Begoña Uranga
Sábado 17 de Enero de 2009
Mesa y mantel: Qué osadía


La noticia ha impactado a nuestros vecinos. Y, la verdad, no deja de ser lamentable: en los últimos cinco meses se han cerrado más de 300 restaurantes en Buenos Aires por la subida en los arriendos de los locales y la crisis económica que ha hecho caer en más de un 20 por ciento el consumo gastronómico. Una cifra no menor en una ciudad que, según datos oficiales, cuenta con 9.000 establecimientos, que dan empleo a unas 120.000 personas, incluyendo al gremio de las pizzerías.

En una ciudad como Buenos Aires, en la que tanto sus habitantes como los turistas aman su variada, excelente y siempre renovada oferta gastronómica, el tema es importante. Sin embargo, no sólo la crisis parece ser la responsable de esta hecatombe. Hay quienes sostienen que el entusiasmo con que los propietarios subieron sus precios como respuesta al boom turístico de los últimos años, tiene mucho que ver. Muchos lugares llegaron a cobrar más caro que en Europa.

Pero mientras unos cierran, otros abren en Santiago, como el Osadía, de Carlo von Mühlenbrock, en Nueva Costanera. Elegante y refinado, agradablemente minimalista, está decorado en un juego de blancos y negros que se utiliza hasta en los vasos.

Toda la casa está rodeada de terrazas con mesas y sectores lounge, donde debe ser un goce picotear y conversarse unos tragos. Con un gran patio interior con árboles y vegetación entremedio de las mesas, logra una ambientación muy europea. Cuenta con una moderna cava de quesos y otra de vinos, además de una espectacular cocina y miles de detalles como el segundo piso, más íntimo y con salón para comidas de trabajo.

La comida, lo importante, no destiñe. Cocina de autor, mediterránea, con toques muy personales de su chef y propietario, como las exquisitas galletas de quínoa y las churrascas que sustituyen el pan. ¡De vicio! Muy de destacar el uso de productos y preparaciones de lo más autóctonas, que caracteriza a Von Mühlenbrock. Irresistibles las empanaditas de machas fritas en masa crocante –a las que les faltó un poquito de sal- y el paté de la casa, con pistachos, salmón y prosciutto.

El rollo de berenjena y queso cabra tibio al balsámico, sencillo y fresco, ideal para esta época. El raviol de jaiba en salsa de champiñones al orégano fresco, en espectacular vajilla y, para otra visita, la picaña al estilo paulista con yuca frita. Terrine de chocolate blanco con salsa de naranja para cerrar una muy buena comida. Definitivamente, la cosa promete. ¡Bienvenidos y mucha suerte!

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