Me acaba de pasar: cruzaba Panamá con destino a Bocas del Toro y en David –una ciudad de la que nunca antes había oído hablar–, un señor en un bar, mientras vaciaba su roncola, me dijo que tenía que ir sí o sí a Chiriquí, el sitio donde según él estaban las mejores playas de Centroamérica. Y eso, se sabe, no es poco.
Jamás olvidaré a Christian, el señor de la barra. Decidí hacerle caso. Y, lo que en un minuto no pretendía ser más que un stop over rasca, de terminal de bus, de pronto se transformó en uno de los viajes más lindos de mi vida.
Cuento corto: Chiriquí tiene todo lo que no ofrecen las guías de viaje. Chiriquí apenas está reseñado en Lonely Planet, Fodor’s o Moon. Eso porque Chiriquí es una región turística no turística, digamos que más o menos virgen, aún no abierta a la invasión de chalas, mochilas, música a todo chancho y sprays antimosquitos, o sea toda la basura gringa que suele consolidarse cuando un lugar se pone in.
Me explico: si Bocas del Toro es el infierno, a estas alturas un destino absolutamente evitable, Chiriquí es el paraíso que presagian los colibríes que aparecen en la primera parte del camino. Les cuento cómo se llega: David está a unas cinco horas en bus desde Ciudad de Panamá, la capital. Luego hay que bajar una media hora. Y, finalmente, hay que internarse en taxi, por un camino de tierra, unos veinte minutos más. Es entonces cuando aparece Boca Chica, un pueblo chico, pero bonito, tipo Los Choros, Cuarta Región/Chile, el lugar desde donde parten los botes que atracan en cualquiera de las islas del desmembrado litoral.
¿Y Usted dónde va?, recuerdo que me dijo el señor del taxi bote en cuanto me vio aparecer. No tengo la menor idea, le respondí. El señor sonrió. Luego dijo: yo lo llevaré a un hotel bueno y barato. Y así fue. Sin mediar plan alguno, de pronto estaba tomando mi primer rum punch en el que debe ser uno de los cinco mejores bed and breakfast de America Latina. En serio. Top 2 o Top 3. Me refiero al hotel de Frank, un tosco rubio que cambió los Alpes por la costa pacífica de Panamá. El resto del encanto está en el clima: en Chiriquí no hace demasiado calor. Chiriquí es el Trópico idealizado: o sea tiene todo lo bueno, pero no lo malo. Cero basura. Mucho silencio.
Último dato: las islas secas, un cúmulo de islotes repletos de palmeras y hermosas playas, todas con un snorkeling de antología. Sólo he querido hablar de Chiriquí como un ejemplo de eso que pasa normalmente. Eso de que las cosas buenas nunca aparecen donde uno lo ha planeado sino que –parece regla– en esas extrañas paradas, que siempre miras con desdén. Okey: tal vez haya algo de intuición. Uno viaja con un norte. Está el stop over. Uno lo aprovecha. Y pasa que te sorprende.
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Posteado por: Gonzalo Salinas Gacitúa 17/02/2008 15:15 [ N° 1 ] |
Muy buena columna, se hechaban de menos las columnas de sergio paz, más aún si no escribió en el wikén. Saludos. |
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Posteado por: Ron Head 1 20/02/2008 11:34 [ N° 2 ] |
al fin leo un buen comentario, por que los pasados saludos |
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Posteado por: Juan Queirolo P. 03/03/2008 11:21 [ N° 3 ] |
,Stop Over (for two years) Acabo de leer su artículo sobre Chiriqui y me permitiré agregar algunos detalles por mi vividos. |
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Posteado por: Juan Queirolo P. 03/03/2008 11:25 [ N° 4 ] |
En Bocas del Toro, solo había una muy rudimentaria cancha de aterrizaje con una caseta en su costado dedicada al control aéreo, En la ciudad había un Hotel, donde si se comía muy barato preciosas langostas y otra exquisiteces acompañadas por cerveza por 4 dólares, y muy pocas casas El mayor problema era la soledad. Fuera de algunos ejecutivos de las Bananeras no había nadie más con quien conversar. Los días transcurrían muy lentamente. Peor era Almirante un bello puerto de aguas muy tranquilas pero allí debí realizar mis controles y luego dedicarme a la pesca y a dormir, el lenguaje creo se llama Guariguari o creoele?, o algo parecido que es una mezcla de ingles, francés , castellano y nativo todo muy mal pronunciado e inentendible. No seguiré describiendo la zona y me remitiré a Chiriqui. |
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Posteado por: Juan Queirolo P. 03/03/2008 11:26 [ N° 5 ] |
lo mismo que un zapatero de un pequeño pueblo del valle central de chile, quien trabajaba duro en la selva juntando dinero para poder regresarse, caída la dictadura. Tampoco puedo olvidar 2 enfermeras chilenas que laboraban en el recien inagurado Hospital de Chiriqui. Una regreso y la otra emigro a Italia. El esposo de una chilena, ing. civil hidraulico de la U. de Chile era el encargado de la construccion de la central hidroeléctrica de Cerro Colorado, en Chiriqui, murió en un accidente en dicho lugar, en el pueblo Caldera tiene un busto y la Escuela lleva su nombre; su esposa regreso a chile |
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