de como posicionarse de forma equilibrada en relacion de estrategia de mercado y de futuro. Desgraciadamente el lucro viene antes, la codicia y el desrespeto son evidentes en chile, no voy a referirme a otros paises ni en el sentido poitivo, ni negativo. Por ejemplo, Si un dia Uds vienen al sur, a punta arenas, a tierra del fuego, aysen, etc veran que el desrespeto institucional de grandes empresas y esta evidente en todos los lugares para quien quiere ver, bolsas plasticas de supermercados. Los supermercados saben del problema pero cierran sus puertas para el progreso y para el respeto. lo mismo ocurre con los bosques en una analogia, las certificaciones son TODAS NECESARIAS y digo mas... hay que ir mas alla de lo esperado. |
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Posteado por: roberto greenhill 02/08/2010 21:36 [ N° 5 ] |
Es preferible hacer las cosas bien, por convicción, que seguir jugando al monito mayor. |
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