Ruperto De Nola
Domingo 25 de Enero de 2009
Hueso hueco

Esa es la traducción del italiano osso buco. Y casi empiezo a encontrarle razón al brasileño aquel que decía que, para hablar en castellano, no había más que cambiar los "o" del portugués por los "ue" de Castilla: en vez de povo, pueblo; en vez de novo, nuevo. Y así con miles, según él, de palabras. Había dicho a sus hijos que en Chile, si querían ser entendidos, pidieran "cueca cuela" en vez de Coca Cola, como en el resto del mundo.

La maravilla del hueso hueco es que hueco no es. Tiene en ese estupendo hoyo del medio una de las partes más deliciosas de la vaca: la médula. Los franceses, que cuando encuentran que algo es rico lo comen hasta el exceso, han inventado platos en que la médula no es un aditamento más sino la prima donna. No serán platos para comerlos todos los días; pero ¡qué platos! Y sí: eso del exceso francés es muy, muy digno de imitación. Vean Sus Mercedes cómo usan los franceses el vino en sus guisos: no un "chorrito" ni un "vasito" como en España o Italia, cuyo fruncimiento en estas materias es inexplicable siendo tan sueltas de cuerpo como lo son en otras cosas. No, señor: una botella entera, como en el boeuf bourguignon, o en el coq au vin, o en la matelotte de pescados de río y anguilas...

En Lugano, años ha, nos llevaron por petición nuestra a comer a un lugar popular (éstos son irreemplazables si quiere Usted saber lo que realmente se come en un país). Y el menú que nos dieron fue el siguiente: de entrada, unas rebanadas de sublime (sí, sublime) mortadela con lechuguillas y otras hierbas; luego, ossobuco con risotto a la Milanesa y, de postre, zabaglione, que es de los postres más simples y deliciosos: yemas de huevo, vino dulce, azúcar... Y tiene que ser servido tibio en cuenco de loza con algún adorno azul. Pues bien: aquel ossobuco fue de los más perfectos que hayamos comido: blando, plano (no encrespado por su borde de nervios), bien rodeado de su salsa de tomate y su "gremolata" (que es un picadillo de corteza de limón, ajo y perejil, puestos a último momento en la olla). La verdad es que sólo hemos comido un osso-buco mejor en todo el universo mundo y, para buena suerte suya, ha sido "aquicito no máh", en el restorán Oporto, donde el toque de talento del chef le dijo: "Cuécelo en vino, échale vino, métele vino". Como si fuera francés. Y el resultado ha sido glorioso porque, como decíamos, esto de andarse con fruncimientos y cicaterías en la cocina es mala cosa: no hay mejor alianza en la olla que la de la carne con el vino, así como, fuera de la olla, de la carne con el pan. Será porque de ese modo la naturaleza, representada aquí por el honorable hueso hueco de vaca, va preternaturalizada por la cultura y, ésta, en uno de sus modos más antiguos, simples y perfectos: la fermentación, presente tanto en el vino como en el pan. Ahora, que si no puede ir al Oporto, aquí va la receta.

Ossobuco del Oporto con gremolata

Para 4 personas, tome 4 piezas de ossobuco de unos 350 gramos cada una. Hágale unos tajos verticales aquí y allá en los bordes para que no se encrespe al cocerse. En un poco de aceite de oliva, dore bien los ossobucos y luego retírelos y resérvelos. En el mismo aceite, sofría media cebolla y 1 zanahoria picadas ambas finamente, más dos tomates pelados y trozados (sin jugo ni pepas). Sazone con un poco de romero fresco picado fino, un poco de tomillo fresco picado y otro de oréga-no fresco. Cuando esté rehogado todo, vierta a la olla medio litro de vino tinto de buena calidad, revuelva bien para desglasar el fondo de la olla (es decir, que se suelten los trocitos de carne u hortalizas), vuelva a poner en la olla los ossobucos, vierta encima un litro de caldo de carne bien concentrado (puede usar cubitos; si sabe cómo hacerla, use 1 litro de salsa española; je). Sazone con sal y pimienta negra. Tape la olla y póngala en el horno a fuego suave por dos horas. Al cabo del tiempo, los ossobucos deben estar muy, muy blandos. Retire la olla del horno, disponga los ossobucos en una fuente caliente y sirva acompañado de un risotto de callampas secas mezcladas con champiñones de París frescos. Si quiere la gremolata: 10 minutos antes de terminar la cocción de la carne, agréguele un picadillo hecho con la corteza amarilla de un limón, un diente de ajo y un puñado de perejil, todo picado fino. Y si no, no.

4 Comentarios publicados
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Lucy Rotter Newman
27/01/2009 01:15
[ N° 1 ]

Me declaro cien por ciento fan de su columna, la que he seguido por muchos años. Concuerdo con usted, la carne cocinada con vino es una de las cosas más ricas de la vida. Justo hoy, cocinamos lomo de cerdo al vino tinto con cebollas acarameladas, salsa de tomate, ajo,zanahorias, un poco de vinagre, azúcar, especias varias (invento de mi madre); todo eso al horno por muuuuucho rato (las mamás tienen un ojo para saber si ya está, nada de tiempos). Y lo que siempre decía mi abuela, que el vino en caja no es para cocinar, siempre hay que usar del mejor vino.
Saludos, y siga comiendo para relatarnos sus historias tan ricas.

Posteado por:
Fernando Chuecas Saldias
28/01/2009 14:32
[ N° 2 ]

Me hago un deber saludar y agradecer las siempre esclarecedoras recetas de Don Ruperto , en las que se adivina mucha filosofía , cuyo alimento metafísico nos hace tanta falta por estos días.
Solo por deformación profesional me atrevo a complementar sus hermosas líneas sobre el osso buco , en cuyo interior se encuentra el tuétano , que es nada menos que la médula ósea hematopoyética ( donde se produce la sangre ). Claro que eso corresponde a los "animales jóvenes " ya que en los de mayor edad nos está entrando la grasa , o tejido adiposo.
Con agradecimiento
Fernando Chuecas

Posteado por:
Marco Isaias Ballesta Alvarado
28/01/2009 18:09
[ N° 3 ]

Aprovecho esta circunstancia, recomendarle esas vides del valle del Cachapoal, que lamentablemente no están incluidos en la ruta del vino, porque estan muy escondidos, quizas a proposito, pero creame señor De Nola , que por Peumo anda la cosa bien buena, y por ahi salen unos carménère y otras cepas para chuparse los bigotes, "imagineselos" en una cazuela llena de joven cabrito, grasiento y sabroso, ahogandose el pobre en un santi vino, creame que vivir eso es algo de que todos en en este pais deberian experimentar.
Haber si asi le salen lo chileno, a esos que llevan puesto en camisetas hediondas de populus balon pie, la pauperrima chilenidad, y que algún día toda esa gente aprenda de una buena vez lo que es ser chileno. ¿Cuando sera más accesible la chilenidad a la gente común y corriente?? o ¿sera que estos Nola buscan?

Yo por mi parte seguiré brindando,por Chile y todas las cosas que este pais tiene, pero lo más importante, comiendo y probando alternadamente maridando "como le decimos" para no ahogarme en el vino....

Posteado por:
Paz Tejada Urbina
29/01/2009 18:32
[ N° 4 ]

Aunque esto no tenga directamente que ver con la columna del domingo pasado; hace mucho tiempo que he querido comentarle y agradecerle por su columna que resulta ser una de las más interesantes del diario (no diré la mejor para no dejar mal a Joe Black), y hoy se me da la oportunidad de hacerlo porque mi hermana decidió hacer una de las recetas que aparecen en la columna –vera, mi familia es de pasteleras, mi madre es la que hace infaltables los queque, pai, kuchen, etc… le sigue en empeño mi hermanita y yo voy al último, disfruto tanto más la receta en papel que preparándola – y tomó una receta para hacer quequitos que estaba en una revista del año pasado “muffins londinenses” . Aunque teníamos la sensación de que los ingleses eran medios fomeques pa sus cosas, no esperaba el resultado. Partió mi hermana y, para nuestra sorpresa, le puso aceite de oliva, sal, calentó harina en el horno, puso levadura y de azúcar ½ cucharadita!!! (después de años y años de medir el azúcar en tazas, esto era como una herejía), pero igual se mantenía la fe y la esperanza de que saldrían como dios manda (azucarados). Luego de dorarlos los tomamos temerosas y descubrimos que estos no eran muffins como lo habíamos pensado, eran pancitos salados (muy ricos con mantequilla y mermelada) lo cual nos hizo entender a que los londinenses son realmente fomes y que la receta más rara para hacer queques no es tal. De nuevo felicitaciones por tan buena columna y espero q sigua así muchos años mas
:)
Paz Tejada

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