El sábado pasado murió la abuela del escritor Rafael Gumucio, viuda del político Rafael Agustín Gumucio, hija de senador y pariente de medio Chile, pero sobre todo un personaje que vivió intensamente nuestra historia reciente, que pasó dos exilios y que marcó a su nieto -y a toda su familia- en el atrevimiento de ser distintos.
Mi abuela, Marta Rivas González, murió el sábado 5 de julio a las tres de la mañana. Mi abuela, que era sólo palabras, que respiraba, bailaba, dormía, comía y bebía en ellas, se quedó sin la capacidad de decir más que algunos garabatos de vez en cuando y murmurar un especie de melodía interminable. De alguna forma fue una bendición que así fuera. Le habría cargado saber lo mucho que se resistió a la muerte. “Vivir mucho es una rotería sin nombre”, decía siempre. Decía también que la vejez era un exilio. Sabía ella más que nadie de exilios. Lo había sido dos veces, en 1927 con Ibáñez, y en 1973 con Pinochet.
La conocí yo en ese segundo exilio. Vivía por entonces, ella que había pasado su infancia en casas de tres patios, hoteles de lujo y departamento incrustado en el teatro Marcello de Roma, en un estudio que consistía en una sola gran habitación con un pequeño clóset donde dormía mi abuelo. No debía tener todo el departamento, incluido la terraza, más de cuarenta metros cuadrados. Quedaba al final de un escalera empinada que mi abuela limpiaba y encerraba ella misma una vez al mes. Nunca se quejó. Los exilios sucesivos le habían enseñado lo provisorio de todo. “Uno se compra una casa y todo se va a la mierda”, me decía siempre. Murió de arrendataria en un departamento igualmente blanco y azul como todos los suyos, en la calle Napoleón. Detestaba la gente que defendía sus propiedades, la gente que cree que es dueño de algo, “las tontas con fundos”. Cuando le envidiaban ropa, libros u objetos, se impacientaba y los regalaba. Le bastaba a mi abuela para ser feliz una cama, un velador y un teléfono. “Yo soy una solitaria que le gusta tener muchas amigas a quien decirle lo feliz que estoy sola.” A cualquier hora, sobre todo si era más de medianoche, emprendía una ronda de llamados, contaba y corregía chismes, repartía noticias o cantaba en los contestadores automáticos de sus hijos y nietos. Cortaba de modo sorpresivo, dejándote siempre con alguna palabra en la boca, cuando sentía que estaba lateando. Nada le aterraba más que latear y que la latearan. Amaba la síntesis, la liviandad, el humor. Creía que la ligereza era una forma suprema de inteligencia. Su palabra favorita del inglés, era la palabra Clever. “Mira Jane Austen—me decía—. Sólo escribe de solteronas lateras, y de fiestas en el campo inglés pero es lo más genial porque habla sólo de lo que conoce”.
Hablaba de los libros como si se tratara de amigos, y de sus amigos como si fuesen libros. No había escritor más grande que Montaigne para mi abuela, porque hablaba de su hemorroides y de Virgilio con la misma intensidad. Adoraba a Proust, sobre el que escribió su único libro “Un mito proustiano”, porque veía en él una alma gemela que le había ayudado cuando se encerraba en Lima, a encontrar un lugar en el mundo del que no sería echada a patadas. Eso eran los libros para mi abuela, algo que los militares, los funcionarios, los curas no nos pueden quitar. A los doce años, exiliada en París, se sintió extranjera, rara, discriminada, y sacó de esa experiencia todos sus miedos y todo su orgullo. No pudo ser nunca del todo una señora chilena, una resignada madre de familia, una encantadora reina de salón, pero tampoco se atrevió del todo a ser una rebelde. Era partidaria del aborto, del divorcio y la eutanasia, pero no se separó nunca más de una semana de mi abuelo, y en un extraño ejemplo de fidelidad marital, empezó lentamente a morir cuando su marido ya no estaba en la pieza del lado. Le parecía una indecencia dormir en la misma cama que el marido, y una utopía la exclusividad sexual, pero no dudó en perder, por seguir a su marido en la política, amigos, amantes, parientes.
Cambió mi vida, dije antes, no porque gracias a ella leí y comprendí a Tolstoi, Chejov, Proust, Ibsen, Jane Austen, Simenon, o sus amigos Manuel Rojas, José Donoso, Gabriel García Márquez o Benjamín Subercaseaux. No cambió mi vida porque, de alguna forma, me obligó a ser el escritor que ella no tuvo nunca la paciencia de ser, sino porque me mostró día a día ese orgullo, esa dignidad de ser distinto, sin la cual la gente como yo o como ella somos fáciles de destrozar. Mi abuela me enseñó ese orgullo de ser un mal alumno, esa dignidad de no pensar como los otros, esa pachorra principesca que me sirvió de armadura en la batalla chilena. Mi abuela me enseñó a que lo raro son los otros, los que obedecen sin preguntar, los que no quieren saber sino acatar, los que no ven lo que están viendo.
El mundo de mi abuela, sus amigos, sus amigas, sus autores, sus alumnos, era un mundo de ejemplares únicos, de excepciones a la regla. Mi abuela me enseñó a disfrutar justamente de esas excepciones, a coleccionarlas. Ni un solo mueble, cenicero, jarro, o caja de té era igual a la otra en la casa de mi abuela. Todo estaba ahí por una razón, todo era sin par, todo asimétrico, y sin embargo armonioso en su conjunto.
Nadie pasa impunemente de ser una diosa a ser una viejita. En ese tránsito mi abuela fue perdiendo primero los recuerdos más cercanos, y luego cada vez más lejos hasta llegar a las muy diversas casas que habitó en cuatro rincones del mundo. Lima, Constantinopla, Ginebra, París, la casa en Vicuña Mackenna que perdió cuando mi abuelo se arruinó, y El Golf en Santiago, y las Torres de Tajamar. Luego ese silencio tan temido, del que tanto huyó, tomó por asalto su vida. Mi abuela, que había comenzado su vida entre rezos y mujeres, terminó así también peleando por su vida delante de su hijo mayor y su nuera.
Mi abuela, que había sobrevivido a dos exilios, pensó quizás sobrevivir a ese exilio supremo que es la vejez. Quizás de alguna forma lo hizo. No se sabe. Mientras tanto, sólo para sembrar las dudas, dejó de respirar obligándonos a nosotros a respirar un poco más, para compensar la pérdida.
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Posteado por: José Peddro Campos Rivas 15/07/2008 18:44 [ N° 1 ] |
Hola Rafael, me enteré por tu artículo en la Revista Ya, de la muerte de tu abuela Marta, mi tía abuela, con algunos días de retardo. Lo lamento. Recuerdo haberla visto solo una vez, hace un par de años en la casa de la Manuela, en uno de los viajes del Mario Rivas Espejo, cuando se alojaba allí. Recuerdo que me llamó la atención lo hermosa que era, sus impresionantes ojos azules. Tambien recuerdo que le costaba entender quién era yo, a pesar de las explicaciones de la Manuela, contándole que yo era hijo de la "Olguita", hija de Mario su hermano. Seguro que la vi muchas veces cuando yo era chico y vivia en Martín de Zamora. La mayoría de los Rivas de esa generación, me han parecido personajes míticos, por su inteligencia y desparpajo. Hace unos cinco años conoci a la Margot en París (a ella si que le costó entender quién era yo, sobre todo con las explicaciones de Mario), me enteré por el diario de su muerte y aparecía "misteriosamente" en el diario las condolencias de los Rivas-Rachitoff, mi mamá es la única viva con ese apellido, seguramente por generosidad de algun Rivas más cercano. No te sigo lateando en este blog, que pena que se murió la tia Marta, mítica, y ojalá nos encontremos alguna vez. Un abrazo, José Pedro Campos Rivas |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 16/07/2008 00:51 [ N° 2 ] |
Un relato genial. Haciendo recordar a la abuela propia, ilustra una vida y el sentido de vivirla. |
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Posteado por: maría elena gallardo gálvez 29/07/2008 15:19 [ N° 3 ] |
Maravilloso |
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Posteado por: Juan Eduardo Lynch Lorca 16/08/2008 19:17 [ N° 4 ] |
Bonito Rafael, tener esos recuerdos de tu Abuela. |
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Posteado por: Francisco Moreno Herrera 23/08/2008 17:38 [ N° 5 ] |
Rafael: Eso de: "me enseñó ese orgullo de ser un mal alumno, esa dignidad de no pensar como los otros, esa pachorra principesca", definitivamente vuelve digna de recordar a tu abuela. Es poco frecuente la gente capaz de distinguir y valorar lo realmente importante. No recuerdo que la hayas mencionado en tus "Memorias prematuras", pero ella indudablemente fue alguien importante para ti. Un saludo fraterno FMH |
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Posteado por: Gabriela Demnton 29/08/2008 14:22 [ N° 6 ] |
Buena Rafa.Es difícil para una mujer ser distinta en pleno 2008. Es difícil no quererte. |
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Posteado por: raúl suarez sazié 26/09/2008 12:16 [ N° 7 ] |
No puedo encontrar el artículo de Bielsa donde escribio Rafael Gumucio, en la Revista del Sábado recién pasado, pero se lo digo aquí: me encantó lo que dice. cómo lo dice, en un lenguaje elevado pero no inalcanzable, con altura de miras, sin odios ni simpatías de más; me gusta mucho este muchacho, sobre todo porque dice las cosas por su nombre y al parecer no es de izquierda, se le nota que no tiene odios, me gusta mucho. |
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Posteado por: Gustavo Bueno Àlvarez 27/10/2008 18:00 [ N° 8 ] |
Todos deberiamos saber como son nuestros familiares y querelrlos como son,no como una quiere. |
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Posteado por: Alberto Herrera Lara 15/12/2008 12:33 [ N° 9 ] |
Rafael, quiero y necesito releer el texto que escribiste sobre Bielsa, lo encontré extraordinario, motivacional, sublime, perfecto. Un fiel retrato de un personaje del fútbol, pero no centrándose en la pelotita, sino que su esencia, develando porqué el tipo es distinto, diferente... enseñándonos qué puede hacer con nosotros una palabra tan poderosa como la convicción. Realmente para leerlo y guardarlo. Una muestra de como vivir la vida, un ejemplo a imitar para crear un Chile destacado. Saludos. |
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Posteado por: roberto ugarte gonzalez 17/01/2009 09:12 [ N° 10 ] |
Hola Rafael, tu no me conoces a mi, pero yo a ti, no solo por tus jugosas e ingeniosas crónicas, las cuales nunca inmagine que estas también fueran publicadas en el mercurio, el cual por bien o par mal, contribuyo no solo al asilo de tu abuela dos veces, si no que también al asilo de tu tía? prima? Costanza, la cual tuve la suerte de conocer durante su exilio en Dinamarca, donde nos encontramos tanto en reuniones políticas para planificar como podíamos ayudar a la resistencia en chile en la semana y los Domingos en la Iglesia. |
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Posteado por: juan abner ramirez ramirez valle 15/05/2009 08:59 [ N° 11 ] |
hola rafael ,conoci a tu abuelo y a tu abuela ,he leido con mucha atención lo que escribistes ,y ahora se que tu abuela fué como se dice una guru una persona con una cultura extraordinaria ya ubiera yo querido para mí tales conocimientos ,me acuerdo que alguna vez le resite parte de esto de los sollosos tan fuertemiente llorando y estaba locatando ,jajaja y ella me dijo en un segundo en su latín lo que venía del relato del MIO CID en realidad era una persona singular que me gustaba cuando tenía que llevar ,me acuerdo cuando salía con sus amigas era toda las atenciones de sus amigas hacia ella. sus ojos celestes hermosos sus recuerdos de su docencia en la universidad tanto temas que llevaban a buén destino sus bromas me acuerdo de una una amiga le dice cuando bajabamos en auto por eliodoro yañez un local de comida china que le gustaría pasar pero ella le dijo como se te ocurre ¿como sabes si a ellos les baja lo del rasismo ?y nos envenenan bueno la cosa era que ella siempre llevaba la batuta ,y era querida y apreciada por todas alunas de su amigas fue la madre del candidato piñera.una de esas salida metoco regresar con aquella señora pero de repente me dice ella pare pare . yo pensando cual era el motivo de aquello . me baje y le pregunte que le pasa , ella me dijo por favor mis manos me duelen alli yo tome su mano y empece a sobar sus dedos t,bueno algunas de sus amigas contaba con enfermedades propias de sus edades pero ellas siempre en las ocaciones que tocaba llevarlas era absorver y sentir sus aprecios mutuos de ellas y ese conocimiento de cultura que como buena educadora te entregaba y puedo dar fé te tu comentario que tu escribistes hacia ella es la mas pura verdad de lo aquella fué una dama de clase con una cualidad de entrega a los demás sin limites esa fuerza de decir lo que ella queria |
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Posteado por: Carlos Rojas Aguayo 24/05/2009 07:12 [ N° 12 ] |
Mi mas sentido pésame por la muerte de su abuela. Chile estuvo, está y estará lleno de mujeres insignes como su abuela. |
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Posteado por: Max Jeffery Lacroix 10/08/2009 20:23 [ N° 13 ] |
Viva tu Abuela y mi Abuela también, que siendo autenticas nos enseñan que cada uno es un ser original si se atreve a ser él mismo. |
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