
Esta película está formada por dos partes, que en total duran 257 minutos, y es dudoso que se las pueda juzgar por separado, aunque han sido estrenadas de ese modo. Hay muchas razones para esa prevención, empezando por el hecho de que la primera parte describe una victoria, la de la revolución en Cuba, y la segunda una derrota, la de la guerrilla en Bolivia. Pero es bien posible que la segunda se estrene cuando ya la primera no esté en cartelera.
Esta primera parte se inicia con un mapa de Cuba donde se dibujan primero las provincias y luego las ciudades clave. Es el primer indicio de que esto trata, sobre todo, de una revolución que es territorial antes que ideológica, un desafío técnico-militar primero que político.
Una vez que ha establecido esas coordenadas, el relato avanza y retrocede en los años, con una textura documental, desde el golpe militar de Fulgencio Batista en marzo de 1952 hasta el discurso del “Che” Guevara en la ONU, en diciembre de 1964. Hay una cierta linealidad por debajo del montaje, que sigue el trayecto de los insurgentes desde la Sierra Maestra, a fines de 1956, hasta la batalla de Santa Clara, donde la columna encabezada por el “Che” precipitó el fin de la guerra y la huida de Batista en los últimos días de 1958.
Che, el argentino, no se aventura en el psicologismo. Su protagonista, atacado por el asma en la selva o premunido de un puro en Nueva York, es un hombre distante, serio, grave, que discierne siempre en función de la guerra y que no se da tiempo para dudar. Ni siquiera en la relación con Aleida (Catalina Sandino Moreno), la joven que lo sigue desde Santa Clara, abandona ese sesgo profesional.
Una cierta misantropía se divisa en esta conducta solitaria, un rasgo que no cede ni con la obediencia que le profesa a Fidel (Demián Bichir) ni con la simpatía que tiene por Camilo Cienfuegos (un excelente Santiago Cabrera), y que se expresa en su deseo de llevar la revolución a toda América Latina.
Tampoco el foco es ideológico. Aunque esa dimensión es inseparable de la vida del “Che”, lo que a esta película le interesa en lo principal es la historia de un hombre que lucha en terreno con una convicción más poderosa que su fuerza física. Sin embargo, la decisión de puntuar el relato con la intervención del “Che” en la ONU y otras entrevistas que concedió en Nueva York integra el discurso ideológico –e incluso sus contradicciones, como el rechazo al bipolarismo y el posterior apoyo al bloque soviético- de una manera especialmente inteligente.
Este es el tipo de sutilezas que hace que Steven Soderbergh resulte un mejor cineasta político que muchos de los que pretenden serlo.
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Posteado por: Lord Jim 08/02/2009 16:04 [ N° 1 ] |
Por desgracia la escena con que comienza esta crónica y que sirve de piedra angular de la crítica, la imagen de la isla, no figura en la copia que se exhibe hoy en Santiago, que comienza inmediatamente con la entrevista al Che. Me imagino que la copia que se exhibió a periodistas pudo haber sido distinta, similar a la que exhibe en otros países o a la copia que se encuentra disponible en sitios de pirateo de internet. |
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