Juan Pablo Meneses
A el mismo día que James Bond aterrizaba en Chile, acaparando todas las cámaras y titulares, en Buenos Aires no pasaba algo muy distinto: la presidenta de Argentina recibía en su despacho –a la misma hora que en la ciudad sonaban cacerolas, por una crisis de la carne– a Francis Ford Coppola. No es casual que estos personajes sean capaces de opacar la agenda noticiosa de países que rara vez aparecen en Hollywood. Más bien es lógico, si se piensa que todo tiene que ver con algo simple: los viajes.
Que las películas son una forma de viajar es un axioma real. Todos conocemos París, y la torre Eiffel, mucho antes de aterrizar en Francia. Y los turistas que llegan a Nueva York lo hacen, en gran medida, para recorrer las locaciones de aquellas películas que alguna vez nos emocionaron mientras las mirábamos en el cine del pueblo.
Por eso, y con sincera ingenuidad, nos imaginamos que si nuestro país aparece en una película del agente 007 o nuestras calles las filma el director de El Padrino, seremos un poco más conocidos. Más importantes. Saldremos de nuestro anonimato planetario para tener, aunque sea por una hora, una aparición en las pantallas de medio planeta. Por fin. Qué suerte. Gracias por venir. Tal vez después de eso vengan a visitarnos turistas de países lejanos. Sí, ése es nuestro norte.
Pero los directores eligen locaciones por un tema de costos y seguridad y facilidad de trabajo, más que por un reconocimiento a lo ordenados que somos en pagar las deudas y lo modernas que están nuestras autopistas. El Nueva York de las películas, la mayoría de las veces, en realidad es Toronto. Y la gente todavía sueña con ir a Nueva York.
El altiplano chileno tal vez gane más visitas gracias a las historias que cuentan los mochileros gringos cuando regresan a sus casas que con todo el operativo mediático de Bond. Porque un viaje de película jamás estará a la altura de un viaje real.
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Posteado por: Irene Adler Teds 08/04/2008 14:38 [ N° 1 ] |
...y con sincera ingenuidad inconsciente, a veces el solo hecho de que aparezca el nombre de algún chileno o chilena en alguna película de cartelera internacional nos hace pensar que son re buenos, porque claro, aparecen hasta en la sopa de letras de los diarios, en la radio, y en todas partes. (Aunque después se ponga en duda y sus vidas personales se transformen en un mito urbano "que el guatón de Lost no era chileno", o que Leonor Varela es chilena en chile y francesa afuera, o que Cristián de la Fuente no es actor, sino modelo, etc....... |
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Posteado por: gabriel jabon jabon 10/04/2008 11:51 [ N° 2 ] |
El axioma del viaje me parece un poco forzado, a mi modo de ver la lógica del “interés” debería ser un poco más compleja: más que tratarse de salir del bendito anonimato voy por la idea del trueque: Actores de carne y hueso que se bajan del pedestal del cine para dejarnos ver sus kilos de más y ojeras resaltantes a cambio de un pedazo de geografía que se haga protagonista nacional en un segundo de cine. |
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