Por Rodrigo Cea
No sé por qué, pero leo más —y me dan muchas más ganas de leer— cuando viajo. Hace un mes, en una entrevista, el escritor argentino Martín Caparrós me contó que él no leía —ni menos iba al cine— en sus viajes, pues, en resumen, su obsesión era no perderse ni un segundo del lugar visitado. Muy razonable, pensé, y pronto concluí que el freak era yo, pues disfruto de manera desmesurada leyendo cuando viajo, en cualquier lugar que no sea Santiago. Incluso voy al cine, pero ése es tema para otra columna, quizá para un siquiatra.
Después de hablar con Caparrós me quedé pegado con el tema y recordé que el último libro que devoré viajando fue Todo por una chica: la historia de Nick Hornby sobre un púber londinense que embaraza a su novia y habla con un poster del skater Tony Hawk (nada que ver con viajes ni nada por el estilo).
Eso pasó hace un par de meses, en Madrid, donde entre cañitas y sándwich de jamón serrano, gasté un par de tardes en leer sus más de 300 páginas en bares, cafés y bancos de plazas, sin ninguna culpa —lo juro— por perderme el Museo del Prado, el Reina Sofía o la Plaza Mayor.
Tal cual como en Madrid partí derechito a la Casa del Libro de la Gran Vía, cada vez que llego a un lugar (nuevo o no), dejo la maleta en el hotel y salgo disparado a buscar una buena librería, desde una pequeña y desconocida que alguien me recomendó hasta un gigante y obvia Barnes & Noble. Y no es que sea — ni quiera parecer— un intelectual, ni mucho menos, y aquí mismo confieso que siempre paso por al respectivo H&M.
El tema radica, creo, en que hasta en Londres los libros son más baratos que en Santiago y, así, me resulta inevitable comprar un montón: por cierto, muchos más de los que seré capaz de leer.
Mi ritual en las librerías parte en la sección de las cuadernos y sigue en las novelas, los libros de viajes, de arte, de moda, diseño y fotografía. Cuando salgo de ahí lo único que quiero es sentarme para hojearlos con calma, decidir con cuál voy comenzar y, desde ese instante en adelante, empiezo a buscar excusas para leerlo: un descanso en las escalinatas después del museo, pasar el calor bajo los árboles de un parque, esperar a que pare la lluvia en un café. Tan obsesivo soy con el tema, que más de alguna vez, mi adorable compañera de viajes me ha dicho “¿Por qué —#$%&— mejor no te quedas leyendo en Santiago?”. Y yo, de verdad, nunca he sabido qué responder.
Sé que es freak, que soy freak, que algo extraño me pasa y lo paso mucho mejor leyendo fuera de mi vida cotidiana: Auster en el Valle del Elqui, Cercas en un avión sobre el Atlántico, Ford en una isla perdida de la Polinesia.
¿Qué será? No lo sé. Y me pregunto si a alguien más le pasa lo mismo con esto que me gusta llamar el hiperviaje, viajar viajando. Viajar leyendo.
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Posteado por: Juan Alberto Farías Estuardo 08/11/2009 23:21 [ N° 1 ] |
Leer durante el viaje es exquisito, pero recomendable sólo si se lee acerca del lugar que se visita, como Lost City of the Incas visitando Machu-Picchu, y un lujo hacerlo desde la cima del Waynapicchu. Pero que te quedes leyendo para perderte el objeto del viaje... ¡es como para mandarte a un siquiatra! |
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Posteado por: jose aeultt zepeda 09/11/2009 10:41 [ N° 2 ] |
igual es algo muy entretenido leer en los viajes por que se hace muy corto el viaje y menos lateros... |
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Posteado por: Monica Cortés Banna 09/11/2009 12:40 [ N° 3 ] |
Sentarse en un café y sentirse parte de la ciudad, pueblo o cualquier sitio que se esté, es una forma muy grata de viajar, para mí al menos. Coincido con usted, señor Cea. Porque aunque sólo vaya unos días a París, por ejemplo, estar sentada en una mesita con mi libro, disfrutando un té y un pain de choclat, me hace pensar que soy una más del lugar, no una turista que corre como loca a sacarse la foto en cada rincón imperdible. Lo que se ve al pasar una tarde mirando y escuchando a quienes entran y salen del café es tambien uno de mis imperdibles de los viajes. Aunque claro, tampoco por eso dejo de visitar la torre eiffel! |
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Posteado por: juan manuel maldonado santiago 09/11/2009 16:01 [ N° 4 ] |
muy mala |
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Posteado por: Jorge Enrique Petersen Cienfuegos 09/11/2009 18:14 [ N° 5 ] |
Lo que pasa que el entorno ayuda y la vision periferica acompañada de los sonidos caracteristicos de cada emplazamiento genera un relax dificil de explicar, sentarse en alguna fuente de Puerta del Sol o un cafecito leyendo en la Plaza Mayor es indescripible, o echarse de guata en el pastito fresco al frente de las Tullerias, leer algun buen libro fantastico de Nelson Bond en el enorme parque cerca de los Wasserspiele en un veraniego Salzburgo....ufff ya me dieron ganas de viajar, paguemos el siquiatra a medias señor Cea. Saludos. |
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Posteado por: Carlos Domeyko Vigneaux 09/11/2009 19:32 [ N° 6 ] |
09/11/09 |
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Posteado por: Edith Tello 11/11/2009 13:59 [ N° 7 ] |
Debo reconocer que me encanta la lectura, vivo con un libro en la mano, las biografias son mi pasión pero jamás de los jamases se me ocurriría viajar con un libro ni menos dedicar un minuto de ese tiempo valioso del viaje a leer un diario o ver televisión. Es por eso que me gusta tanto viajar porque me desconecto completamente con mi vida cotidiana, mis obligaciones y responsabilidades, en un viaje me siento libre y no hay libro ni nada que me tiente a dejar de curosiar, comprar, recorrer, en definitiva DISFRUTAR!!! |
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