Mario Fonseca
Sábado 18 de Octubre de 2008
Arte: Intercambio de imágenes entre dos fotógrafos


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Beber el vino nuevo

Hacia 1925, André Breton y algunos amigos surrealistas se pusieron a escribir frases sucesivas sin ver la precedente, doblando el papel al pasarlo de mano en mano, lo que derivó en un poema colectivo cuyas primeras palabras fueron “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo...”. Quedó así el término “Cadáver exquisito” como nombre del ejercicio aleatorio que un par de años después se aplicaría también a los dibujos construidos por distintos artistas siguiendo el mismo procedimiento. Durante los años 50, nuestros poetas Nicanor Parra, Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky realizaron obras semejantes con recortes de titulares e imágenes de diarios que pegaban en grandes pliegos, variante bautizada por Parra como “Quebrantahuesos”. Ahora, en estos días, se exhibe en la galería AFA una versión particular iniciada recientemente por el fotógrafo argentino Marcelo Brodsky (1954), en la cual él le envía una imagen suya a otro fotógrafo, el que le responde a su vez con una fotografía propia, desarrollando un diálogo. Brodsky ha llevado a cabo estas “Correspondencias” con distintos autores internacionales, exponiendo en este caso su intercambio con el fotógrafo inglés Martin Parr (1952).

Los resultados del proceso a lo largo de un año dejan ver cómo el intercambio comienza en una suerte de diálogo de sordos para culminar en el momento justo en que los envíos recíprocos empiezan a hacerse previsibles. Es insólita la primera imagen de Brodsky, tanto como la respuesta extrema que le envía Parr, pero así, poco a poco, se empiezan a distinguir las sensibilidades de ambos autores, involucrada afectivamente la de Brodsky y anecdótica y distante la de Parr. Parr es conocido por su documentación descarnada de la sociedad transversal contemporánea y su mecanismo impertinente de trabajo, trasuntando incluso cierto desprecio por sus temas y sujetos, en tanto Brodsky, quien acá intenta sustraerse de la nostalgia reivindicativa de su obra, esencialmente política, exhibe imágenes primero familiares y luego más azarosas, para terminar intentando seguir la pauta indiferente a la vez que provocativa de Parr. Cuando éste empieza a imponer la suya como la última palabra, Brodsky opta por retirarse, con el sabor crudo y frío del vino nuevo en la boca.

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