Por Ruperto de Nola
Usted, doña Culta Latiniparla, me entiende. Para más claro, lo hemos dicho en inglés: aparatos de cocina.
Pues bien: en las dos casas en que vivimos en Colchester tuvimos cocinas dotadas de una maravilla que hacía la vida tanto, tanto más fácil... Se trataba de un "grill" puesto encima de los cuatro quemadores de costumbre, en una especie de repisa que quedaba a la altura de los ojos del cocinero y que, en su parte superior, tenía un quemador que calentaba hacia abajo. Ponía uno la sartén, por ejemplo, en la tabla inferior del "grill", y el quemador doraba por encima lo que hubiere en ese trasto. Lográbamos así los gratinados más perfectos y rápidos, sin tener que recurrir al horno, método mucho más lento e insatisfactorio.
Con el mismo sistema fue bendecida la Herminia en casa de nuestro abuelo. La Compañía de Gas fabricaba en aquel tiempo unas cocinas que tenían no sólo el mismo "grill" sino, además, traían el horno a la altura de los quemadores, de modo que quedaba frente a uno, tal como hoy lo hacen los hornos eléctricos empotrados: no había para qué doblarse por la mitad para aguaitar lo que se estaba horneando, con postura tan poco estética como incómoda.
Era mucha cosa, esa Compañía de Gas. No sólo inventaba cooking appliances tan ingeniosas como la descrita, sino que además impartía clases de cocina para que las Sinforosas acudieran a ilustrarse. Era cosa de ver aquella Sabina que, enviada por nuestra madre, volvía, a pesar de todos los rezongos y dengues iniciales, premunida de estupendos conocimientos que cambiaron la vida de la familia.
Hay, por otra parte, una serie de cooking appliances tan snobs que dan risa. Como un juego de cuchillos para queso que vimos una vez en Buenos Aires: incluía como diez cuchillos distintos para diez diferentes tipos de queso. Habráse visto... En general, sin embargo, suele encontrar uno ciertos adminículos que se usan poco, pero son indispensables llegado el momento, como unas tenacitas para sacar el hueso a las aceitunas y guindas. Y a propósito de éstas, hemos recordado una omelette soufflé que hacíamos en Colchester gracias a nuestra amada cocina con "grill" arriba, que procedemos incontinenti a comunicar a usted, para que disfrute, si es que tiene el mismo "grill" o, al menos, un horno empotrado.
Omelette soufflé de guindas
Cubra el fondo de un molde chico ovalado para suflé, ya enmantequillado, con una capa no muy gruesa de mermelada de guindas ácidas de la mejor calidad (si no la tiene, no vale la pena intentar el postre). Bata las yemas de dos huevos, agrégueles la corteza rallada de medio limón no muy grande y dos cucharitas para té de azúcar granulada (bata hasta que ésta se deshaga). Aparte, bata bien las dos claras, agregando una extra. Incorpore las claras al batido de yemas y vierta todo al molde con la mermelada, sin llegar a los bordes (deje un poco de espacio antes de ellos; el suflé sube). Con una paleta haga una incisión profunda por la mitad de la superficie de claras, espolvoree encima con más azúcar granulada y, suponiendo que no tiene usted el "grill" que hemos recordado, hornee unos diez minutos en su horno empotrado, para que no tenga que mirar en cuatro patas. Sirva caliente y de inmediato. Comen con esto dos personas.
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