Ruperto De Nola
Domingo 30 de Agosto de 2009
El Mervilles

En aquellos años, cuando la gente viajaba poco (una vez en la vida a Europa, claro que por varios meses), nuestra "restauración", como han dado en llamarla los finos cronistas, era también muy sobria. Pocos viajes, pocos restoranes. En realidad, todo era poco por entonces, y sin embargo vivíamos de lo más felices. Como decía la Pilarica Hurtado, "ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no alumbre".

Uno de los merenderos que de más fama gozaba era el Mervilles, situado inopinadamente en las vecindades de la Penitenciaría, detrás del Parque Cousiño. Su especialidad era el curanto, y se anunciaba en El Diario Ilustrado que tal o cual día de la semana -no recuerdo exactamente- "había curanto en el Mervilles". Hacia allá emprendía viaje ese día en lenta procesión una multitud de gordos con pesado meneo de nalgas y papadas, y crujido de rodillas y caderas, y balanceo de otros artríticos huesos y muchos "ayayaycitos" que no eran, sin embargo, obstáculo.

Recordamos esto porque el otro día Bruno Sacco, del Divertimento, nos invitó a comer "bollito" del Piamonte en sus private premises, como con cierto intrigante dejo filosófico llaman los ingleses al domicilio de cada uno. ¡Oh qué cosa tan grande y sencilla!: un cocimiento de carnes y embutidos italianos, entre los que había un cottechino, de ésos que fabrican ahora también en Capitán Pastene, y una lengua escarlata, preparada previamente con salitre. Y todo eso con sus hortalizas y verduras. Se sirve el delicioso caldo, bien clarificado y sabroso, y luego las carnes con una serie de salsas (mostaza, raíz picante, tomate concentrado, etc.), entre las cuales no puede faltar la más importante, el bagnet vert: pan remojado en vinagre y luego estrujado y desleído con aceite de oliva, ajo, perejil, sal. ¡Qué gozada!

Y mientras cerrábamos los ojos dando vuelta en la boca un trozo de blandísima lengua (la de vaca), se nos ocurrió que algún día podríamos ver anunciado, igual que en el caso del viejo Mervilles: "Hoy hay bollito en el Divertimento". Mientras llega ese día, recordemos ese otro gran cocimiento, que provocaba en casa el mismo deleite que el "bollito": el puchero. Verá usted que cosas simplemente cocidas con arte, sin asomo de espumas ni moléculas, pueden ser un plato inteligente, limpio de concepción y delicioso.

Puchero

Ponga a cocer en agua, en una olla grande y según el número de comensales, carne de vaca (si es sin hueso, agregue uno), de pollo y de chancho, espumando el caldo para mantenerlo limpio. Aparte, cueza garbanzos de óptima calidad, previamente remojados, con chorizo y tocino en un gran trozo. En otra olla, papas, zanahorias y repollo. Cuando esté todo cocido, retire los ingredientes y junte los caldos de cocción, cueza en ellos unos fideos y sirva del siguiente modo: primero, la sopa de fideos; luego, la bandeja de carnes y la de garbanzos y hortalizas. Puede acompañar con la salsa que se le antoje.


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