
Es curioso −o quizás no tanto− que a propósito de una teleserie en torno a un patrón de mala muerte se vuelva a hablar sobre el campo antiguo, sobre su cultura, discutiendo −eso sí que no es curioso− cuán buenos o malos, cuán idílicos o cuán despóticos fueron los hacendados.
Hemos comido gracias a la minería, pero hemos comido como gente de campo. Hemos sido una cultura profundamente rural −ni agraria, ni campesina ni hacendal−, sino rural, en que la vida del campo estaba en el campo y se infiltraba por mil vericuetos en el mundo urbano.
El campo es nuestra matriz, como lo ha sido para todo el mundo, salvo que es una matriz que dominó comparativamente hasta hace poco y de una manera muy rara, entre amada y odiada, entre añorada y despreciada.
Aquello ya no existe. Si no fuera por la imponencia del paisaje con esa increíble cordillera, sería difícil reconocerlo. El campo hoy es más próspero, tiene grandes inversiones, solvente plusvalía y no poca tecnología.
Es curioso −o quizás no tanto− que a propósito de una teleserie en torno a un patrón de mala muerte se vuelva a hablar sobre el campo antiguo, sobre su cultura, discutiendo −eso sí que no es curioso− cuán buenos o malos, cuán idílicos o cuán despóticos fueron los hacendados.
Obviamente hubo de lo uno y de lo otro. Es posible que ese hacendado tan genialmente descrito por Roberto Parra y llevado al teatro por Andrés Pérez en El Desquite, ese patrón local que formaba parte una élite de la comarca, tuviera relaciones más crudas y violentas con sus inquilinos y con las mujeres propias y ajenas que los grandes propietarios que formaban parte de una élite urbana que en el siglo XIX se fue haciendo más letrada, más política en el sentido clásico del término. El misterio está en que este grupo que es mediador entre la ciudad y el campo, es a la vez artífice y víctima de la brecha más profunda, a mi juicio, de la historia de Chile.
Por mil razones, unas involuntarias y otras no tanto, ni la economía ni la democracia pudieron incorporar el campo a los vínculos modernos. La ruralidad chilena no es la europea, es una ruralidad donde la soledad campea a sus anchas. Cuando el mundo rural se incorporó a los vínculos modernos, el país se vino abajo.
Hay múltiples interpretaciones sobre la crisis de la democracia chilena. La mía es que fue la “venganza” del campo frente a su exclusión del acuerdo del mundo urbano industrial. El campo había mandado personas a la ciudad y a la industria minera desde mediados del siglo XIX. Si los hacendados mantuvieron el nexo urbano-rural en la élite, en el campesinado el vínculo se construyó a través de la migración que la ciudad no logró nunca contener. Es efectivo que la pobreza urbana fue un tipo de miseria nuevo y que la mortalidad en Santiago fue bastante mayor que en las zonas rurales, especialmente la mortalidad infantil. Así y todo, se constituyó una clase media y un clase obrera industrial sólida que fue la columna vertebral de la institucionalidad chilena.
Sin embargo, cuando el campo no sólo mandó a su gente, sino que se incorporó a la escuela, al consumo −la radio será siempre el mejor símbolo de ese cambio− a la participación política, y se revolucionó la tenencia de la tierra, el país entero se vino abajo. Así de feble era nuestra economía, así de débil nuestra democracia.
El cambio en el campo chileno en los últimos treinta años, con su escasa población, su innovación y diversidad productiva, su capacidad exportadora con los avatares que le conocemos, es demasiado evidente para todos. Es también fascinante. Dejó de ser ese mundo bárbaro al cual se culpó de tantos males.
Es interesante que hoy vuelva a aparecer en su barbarie que es un equivalente a cómo ha vuelto a aparecer como folklore. Debe ser porque luego de los cambios, luego de la “venganza”, estamos construyendo una nueva cultura rural que olfatea su pasado. Al final, cuando estamos empeñados en construir una cierta identidad común que dé cuenta de nuestros cambios, el campo vuelve a aparecer ya nunca más como barbarie, sino como entusiasmo, como belleza, como repositorio, como emprendimiento.
El campo ya no es venganza, ni desquite, ni amenaza. Es quizás la síntesis más exitosa entre imaginación y tradición.
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Posteado por: Ramón Zañartu Covarrubias 30/08/2008 11:09 [ N° 1 ] |
Excelente descripción de lo que fue y es la realidad de la cultura rural del pais, sin embargo, en lo que se refiere al programa de televisión de TVN, tiene una indecente intencionalidad política de izquierda que lo único que consigue es desfigurar la realidad y exhacerbar odios fútiles. |
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Posteado por: Rodrigo Sanhueza Rojas 30/08/2008 14:16 [ N° 2 ] |
Bueno, a pesar de los intentos de Sol por hacer una columna seria ( e independiente si se esta completamente de acuerdo o no)los posteos siguen cegados con la novela de TVN. |
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Posteado por: ovalle canales 30/08/2008 19:54 [ N° 3 ] |
Bueno es de todos sabido que si uno le pide a cualquier chileno hombre o mujer que le muestre la suela de los zapatos, la mayoría todavía tiene en ella bosta de vaca. Los chilenitos y chilenitas somos "huasitos" de alguna forma al igual que Zañartu Covarrubias, el cual al parecer vé intencionalidad política en todo lo que no le acomoda a él. |
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Posteado por: juan bautista vargas sanchez 30/08/2008 22:15 [ N° 4 ] |
Esta cultura profundamente rural es la que le ha dado grandes frutos al país, O"Higgins, Prat, Riveros, Pablo Neruda, la divina Gabriela, Gonzalo Rojas, los hermanos Parra, Coloane y tantos otros, pero desgraciadamente nos han gobernado la oligarquía urbana y especialmente santiaguina, que es como un árbol frondoso con gran follaje pero no frutos. Como escribió Neruda: "Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta". |
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Posteado por: Leopold Ruber Kopalova 31/08/2008 09:12 [ N° 5 ] |
Todo cambió,cuando los campesinos se transformaron a agricultores. |
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Posteado por: Juan Saldías Campusano 31/08/2008 13:18 [ N° 6 ] |
Estima sol gracias por hacer referencia al tema : |
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Posteado por: Manuel Enrique Gomez Mendez 03/09/2008 11:42 [ N° 7 ] |
Es extraño, ver el campo desde otra perspectiva. Hablar que la soledad campea a sus anchas, y compararla a la ruralidad Europea. |
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Posteado por: Paul Alonso Aliaga Osorio 19/10/2008 21:24 [ N° 8 ] |
TVN solo quiere denostar un apellido distinguido por que lo lleva su principal adversario político. La ENU revisitada. |
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