Ruperto De Nola
Domingo 11 de Octubre de 2009
Platos platónicos

¿Qué comía Platón? No mucho; pero ¡las bebezonas de esos tiempos! Quien lea su diálogo El banquete, llamado también El simposio, se enterará de que, primero, los invitados comían, sin casi beber; luego, se expulsaba de la sala a mujeres y otras especies y comenzaba la bebienda, que podía durar horas, hasta que el agotamiento y los efluvios etílicos hacían languidecer la dialéctica y la convertían en graves ronquidos o coquetos ronroneos (la natura de los simposiastas era muy, muy variopinta...).

Si se maravilla uno de las razones que daban los comensales mientras duraba la lucidez, se espanta en cambio al saber que bebían un vil morapio aclarado con agua y, a veces, agua de mar. Y lo que comían era absurdamente sobrio. Platón amaba los higos, como convenía al cabezón inteligente que era. Y para los educandos de su polis ideal recomendaba "sal, aceitunas, queso, cebollas y legumbres (...); incluso les ofreceremos postre, a saber: garbanzos y habas, y pondrán a la brasa bayas de mirto y bellotas". ¡Válganos, qué postre!

Una vez muerto Platón y enviada a buena parte su inoportuna parquedad, se dieron los griegos a las exquisiteces. Es fama que Nereo de Chio cocía un congrio en un caldo corto exquisito, que Aftónitas inventó las prietas y que Arquestrato escribió sobre culinaria cosas admirables. Un indicio del buen gusto que llegó a reinar en la Hélade es que en las hecatombes se quemaban muslos y costillares de bueyes en honor de los dioses; los devotos, tan píos como astutos, se reservaban las panitas, mollejas y demás delicias que hoy, vueltos a la barbarie, los chilenos miran con asco.

A la vuelta de los siglos, y luego de que fuera Grecia dominada por los turcos, ya no se sabe qué es turco en cocina y qué griego. La verdad, nos parece haber un exceso por aquellas partes de hojitas de parra rellenas y otras minucias buenas de comer una vez al año y no más. En cambio, no serán nunca excesivos los platos como el de hoy, una réplica del cual comimos con Roberto Escobar en el restorán Stahrenberg. Mucho vino tinto equilibró nuestra química corporal tras esta ingesta, pese a no ser aquella ocasión simposio alguno.


1 Comentarios publicados
Posteado por:
Victor David Olivares Zamorano
14/10/2009 13:03
[ N° 1 ]

Porque eliminaron la Revista del Domingo para la V región?

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