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Sábado 17 de Enero de 2009
La vida por delante: Más grande que Bush


Paul Krugman


Mientras la nueva mayoría demócrata se prepara para asumir el poder, los republicanos se han vuelto, como diría Phil Gramm, un partido de quejumbrosos.

Algunos de ellos se quejan tanto, que resulta casi imposible de creer. ¿De verdad dijo Alberto Gonzales, ex fiscal general: “Me considero una víctima, una de las muchas víctimas de la guerra contra el terrorismo”? ¿Realmente sugirió Rush Limbaugh que la crisis financiera fue resultado de una conspiración, planeada por el malvado genio Chuck Schumer?

No obstante, la mayoría de estas quejas se ven manifestadas en la afirmación de que el fracaso de la administración Bush fue simplemente una cuestión de mala suerte (ya sea la mala suerte del mismo Presidente Bush que ha sido testigo de varios desastres) o la mala suerte del Partido Republicano, el cual envió al hombre equivocado a la Casa Blanca.

No obstante, el problema no radica en las principales figuras republicanas, sino en ellos mismos. Hace 40 años, el Partido Republicano decidió, en efecto, convertirse en el partido de los ataques raciales. Y todo lo que ha ocurrido en los últimos años, desde la elección de Bush como líder del partido hasta la dominante incompetencia de la administración y la disminución registrada en la base del partido, es consecuencia de esa decisión.

Si la administración Bush se convirtió en sinónimo de políticas públicas fallidas y de un gobierno manejado por ineptos, fue simplemente porque estaba siguiendo el ejemplo de los principales organismos de control conservadores: luego de las elecciones del año 2000, la Fundación Heritage exhortó específicamente al nuevo equipo a “hacer nombramientos primordialmente con base en la lealtad y luego en la experiencia”.
A su vez, este desprecio hacia la experiencia dio cabida a una actitud de desdén hacia el gobierno en general. “El gobierno no es la solución a nuestros problemas”, declaró Ronald Reagan. “El gobierno es el problema”. Así que ¿para qué preocuparse por gobernar bien?

¿De dónde proviene esta hostilidad contra el gobierno? En 1981, el célebre asesor político republicano Lee Atwater explicó la evolución de la llamada “estrategia sureste” del Partido Republicano, enfocada originalmente en el rechazo al Acta del Derecho al Voto, pero que eventualmente adoptó una forma más codificada: “Uno se vuelve tan abstracto cuando habla de recortes fiscales; todas esas cosas que se mencionan son cuestiones totalmente económicas cuyo resultado es que los negros se ven mucho más perjudicados que los blancos”.

En otras palabras, el gobierno es el problema porque te quita el dinero y se lo da a “esa gente”.
Ah y el factor racial no es tan abstracto, incluso ahora. Chip Saltsman, actual candidato por la presidencia del Comité Nacional Republicano, envió a los miembros del comité un disco compacto que incluía una canción titulada “Barack the Magic Negro” (“Obama, el negro mágico”), y según algunos reportes, la controversia en torno a esta acción aumentó de hecho sus posibilidades de ganar.

Así que el reinado de George W. Bush, el primer presidente sureño republicano verdadero desde la Reconstrucción, fue la culminación de un largo proceso. Y a pesar de las afirmaciones de algunos derechistas de que Bush traicionó al conservadurismo, la verdad es que llevó a cabo fielmente las tácticas divisorias de su partido —mucho antes de que lo hiciera Sarah Palin, Bush declaró haber visitado su rancho “para estar en contacto con estadounidenses de verdad”— y su filosofía de gobierno.

Es por eso que el fracaso de la administración saliente es mayor que el de Bush mismo: representa el final de una estrategia política que dominó la escena durante más de una generación.

Creo que la realidad del colapso de esta estrategia no ha sido percibida completamente por algunos observadores. Por eso, algunos de los comentaristas que advirtieron al presidente electo Barack Obama contra cualquier acción audaz han utilizado los fracasos políticos cometidos por Bill Clinton en sus primeros dos años de presidencia como ejemplos aleccionadores.

No obstante, en 1993 Estados Unidos era un país muy diferente (no sólo era una nación que estaba por ver qué sucedería cuando los conservadores controlaran las tres ramas del gobierno, sino también un país en el que el control demócrata en el Congreso dependía de los votos de los conservadores sureños). Actualmente, los republicanos se han apoderado de casi todos esos votos sureños y han perdido el resto del país. Durante un rato registró una trayecto magnífico, pero al final la estrategia sureña condujo al Partido Republicano a un callejón sin salida.

Por lo tanto, Obama tiene espacio para ser audaz. Si los republicanos intentan aplicar una estrategia al estilo 1993 y comienzan a atacarlo por promover un gran gobierno, se darán cuenta de dos cosas: no sólo de que la crisis financiera ha desacreditado sus teorías económicas, sino de que el subtexto racial de la retórica antigobierno ya no funciona como antes.

¿Protagonizarán los republicanos un regreso? Sí, por supuesto. Pero a menos que Obama dé un par de pasos en falso, eso no sucederá hasta que dejen de quejarse y analicen realmente en qué se equivocaron. Y cuando lo hagan, descubrirán que necesitan establecer contacto con “el Estados Unidos verdadero”, un país que es más diverso, tolerante y mucho más demandante de un gobierno efectivo de lo soñador en su filosofía política.

*Paul Krugman es Premio Nobel de Economía 2008. Autor de más de 18 libros y columnista de The New York Times.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
PATRICIO ENRIQUE PANTOJA TAPIA
17/01/2009 12:42
[ N° 1 ]

Los gobiernos norteamericanos son casi iguales, solo con matices que los diferencian con la única estrategia de alcanzar el poder.
Cóbrenme la palabra en 4 años más.
Por qué los medios de comunicación no publican el hecho de que el ex-Pdte. Clinton fué el mejor aliado de Israel???

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