Begoña Uranga
Sábado 18 de Octubre de 2008
Mesa y mantel: Para un día familiar


Puede ser una estupenda alternativa para paliar la falta de alimentos. En el peor de los casos, basta una bolsita y echarse a los campos luego de una lluvia.

Además, su riqueza nutricional y especial sabor hacen de los caracoles un manjar en las mesas más refinadas.

Y aunque a muchos la sola visión de un plato de caracoles al pil pil pueda revolverles el estómago, la cosa es que cada vez se están consumiendo más en todo el mundo. Cultivados en enormes granjas, su carne es muy semejante en aporte proteínico y de minerales al que tiene el pescado en la dieta humana.

Con poca grasa, es considerada como una carne muy saludable y con muchas posibilidades en la cocina. Es estupenda para la gente que tiene colesterol alto y los triglicéridos en las nubes.

En Europa se venden vivos, lo que no deja de ser un poco “fuerte” para los espíritus más delicados; congelados o en bolsas selladas al vacío. Al momento de prepararlos, combinan perfectamente con carne o mariscos, así como con verduras. Los franceses son grandes amantes de los caracoles, los que consumen con ajo, mantequilla y hierbas.
Pero mientras no se acabe la comida en el mundo, si se tiene hambre y ganas de algo rico, una buena alternativa familiar es ir al Applebees. Atienden anualmente a nada menos que 250 millones de personas, lo que las convierte en una de las cadenas de comida “casual o informal” –como se autodefinen– más grandes del mundo. Y la receta de su éxito es común para este tipo de oferta: comida entretenida y abundante, servicio rápido, nada de formalismos y todo muy casual.

Porque en Applebees las familias, los niños y los grupos de amigos son bienvenidos. No es, definitivamente, un lugar para una cita romántica. Al entrar, se tiene la curiosa sensación de haber estado otras veces porque los locales alrededor del mundo y de otras cadenas tienen ese aire tan característico que los hace familiares.

Y aunque los paladares de gustos refinados se espanten ante su oferta gastronómica, la verdad es que hay que disfrutarla sin complejos y comerse unas enormes costillas BBQ con el mismo entusiasmo y fruición con que Pedro Picapiedra se sienta frente a las chuletas de brontosaurio. Porque el tamaño es enorme. Así como los súper gringos aros de cebolla o el delicioso pan de ajo.

Las pastas son sencillas, pero cumplen su papel. Las hamburguesas grandes y tal como se comen en cualquier estado norteamericano. Hay quesadillas, mucho tex mex y camarones. Y los típicos postres gringos que hacen tiritar la pera y las arterias con sus triglicéridos. Pero ¡de vez en cuando! todo puede permitirse. Incluso reconocer que se disfruta ese banquete de obviedades, que sabe tan rico.

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