
Los hermanos Coen afirmaron, a propósito del estreno de esta película, que ella completa la “trilogía de los idiotas” filmada junto a George Clooney, que integrarían Hermano, ¿dónde estás? (2000) y El amor cuesta caro (2003). Si ellos lo dicen, debe ser cierto. La verdadera pregunta es: ¿qué película de los Coen no trata de idiotas?
La necedad está en el centro del universo artístico de este par de cineastas, que no siempre firman juntos como directores, pero que vienen construyendo un mundo común poblado de imbéciles desde hace ya 25 años. En verdad, una mayoría de los personajes de los Coen no merecerían protagonizar una película —y menos una con la inventiva visual de sus directores—, si no fuera porque en algún momento se creen astutos, lo suficientemente listos como para emprender un crimen o, más tonto aún, para aprovecharse de uno.
En Quémese después de leerse el protagonismo corresponde a cinco de estos perdedores por acción y vocación. Osbourne Cox (John Malkovich) es un agente de la CIA despedido por beber mucho, un perfecto canalla que ahora quiere dedicarse a escribir sus memorias. Su esposa Katie (Tilda Swinton), áspera e implacable, sólo piensa en la mejor manera de divorciarse y entregarse a su amante. Pero ese amante, Harry Pfarrer (George Clooney), cree estar muy bien casado —aunque también su esposa lo engaña— y alterna sus encuentros con Katie con otros más livianos, procedentes de internet. En esas mismas redes navega Linda Litzke (Frances McDormand), obsesionada con el sexo casual y con inferirse una retahíla de cirugías estéticas, para las cuales necesita dinero. La posibilidad se la ofrece el entrenador de su gimnasio, Chad Feldheimer (Brad Pitt), que encuentra un disco perdido de un ex agente de la CIA —Osbourne— y se entusiasma con la idea de venderlo.
Lo que diferencia a los Coen de otros cineastas despectivos con sus personajes —que hoy son la mayoría en Estados Unidos y en casi todas partes— es que, a pesar de su evidente condenación, les dejan el espacio necesario para la individuación. Los idiotas de Quémese después de leerse no son iguales, y algunos de ellos —Osbourne y Linda, en especial— tienen una fuerza obsesiva que los haría dignos de mejores destinos; al menos son capaces de imponerse a una historia que se revuelve sobre sí misma (“infórmeme… cuando todo haga sentido”, dice al jefe de la CIA a su desorientado agente) y que carece de una salida digna.
Esta no está entre las mejores cintas de los Coen, lo que no es tan raro después del macizo logro de Sin lugar para los débiles. En cambio, es una película para mirar con atención, porque probablemente están en ella las semillas de algo mayor y futuro.
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Posteado por: Felipe Alberto Gormaz Arancibia 12/01/2009 11:19 [ N° 1 ] |
Esta película debe ser leída entrelíneas. Presenta una colección de idiotas, en un tono exagerado y caricaturesco. Sin embargo, la gracia de la película es que estos personajes son todos reconocibles y creíbles. Es decir, una vez más se comprueba que la realidad supera toda ficción. |
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Posteado por: Andres Reyes Rubio 12/01/2009 16:14 [ N° 2 ] |
Conoci a los Hnos Coen, en "SIN LUGAR PARA LOS DEBILES", creo que un buen director es quien hace una pelicula que logre capturar al espectador, los recursos del cine estan casi agotados, por eso es valedero felicitar al director y actores cada vez que sales de una sala de Cine y te quedas con una grata sensacion de no haber perdido tu tiempo. |
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Posteado por: catalina alejandra gómez varas 15/01/2009 08:11 [ N° 3 ] |
¿De qué nos maravillamos? Las películas que se hacen en estos tiempos son para el agrado de la gente de estos tiempos. Si tienen algún éxito, es porque tocan quizás qué oculta fibra en los espectadores y producen alguna resonancia. |
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