De la posición frente a la píldora y su distribución no se deriva la posición sobre el aborto, pero el fondo común es el origen de la vida humana y sus derechos.
Algunos debates dan cuenta de controversias poderosas. Ellos implican –de hecho está en la etimología de la palabra– separación y lucha. Sin embargo, estos debates requieren de un acuerdo implícito esencial: la importancia que se le otorga a aquello debatido.
Por eso los debates son históricos. Los argumentos, por disímiles y opuestos, comparten finalmente un mismo tiempo y un mismo lenguaje. No podríamos organizar un debate, digamos, entre la Hillary y Pericles. No sólo porque no podemos traer a Pericles, sino porque Pericles no podría tener posiciones sobre la mayor parte de los puntos en discusión. Para tener un debate con Pericles hoy tendríamos que poner un “transformador” entre su época y la nuestra.
Cuando los debates mueven las pasiones, cuando el supuestamente ciego y neutro lenguaje de la ciencia y del derecho se desbordan y son desbordados, cuando las personas salen a las calles, ¿cómo no preguntarse cuál es el tiempo, el lenguaje y las valoraciones comunes que hacen posible esa pasión?
Explícitamente estamos debatiendo acerca de los efectos de la píldora del día después, sobre si es o no abortiva; implícitamente, lo que hemos empezado a discutir, aunque de una forma algo extraña, es del aborto. De la posición frente a la píldora y su distribución no se deriva la posición sobre el aborto, pero el fondo común, como ha sucedido en tantas partes del mundo, es el origen de la vida humana y sus derechos.
Para algunos, la sola existencia del debate revela una “cultura de la muerte” y, sin embargo, y precisamente por cuanto resuena el tema en cada uno de nosotros, me atrevo a pensar que, mirado históricamente, es un debate que da cuenta y revela una cultura de la vida.
La vida –es horroroso decirlo– no ha sido un bien que todas las culturas hayan privilegiado por sobre cualquier otro. No digo la vida como especie, sino como derecho individual. En la mayor parte de la historia los seres humanos hemos dispuesto de ella de una manera que hoy día sencillamente no podríamos tolerar. Hace sólo un segundo, culturas amantes de la vida y el derecho admitieron que un ser humano pudiera ser dueño de otro, de su trabajo y de su destino. Hace sólo medio segundo, los países más racionalizados, fundados en ideologías que prometían la felicidad humana, dispusieron de millones y millones de vidas de personas, cuya calidad de tal no admitía discusión alguna. Todo eso acaba de pasar, como acaba de pasar que en Chile desaparecieran personas en manos de agentes del Estado.
Hoy, por fortuna, digo yo, debatimos acerca de los derechos del embrión no implantado. Vale entonces preguntarse por qué es hoy, en el mundo occidental de la postguerra y luego de la Guerra Fría, cuando se ha abierto un debate que la humanidad no tuvo antes. La tradición jurídica de raigambre cristiana condenó el aborto y con la secularización del derecho, los códigos penales hicieron distinciones sobre cuándo era delito, pero ni el constitucionalismo ni los derechos civiles se ocuparon demasiado de los derechos del que está por nacer.
El debate es y será duro, doloroso, abundarán las descalificaciones, nos espantaran muchos argumentos, nos sentiremos heridos en valores y creencias entrañables, y así y todo, el tiempo común en el cual severamente discrepamos es un tiempo que realza de manera más radical el valor de la vida, el valor de cada vida.
Lo expresa y también lo exige.
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Posteado por: Manuel Enrique Gomez Mendez 05/05/2008 12:39 [ N° 1 ] |
Cuando se debate sobre un tema importante e imponer la razón ( al menos la que uno cree), los argumentos que fundamentan la posición que uno tome deben ser claros, precisos y hasta concecuente con nuestro actuar respecto del tema referido. |
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Posteado por: Manuel Enrique Gomez Mendez 05/05/2008 12:47 [ N° 2 ] |
Hoy en Chile se debate respecto de la píldora, desde una posición política y no valórica, desde una conveniencia electoral incluso, mas que de fundamentos morales. |
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Posteado por: Paul Alonso Aliaga Osorio 19/10/2008 22:15 [ N° 3 ] |
Los católicos siempre estamos por la vida, en la segunda guerra mundialista se salvaron moros y cristianos. Claro, se le objetan interesadamente los moros. Durante los oscuros días del régimen de excepción al que nos llevaron los no católicos, también a través de la Vicaría de la Solidaridad. Ahora que la cosa es soleada echaditos para atrás se permiten criticarla. La píldora es abortiva lo demuestra el hecho que los pro-aborto se alínean detrás de ella. |
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