
El avión había comenzado a correr por la pista. Por la ventanilla se movía el paisaje seco de Senegal. En pocos minutos estaría volando sobre África: o mejor, volando por toda África, de este a oeste, entre Senegal y Etiopía. Hay estadísticas negras que dicen que en esta parte del mundo ocurre el mayor porcentaje de accidentes aéreos. Claro que la caída de una avioneta en Michigan o Monterrey o Limache siempre tiene más prensa que el accidente de un avión de pasajeros en Chad, Congo o Camerún. Entre las muchas cosas que no nos importan de África están sus accidentes aéreos, que son muchos, demasiados.
Reconozco que en el despegue recordé eso, los accidentes aéreos que no importan, mientras el piloto de Ethiopian Airlines aceleraba para comenzar a volar. Ya casi dejábamos tierra firme. Íbamos rápido, muy rápido, cuando sucedió. Primero un golpe seco. Luego, una frenada brusca, como de auto. Si no hubiera sido por el cinturón de seguridad, alguien salía volando. Nunca había sentido una frenada así de un avión.
Después de unos minutos de incertidumbre, llegó la noticia de voz del propio Comandante: "El vuelo se suspende porque un pájaro se ha metido en la turbina". Luego nos hicieron bajar por una escalera. En la pista el piloto nos mostró la turbina y cómo las aspas se habían roto. En el cielo de Senegal, como siempre, sobrevolaban aguiluchos del tamaño de un perro.
Hace unas semanas, un accidente aéreo en Nueva York me hizo recordar la experiencia africana: esa vez, un simple pajarraco había tumbado un avión moderno que despegaba desde la capital del mundo.
Me gusta pensar que pese a las medidas de seguridad, a los avances técnicos y a esos que se burlan de los que le temen a volar –"hoy volar no es nada", "viaja cualquiera", "nunca pasa nada"–, el vuelo en avión siga siendo impredecible. Es parte de su extraña magia. Esa misma que ahora, tiempo después, me hace entender de lo que me salvé en África.
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Posteado por: Nicolas Antonacos Torres 17/02/2009 11:53 [ N° 1 ] |
Es cierto, Tanto descendiendo entre las montañas en Queenstown, como aterrizando con viento cruzado en Temuco, el vuelo tiene su extraña magia siempre y cuando sobrevivas a la emergencia. Esa extraña magia yo creo que es pensar, ¿Me tocara a mi hoy?. |
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