Ruperto de Nola
Hoy nace cualquier guagua y ya tiene en la punta de los dedos el manejo de todos esos teclados, botones y cuchi-cuchis que hay que apretar o menear a fin de poner en movimiento el mundo de la era digital.
La verdad, nunca hemos sabido mucho por qué se la llama "digital" ni lo que eso significa. Lo que importa es que todo está al alcance de los dedos, aunque se trate de realidades apenas virtuales. ¡Ah, ya quisiera ver yo a esas futuras generaciones tratando de convencerse de que la realidad es como es, y no "virtual"!
En esto de la prestidigitación vimos una vez el espectáculo alucinante de unas viejas que, allá en un subterráneo de Bolonia, fabricaban, con la punta de unos dedos largos y finos y a una velocidad pasmosa, unos cappelletti que luego iban a parar a un caldo espléndido.
Pero no todo en esto de las pastas es miniaturas y complicados dobleces. Comen en aquella Península otras pastas que llaman malfatti porque son hechas así, a la diabla. Como las pantrucas antihigiénicas que las patronas poco diligentes permitían que se hicieran en sus casas: se colgaba la "maestra" la tira de masa al hombro, sobre "la chaleca", y a uña iba cortando pedazos irregulares que luego arrojaba, con spleen, al agua hirviendo.
Cierta vez comimos en Ravenna unas pastas cortadas también así, toscamente. Y el otro día conocimos en el Bel Paese unos strozzapreti, tipo de pasta irregular que no exige tener cerca una vieja boloñesa con dedos largos y finos: con los suyos propios, gordos y cortos, podrá fabricarlos si sigue con cuidado unas simples instrucciones.
Strozzapreti
Ponga medio kilo de harina en un bol; haga una cavidad en el medio y agregue un huevo, una pizca de sal y suficiente agua tibia como para formar una masa firme. Mezcle con una cuchara de palo y cuando ya no se vea pegajosa, meta mano y amase para lograr una masa suave, pero firme y elástica. Espolvoree un poco más de harina o agregue un poco más de agua. Deje reposar la masa una media hora. Luego usleréela hasta dejarla fina. Corte en ella tiras de unos 2 cms de ancho por 10 cms de largo, y de éstas corte, a lo ancho, trozos como una pantruca: frótelos entre las palmas de las manos para darles una forma tubular e irregular, déjelos reposar unos 15 minutos y cuézalos en agua con sal. Sírvalos con salsa de tomates o con mantequilla aliñada con salvia fresca.
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