Mario Fonseca
Sábado 17 de Enero de 2009
Arte: Jan Fabre por primera vez en Latinoamérica


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La singularidad del artista multifacético

Son varios los artistas contemporáneos cuya obra se identifica más por los énfasis que transmite que por sus particularidades formales. Ciertamente, hay varios aspectos perceptibles cuya reincidencia permite reconocer a un autor, como, en el caso del belga Jan Fabre, podrían ser los caparazones tornasolados de coleópteros que emplea para recubrir objetos tan diversos como la prolongación del leño vertical de una cruz, una calavera o una silla de ruedas, pero, en su caso, el vínculo deja de ser evidente en otras obras suyas donde lo formal lo constituyen armaduras sobre un suelo de ramas secas picadas, facsímiles de cerebros de resina, perros embalsamados colgando de ganchos de carnicería en una sala de fiestas, o una tela de seda de más de diez por cinco metros pintada entera de azul con lápices Bic. Fabre aglutina en su actividad creativa un universo de lenguajes cuya impronta excede sus medios y soportes para devenir en un discurso crítico contundente de los arquetipos del arte, y lo hace con una libertad y soltura tales que permiten acceder a cada nueva pieza suya como si provinieran de un autor inédito.
Los diversos caminos que elige este artista convergen no obstante en reflejar una sociedad estigmatizada por sus afanes desproporcionados respecto a sus capacidades efectivas, y es allí donde empiezan a detectarse las coincidencias, por ejemplo, entre la sabiduría vital de los coleópteros inmemoriales -son de los seres más antiguos del planeta- y las potencialidades del cerebro humano, de las cuales nuestra ignorancia es directamente proporcional a nuestra soberbia. El azul añil traslúcido de la enorme seda, por su parte, se vuelve opaco hasta negar completamente el palacete barroco que refleja en otra obra, así como los perros callejeros muertos, que completan un díptico con los gatos callejeros también embalsamados de otra sala, atañen la banalidad de su abandono siendo animales que han sido conferidos de significados trascendentes a lo largo de la Historia, desde Egipto hasta apenas un par de siglos atrás. Algunas series de dibujos de larga data, unos hechos con lágrimas y otros con sangre del artista, representan finalmente el origen y la pauta del trabajo de Jan Fabre, donde la tragedia social que viene interpretando desde hace treinta años empieza y culmina en él mismo.

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