En 1968 el Papa Paulo VI publicó su famosa encíclica Humanae vitae, que lleva el subtítulo: “Sobre la regulación de la natalidad”. La encendida polémica que se suscitó de inmediato nos acompaña hasta hoy.
El año 1968 dejó una tan profunda huella que, si se lo retirara de la historia, sería muy difícil entender la realidad contemporánea. El 68 fue un año crucial en muchos aspectos, más de lo que se le reconoce, y bien vale la pena recordarlo ahora que han pasado 40 años. Ya hablamos en estas líneas de los jóvenes franceses de mayo del 68; pero en ese mismo año, en julio, ocurrió otro evento que ha dejado larga memoria: el Papa Paulo VI publicó su famosa encíclica Humanae vitae, que lleva el subtítulo: “Sobre la regulación de la natalidad”. La encendida polémica que se suscitó de inmediato nos acompaña hasta hoy. Ha sido, según algunos analistas, la mayor controversia sobre una encíclica papal en toda la historia de la Iglesia Católica, y en su momento, algunos llegaron a predecir que tal encíclica debilitaría fatalmente la autoridad papal.
Que la encíclica ha sido signo de contradicción, no lo digo yo; lo dice el propio Papa Benedicto XVI quien, al clausurar un seminario sobre los 40 años de Humanae vitae que tuvo lugar hace algunas semanas en la Pontificia Universidad Lateranense, dijo textualmente en su discurso: “Mi predecesor, de venerada memoria, el siervo de Dios Paulo VI, el 25 de julio de 1968, publicó la carta encíclica Humanae vitae. Este documento se convirtió muy pronto en signo de contradicción”. No soy experto en discursos papales, pero nunca había visto que un Papa reconociera que una encíclica, escrita por un antecesor, fuera “un signo de contradicción”. Sin embargo, Benedicto XVI en ese mismo discurso, junto con reconocer esta realidad, reafirma la plena validez de la carta de Paulo VI. Es decir, reitera la vigencia de lo que, objetivamente, ha enfrentado a la Iglesia ya por varias generaciones. No cabe sino reconocer la enorme valentía del actual Papa al asumir personalmente el costo de tan controvertida doctrina, y por supuesto hace mucho más actual esta discusión, casi urgente, más allá de un simple aniversario.
En el 68 recuerdo haber participado en foros y debates sobre la encíclica. Los escenarios eran la Parroquia Universitaria, la Acción Católica Universitaria, la Juventud de Schönstatt, es decir los lugares que congregaban a los jóvenes católicos de la época. El clima de tales debates era acalorado, y no pocos católicos y aun sacerdotes proponían sencillamente ignorar los postulados de esta encíclica. En el resto del mundo, la polémica fue parecida: cardenales, obispos y sacerdotes expresaron críticas a la carta papal. En un polémico documento de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos, éstos dijeron que “aquellos que no pudieran aceptar la enseñanza (de Humanae vitae) no debieran ser considerados fuera de la Iglesia”. Casi una rebelión.
¿Qué decía exactamente la polémica carta que recibimos hace 40 años? La encíclica de Paulo VI sólo reiteró la enseñanza tradicional de la iglesia, en el sentido de que “cualquier acto conyugal debe quedar abierto a la procreación de la vida” (Humanae vitae, párrafo 11). Pero es mucho más específico cuando afirma tajantemente que “el hombre no puede romper, por propia iniciativa, los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador”.
El rechazo a cualquier forma de control de la natalidad, que no sea el de abstinencia periódica, se sigue claramente de lo anterior y el propio Papa Paulo se encargó de advertirlo expresamente en su carta. El uso de la píldora anticonceptiva, hasta donde entiendo, quedó explícitamente prohibido para los católicos.
Transcurridas cuatro décadas, los estudios nos muestran que la mayoría de los católicos parece no seguir literalmente la enseñanza de Humanae vitae. En Chile y otras partes del mundo occidental, más de un 80% de los católicos dice actuar según su conciencia en materias de control de la natalidad, píldora incluida, y en modo alguno consideran que este hecho los pone fuera de la Iglesia o les previene de recibir la comunión. La autoridad eclesiástica, me parece, ha guardado un discreto silencio y de alguna manera ha preferido “mirar para el lado”. Sin embargo ahora, Benedicto nos dice que la contradicción de entonces sigue plenamente vigente. No cabe sino reconocer que el Papa se toma en serio esto de ser signo de contradicción; bueno, mal que mal es mandato del Evangelio. Yo confieso estar confundido.
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Posteado por: Juan Francisco Cornejo Moreno 10/09/2008 09:59 [ N° 1 ] |
Esa contradicción que triunfa en el Concilio Vaticano II, es la que tiene a la Iglesia en el estado en que se encuentra. Y es por mismo que al finalizar dicho Concilio que Pablo VI afirmara: “El humo de Satanás se ha colado en la Iglesia”. El nivel de apostasía y cisma al interior de la Iglesia llega a tal nivel que hoy en día, que gran parte del clero y la feligresía hacen absolutamente todo lo contrario a las enseñanzas del Magisterio. Al cristiano solo le basta leer Pascendi de San Pió X para entender el problema actual. |
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Posteado por: Carla ortiz ortiz petersen 10/09/2008 17:01 [ N° 2 ] |
No me parece que Roberto este confundido en relación a lo que en su momento le tocó vivir, estadísticas y al comentar “miran discretamente para el lado |
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