Ricardo Capponi
“Los mejores gestores son los que adoptan estrategias masculinas y femeninas para hacer negocios”, dijo un alto ejecutivo. Por supuesto, ello es independiente del sexo. Un hombre puede adoptar estrategias femeninas y una mujer, masculinas. Dada la crisis actual, quiero mostrar cuán saludables son las estrategias femeninas; en otra ocasión veré el aporte de lo masculino, imprescindible, pero sobrevalorado en nuestra cultura.
Durante las crisis, un desorden amenaza la estabilidad del sistema y hace difícil controlar las variables en juego. La urgencia de la situación produce ansiedad por encontrar una solución. Mantener la calma y controlar la impulsividad es fundamental.
El pensamiento femenino adopta una perspectiva más amplia que el masculino frente a cualquier cuestión, es más contextual y holístico. Por ello tiene mayor flexibilidad y es más intuitivo e imaginativo, puede enfrentar situaciones difíciles de discernir racionalmente, contribuyendo a crear alternativas cuando no se ve la salida. Es capaz de reunir más datos pertinentes al caso y conecta los detalles más rápidamente, calibra más variables en la toma de decisiones, considera más opciones y resultados y recuerda más puntos de vista. Este “pensamiento en red” es más integrativo, generalizador y sintetizador que el “pensamiento en línea recta” masculino, centrado, compartimentado y gradual.
La mente femenina maneja gran cantidad de recuerdos concretos, es menos abstracta y hace afirmaciones menos categóricas sobre lo que está bien o mal. Esta apertura y flexibilidad, muy útil en periodos de crisis, ha llevado a aseverar que “la conjetura femenina es más exacta que la certidumbre masculina”.
La estrategia femenina complejiza la realidad según se presentan los hechos, sin negar los datos que generan incertidumbre. Es paciente, le importa el proceso, explorar las múltiples interacciones, detenerse en cada componente. No está centrada en el resultado, por lo que tolera mejor la ambigüedad. Además, el pensamiento femenino es menos arriesgado que el masculino, aspecto útil en momentos difíciles.
La crisis provoca frustraciones provenientes de pérdidas reiteradas, sensaciones de vulnerabilidad y persecución que gatillan reacciones agresivas, deseos de ataque o fuga, e incluso tientan a transgredir la norma.
Hacer la pérdida de recursos y oportunidades que ocurren en las crisis exige contactarse con las emociones activadas. La rabia como emoción predominante, la desesperación por asumir el control que conduce a la búsqueda de culpables y el deseo de venganza nublan al sujeto y le impiden aplicar un instrumento fundamental en tales momentos: la capacidad de negociar y resolver los desacuerdos a través de diálogos y consensos. Poner en palabras el conflicto es primordial, algo en que el pensamiento femenino tiene claras ventajas.
La tentación de transgredir puede ser contenida por la moral femenina, más centrada en lo concreto particular, más emotiva. Esta aproximación protege especialmente de las transgresiones éticas a las personas individuales.
En períodos difíciles, la conducción de los grupos de trabajo requiere habilidades y emociones que contengan la dinámica regresiva en que desemboca el grupo, cuya manifestación extrema es el pánico.
Las cualidades femeninas implican gran capacidad para crear redes de contacto, alcanzar consensos y relacionarse simultáneamente con distintos perfiles de personas con diferentes roles, profesiones y cargos. Ponen mayor énfasis en el trabajo igualitario en equipo que en la estructura jerárquica; en consultar, consensuar y colaborar. Son más dadas a intercambiar información, pedir consejos y reconocer errores. Su objetivo es la armonía interpersonal. Les interesa el bienestar del grupo y los sentimientos de las personas.
Las estrategias femeninas se mueven menos desde la agresión que desde el diálogo. Son más receptivas y pasivas y, así, más capaces de ver y sentir lo que le pasa al otro. Tienen empatía y perspicacia, son observadoras. Lo importante para esta mentalidad no es ganar, sino jugar.
La paciencia propia de lo femenino señala que los contratiempos son manejables y que podrán ser resueltos. Así, bajan el clima de tensión y generan confianza en el grupo.
En lo personal, toda situación de crisis es vivida con altos niveles de presión, angustia, incertidumbre y estrés, que son desgastantes para el sistema nervioso central −deterioran sus funciones y pueden llevar incluso a la depresión− en momentos en que más lucidez se requiere.
Las habilidades lingüísticas, la capacidad de verbalizar los conflictos y sentimientos involucrados son ventajas del pensamiento femenino. Y un instrumento precioso para disminuir la ansiedad, al conceptualizar las amenazas y desvelar los fantasmas.
La percepción más centrada en el mundo interno propio de la mentalidad femenina la hace más proclive a las miradas de sentido trascendente, menos inmediato e inmanente, lo cual ayuda a entender el sentido global de una crisis, disminuyendo los niveles de ansiedad.
Podemos concluir que en una situación de crisis, es recomendable para los hombres cultivar las formas de estrategia femeninas, en cuanto les dan más recursos y habilidades, como también crear espacios de participación a las mujeres, porque en ellas abundan las capacidades femeninas descritas.
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Posteado por: Cecilia MaríaLuisa Barría Mancilla 03/11/2008 00:55 [ N° 1 ] |
Me gustó leer sobre las características femeninas, sobre todo porque generalmente han sido y son vistas como debilidad e incluso inadecuación, y acá son exaltadas, admiradas. Los hombres también pueden incorporar estas capacidades femeninas, sin perder la línea que les define como tal. No es nuevo el pensamiento de que lo masculino es guerra, competencia y lo femenino acoge y reune. Otro ritmo y otro valor tendría la vida si lo femenino fuese valorado y promovido, como se hace en esta columna. |
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Posteado por: Paul Alonso Aliaga Osorio 08/11/2008 05:55 [ N° 2 ] |
Hay una frase conocida: "Las mujeres son como los indios, se pintan cuando quieren guerra". |
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