por Juan Pablo Meneses
No queda nada de mayo en París. No me refiero a este mayo de 2008, sino de hace 40 años, cuando en la ciudad ardía aquella famosa revuelta universitaria que disparó movimientos estudiantiles y sindicales en medio mundo (incluyéndonos). Fue sobre estas mismas avenidas, donde ahora se ve al presidente de Francia asomado en las tapas de las revistas del corazón, que se rayaron los muros con legendarias frases como Il est interdit d'interdire (Prohibido prohibir), o Soyez réalistes, demandez l'impossible (Seamos realistas, pidamos lo imposible). Fue hace exactamente cuatro décadas que el entonces presidente Charles de Gaulle endurecía la mano contra los manifestantes disparando batallas de antología entre universitarios y policías en el corazón del Barrio Latino. El mismo barrio donde está el Au Petit Suisse, un coqueto café frente a los Jardines de Luxemburgo. El lugar es famoso por ser uno de los favoritos de los estudiantes desde 1791, y desde aquí comienzo a escribir este recorrido.
Basta entrar a una librería parisina cualquiera, o a una gigantesca como Bookstorming, para ver en la mesa de novedades la hermandad con que conviven los libros que conmemoran el mayo de hace 40 años y los que hablan del actual presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y toda la telenovela de su última separación y reciente matrimonio.
"Recuerdo que el 68 todos pensamos que el futuro era nuestro, que éramos capaces de cambiar el mundo, que todo dependía de nosotros", me dice Hervé D., un ex "mayista" hoy convertido en un viejo francés. Hervé tiene bigote cano, dos nietos, una jubilación abultada y una casa de veraneo en Cannes. Pero, por sobre todas las cosas, tiene una preocupación: "¿Cómo funciona la seguridad social en Chile?", y el resto de charla deja escondido su pasado revolucionario para hablar de su presente preocupado por la jubilación propia y las ajenas.
También hablamos de Sarkozy. "Tiene el típico personalismo que le gusta al francés", me dice Hervé D. antes de volver a preguntarme por los jubilados chilenos.
Es cierto. Sarkozy protagoniza una nueva Francia. En el 68 tenía apenas 13 años, y seguramente, observaba de lejos las protestas. Eran los tiempos de La barricade ferme la rue mais ouvre la voie (La barricada cierra la calle, pero abre el camino). Hoy, en esas mismas calles están las más caras y elegantes tiendas del mundo, como la clásica rue du Faubourg Saint-Honoré.
Es temprano, es domingo, es 40 años más tarde de aquel legendario mayo francés. Hay sol, buena temperatura, y en la mesa humea un café au lait. Cuesta imaginar cómo será París en 40 años más, pero seguro estará donde mismo. En el 68 todos miraban hasta aquí, pensando que se iniciaba una revolución. Y ahora, otra vez, muchos piensan que nada será igual después de Sarkozy. Los franceses siempre piensan que están cambiando. Eso escribo en mi libreta y cierro el recorrido bebiendo el café.
BITÁCORA
Todos los museos tienen entrada libre el primer domingo del mes. Otros, como el Victor Hugo o el Carnavalet, nunca cobran entrada.
Es interesante saber que el hotel se puede conseguir a un mejor precio silo reservas en la oficina de turismo. Laoficina (www.paris-touristoffice.com) cuenta con una central de reservas para 200 hoteles con rebajas de más del 50 por ciento. Aquí se encuentra, por ejemplo, una habitación doble en el centro de París por 46 euros la noche.
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Posteado por: Irene Adler Teds 04/06/2008 03:00 [ N° 1 ] |
Yo creo que sí queda algo de Mayo del 68 en las calles, espacios y rincones de París. Tengo fe en el "genius loci", o el espíritu guardián de cada lugar, que habita más allá de la forma y la fachada, escondiendo los códigos y misterios del espacio practicado, del espacio experimentado y experienciado, un espíritu que no es visible a simple vista sino que es casi resultado de una experiencia de representación mística. ¿Diremos que no hay nada del Imperio Azteca filtrándose por las pirámides que fotografían los turistas japoneses? Está la historia escondida para el que pueda leerla. ¿Diremos que no están las coordenadas de las rutas transpacíficas de los viajeros polinésicos significadas de alguna forma en el Océano? Es difícil aprehender el espíritu de un lugar sin concebir las prácticas asociadas a él, pero está la historia, la forma y la representación como palimpsesto para el recuerdo, que aunque sin ser lo mismo –y aquí dejo el verso- revive para el que sepa verlo. |
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