“Fusión, mezcla, mestizaje de culturas, pueblos, razas y religiones que, a lo largo de su milenaria historia, llegaron y se quedaron aportando a esta tierra lo mejor de ellas”. Así define a Andalucía, extensa región del sur de España, Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía.
Si a ello se suma la riqueza y calidad de sus materias primas agroalimentarias, se entiende que tenga una historia para comérsela. Tal cual, porque desde mucho antes de que los romanos llegaran a la península, Andalucía tenía una tradición gastronómica.
Los romanos, sibaritas ellos, se volvieron fanáticos de su aceite de oliva, el que transportaban por barco a Italia. Lo mismo que el garum, esa espesa y fuerte (apestosa, más bien) salsa con la que aliñaban sus alimentos y que se producía fermentando al sol las vísceras de pescados con sal y hierbas aromáticas y cuya producción establecieron en Cádiz.
Mucho antes, los cerdos correteaban por la región, alimentándose de bellotas y dando vida a lo que habría de ser, por siglos, uno de los mejores jamones del mundo. De los griegos aprendieron a preparar las morcillas para aprovechar toda la matanza. Los árabes les legaron también su rica tradición culinaria en los siete siglos en que Al Andalus fue su capital. De puertos andaluces salieron a descubrir y conquistar América, así como llegaron a ellos los primeros frutos de las nuevas tierras. Definitivamente, una historia para comerla.
Además del aceite de oliva y el cerdo ibérico, Andalucía ofrece al mundo sus vinos, vinagres y el brandy. Las frutas y hortalizas, los quesos, el caviar y el esturión, el arroz de las marismas, las mieles, pescados y mariscos. Y... la fritura que, junto a las tapas, son otro amor de los andaluces.
Y precisamente por toda esa riqueza, el gobierno andaluz editó un precioso libro llamado Más que tapas, en el que exhibe orgulloso todo su poderío gastronómico. ¿La novedad? Les pidió a 26 destacados chefs de todo el mundo que prepararan una receta con productos andaluces.
Una edición de lujo en la que Chile está representado por el maestro Guillermo Rodríguez, reconocido embajador de la cocina chilena de mantel largo, presidente de Les Toques Blanches y creador del Espacio Gastronómico.
Justo después de las limeñas causas con toque andaluz del peruano Gastón Acurio, Guillermo presenta un atún sellado en aceite de oliva con quínoa andina y crocante de jamón de Trévelez. Perfecta conjugación de lo mejor de las dos cocinas... como para cantar flamenco.
Y hablando de tapas, el libro puede ser la mejor excusa para salir a tapear este fin de semana. Una buena opción y mucho ambiente es el ya consolidado De la ostia, el nuevo Barcelona o el Manolo´s, con terraza para estas noches primaverales. Hay que lanzarse...
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Posteado por: Cristián Burr Cerda 26/10/2008 17:12 [ N° 1 ] |
Independiente del sentido del humor, fina ironía y sarcasmos, me parece que Liberty Valance no tiene derecho a ser una persona ignorante en los temas que comenta; lo menos que se le pide cualesquiera sea su profesión es no burlarse de tragedias o al menos mostrar ignorancia con cosas que efectivamente sucedieron en el mundo comunista. En mi opinión no tiene derecho a decir una cosa así ya que, si bien lo comunistas no se comieron a las guaguas porque tenían comida, si colaboraron tanto en China como en Rusia, Ukrania y otros paises a que familias famélicas popr hambrunas producto de pésimas políticas intercambiaran guaguas para comérselas y así evitar que el resto de la familia muriera de inanición. Ojala que Liberty Valance mantenga la frescura de sus artículos pero, asimismo, debe ser un poco más exigente consigo misma(o) en cuánto a sus fuentes. Ojala que LV compra el libro negro del comunismo y leyera las páginas. *552-53-54 y se enterara si se "comieron o no a las guaguas" |
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