Ruperto De Nola
Domingo 02 de Agosto de 2009
El runrún

Ruperto de Nola

¡Las cosas con que se entretenía uno de niño! Hoy, el imberbe más dejado de la mano de Dios tiene un Atari u otro artilugio análogo; y si no, va a esas máquinas tragamonedas que le tragan la moral y la psiquis. Pero, en aquel tiempo, uno, con un botón de abrigo más un metro de hilo de coser, se fabricaba un runrún. Y ahí estaba, dale que dale, estirando y encogiendo el runrún hasta que le sobrevenía el tedium vitae y se dedicaba, por ejemplo, a musicar con una peineta envuelta en papel toilette que se llevaba a los labios. Salía de lo más bonita la música, bien vibrada.

Hemos recordado el runrún porque tenemos que viajar a Quito, y la última vez que estuvimos allá nos llevaron a un museo a ver cabezas de misioneros encogidas por los jíbaros. Cosa que, por contraste, nos trae a la memoria a algunas madamas que, cada cierto tiempo, más bien se estiran todo lo estirable. No advierten el peligro que, de chicos, conocíamos bien: demasiado estiramiento y el runrún se corta, y salta el botón como proyectil directo al ojo del vecino.

Antes se estiraba también la comida. Se le echaba más agua a la sopa, o más papas al estofado o -rico, rico- más pan frito al fricasé. Los salpicones eran asimismo de fácil estiramiento. En cambio, eran fatales la cazuela, que trae tantas presas y no más; los bisteques, que se compraban ya cortados, y las empanadas. Quizá en estos trances aprendían las admirables matronas de entonces lo que las actuales ignoran: lo que se estira de un lado, se encoge de otro; se estiraba el guiso, y se encogía la porción. Una suerte de runrún culino-administrativo muy educativo para señoras, pero muy discriminatorio: las porciones encogidas no eran jamás las de las visitas, sino las de uno. Pero como uno ya había "internalizado" la filosofía del runrún, se conformaba de lo más bien. Total, después iba en puntillas, a la hora de la siesta de los grandes, a robarse los moldes de dulce de membrillo o las compotas. Justicia inmanente, le llamaban.

Constance Hamilton, con su estupendo libro Cocinando y amando, nos ha recordado los "supplìs al teléfono" que se comen en Italia, así llamados porque el queso que llevan dentro se estira sin merma ni encogimiento para nadie. Va aquí la versión que hemos comido en Roma. Fácil y barata.

En Internet: Comente esta columna en http://blogs.elmercurio.com/revistadeldomingo

"Supplì" al teléfono

Con lo que le sobre de un risotto ya frío, forme con las manos bolas del tamaño de un huevo no muy grande. Hágales un agujero por el medio e introdúzcales un trozo de queso mantecoso. Cierre el portillo con cuidado. Pase los "supplì" por huevo batido, luego por pan rallado, de nuevo por huevo y de nuevo por pan; fríalos en harto aceite y sírvalos calientes.


Por Ruperto de Nola.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
alfredo elias jimenez tapia
01/09/2009 12:54
[ N° 1 ]

Nostalgia es la única palabra que describe su columna. Tiempos aquellos donde el mejor juguete era el creado por nosotros mismos.Lo único que nos queda es adaptarnos y esperar lo siguiente. Gracias por el artículo

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