
Soy muy poco amigo de dar recetas sobre cualquier cosa. Lo evito a toda costa. Con suerte me animo a tener unas cuantas convicciones personales, no demasiadas, y a vivir al menos cerca de su órbita. No me canso de citar a Pessoa: “No me gustan las personas llenas de certezas. Esa gente es insoportable”. Por eso, para no hacerme insoportable a mí mismo, alimento muchas dudas, especialmente cuando estoy frente a un grupo y me corresponde hablar. Del mismo modo como vacilo antes de escribir y rara vez tengo demasiado claro adonde llegaré, si es que llego a algún sitio.
No sé si será una paradoja o no, pero hablar y escribir parece ser cada vez más importante en mi vida. O al menos más frecuente. A medida que crecen en frecuencia y en importancia las palabras que elijo usar, creo que cada vez pienso menos lo que digo y lo que escribo. No es que sólo me ocupe el inconsciente. No, por favor. Estoy lejos aún de decir en voz alta lo primero que me viene a la cabeza. Pero es verdad que no opongo resistencia a dejar que alguien hable por mí, como también dejo muchas veces que alguien escriba por mí. Creo que esa otra persona que habla y que escribe, también soy yo; espero, supongo, imagino.
Me sucede a diario en los talleres de literatura, en el programa de radio en donde hablamos de fútbol, en aquellos espacios académicos donde uno debería ir al frente con las cosas claras, o sentado frente al computador ahora mismo escribiendo estas líneas. Es que hay días en que no encuentro otro camino que no sea hablar desde mis dudas y mis escasas convicciones, sin ocultarlas, buscando transparentarlas. No sé casi nada de nada. Este es mi punto de partida. Estoy lleno de dudas, de preguntas, y sé que moriré con ellas instaladas en el alma y en un cuerpo que ya no tendrá cómo defenderse. No sé si estoy diciendo la verdad, o apenas balbuceando en voz alta algo en lo que creo, y punto. Qué aburrida es la gente que mide todo lo que habla. Qué aburrida también es la incontinencia verbal. Qué aburrido puede llegar a ser el silencio absoluto y permanente. No quiero aburrir con más disquisiciones.
Mi padre acaba de cumplir ochenta años. Algo que en mi infancia sonaba remoto y lejano, inimaginable todavía, es ahora una verdad. Fuimos por el día a Las Dichas, al campo de un hermano de mi madre, el Rancho Palihue, la familia completa: mujer, hijos, hermanos, nietos, cuñados, un bisnieto incluso, y levantamos la copa sin gran estridencia, aun cuando se sabe que cumplir ochenta no es un asunto sencillo. Es llevar un pedazo contundente de vida en tu equipaje, y más encima tener que hacerte cargo de él. Mi padre también levantó la copa, pero en general estuvo muy sereno, yo diría incluso que más silencioso que lo habitual. Por la tarde no tuvo ningún inconveniente en apartarse del grupo para dormir una larga siesta, e incluso alcanzó a estar un momento encerrado en el baño sin poder abrir la puerta, y fue por casualidad que escuché su llamado a que alguien le ayudara a abrirla por fuera porque se había quedado atascada.
No fue una fiesta ruidosa, pero de ella me quedó el sonido y la textura de un momento estelar.
¿Por qué cuento esto? ¿Por qué lo que uno vive podría interesarle al vecino? ¿Qué tienen los ochenta años de mi padre que no tengan tantos otros ochenta años vividos en forma continua sobre la Tierra? ¿Cómo digo que verlo caminar por un sendero de tierra acompañado de algunos de sus nietos fue suficiente para mí? Más que contestar con seguridad y sin vacilaciones, me gusta pensar que en la vida de otros hay señas que pueden ayudar a andar el camino propio. Mi viejo estuvo callado ese día, pero me ha hablado a lo largo de casi cincuenta años. No dijo nada particular en el rancho de mi tío, no preparó un discurso, pero con su estampa y su presencia en esa parcela sencilla y hermosa me regaló un momento que atesoraré siempre. Es la fuerza de su presencia. Es lo que irradia su mayor fragilidad física, recortada sobre fotos de décadas anteriores. Suele decirse que los viejos saben demasiado. Yo casi podría adivinar que él también se hace preguntas, y tiene dudas, muchas dudas.
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Posteado por: eugenio salas rivera 21/03/2009 09:32 [ N° 1 ] |
Cito verbatim: "...No sé casi nada de nada. Este es mi punto de partida. Estoy lleno de dudas, de preguntas...". Bienvenido, Francisco, al mundo de los escritores, y lo que relata en su columna de hoy lo hemos sentido millones desde hace tantos años. "Recuerde el alma dormida...". |
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Posteado por: Norma Parrao Arellano 21/03/2009 09:48 [ N° 2 ] |
Qué lindo momento estelar Pancho, me imagino las emociones de ese día... Recordé que en estas vacaciones lei Momentos estelares de la humanidad de Zweig y concluyo que reconocer ambas, las de la humanidad y las de la humanidad propia, son claves para encontrar el sentido de nuestras vidas. Gracias por tan bella columna! |
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Posteado por: Loretu u v 21/03/2009 21:52 [ N° 3 ] |
hay tantas partes que amè, y que siento tan particularmente mias, y en realidad de muchos, que me hacen sentir una malancolìa extraña y triste. muy bella clumna. =) |
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Posteado por: MIRIAM MENESES ROBLE 21/03/2009 21:56 [ N° 4 ] |
Estimado Francisco: Gracias por tantas columnas compartidas los sábados. |
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Posteado por: cristina oyarzun araneda 22/03/2009 19:23 [ N° 5 ] |
Gracias Francisco por regalarme esta emocion con tu articulo...me recordè de mi padre que partio ya casi dos años. |
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Posteado por: Natalia Bravo Gómez 22/03/2009 22:23 [ N° 6 ] |
Ma acaba de pasar algo muy curioso, leí ayer su columna como la mayoría de los sábados; hojeo el diario, hojeo la revista, y al final es esa columna lo único que leo. Me gustó; tanto que pensé en opinar, sólo para decir que tampoco me gustan las certezas. Tengo que dar prueba de un libro... "El empampado Ríquelme" y ayer en la tarde me dispuse a leer un par de cápitulos... y al final del cápitulo 8 empecé a relacionarlo con la columna que había leído en la mañana... (realmente me quedo dando vueltas todo el día, a veces me pasa) y saque unas conclusiones bien locas jaja. Hoy día en la mañana terminé el libro y todavía lo relacionaba, todavía más... porque el final del libro se parece mucho al final de la columna. ¿Será posible que recien a ésta hora (22.14) me haya dado cuenta de que el nombre es el mísmo? Es un buen libro y es una buena columna, gracias (: |
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Posteado por: Fernando Rosellot Camacho 23/03/2009 10:56 [ N° 7 ] |
Francisco,dices..."No sé casi nada de nada"..."Que aburrida es la gente que mide todo lo que habla.Que aburrida también es la incontinencia verbal.Que aburrido puede llegar a ser el silencio absoluto y permanente"...Más adelante agregas..."Mi padre también levantó la copa,pero en general estuvo muy sereno,yo diría incluso que más silencioso que lo habitual...".Pregunto:¿Entonces tu padre es aburrido?¿o será que a su edad ha descubierto lo que tú no haz podido?..¿o tal vez ese(esos) descubrimiento(s) son tan poderosos que no pueden verbalizarse?¿serán inefables?..¿o será |
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Posteado por: macarena banda venegas 24/03/2009 09:01 [ N° 8 ] |
Francisco |
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Posteado por: Ricardo Peña y Lillo Valenzuela 27/03/2009 13:45 [ N° 9 ] |
La cita de Pessoa: Consta de dos partes: La primera, personal y por ende relativa: Y la segunda: “Esa gente es insoportable”, me parece una CERTEZA INSOPORTABLE. |
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Posteado por: Horacio Rojas Blanc 28/03/2009 09:22 [ N° 10 ] |
Que pasó con Pancho? Hoy sábado 28 no está,sin aviso,sin contemplaciones. |
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Posteado por: Claudia Andrea Angeli 28/03/2009 12:32 [ N° 11 ] |
Que paso' con la columna de Francisco Mouat hoy, 28 de marzo? Volvera'? |
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Posteado por: Patricio Hidalgo Gorostegui 28/03/2009 13:17 [ N° 12 ] |
Leemos El Mercurio buscando ciertas certezas periódicas; por eso se llama periódico. Entonces uno se encuentra con que la columna de Francisco hoy no viene, y concluye que el periódico no ha hecho bien su pega. Es de esperar que esta falta sea un problema administrativo de próxima solución. Porque las otras alternativas que se pueden intuir –la mentada crisis, la censura, las “orientaciones” editoriales– son, cada cual en su mérito, inaceptables. ¿Es que acaso necesitan más espacio para el horóscopo? Por favor, no decepcionen a la minoría silenciosa. El próximo sábado deben venir dos columnas, y ahí recién les volveré a creer. |
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Posteado por: angela lopez mazuela 29/03/2009 11:43 [ N° 13 ] |
Las señas que tú envías para ayudar a andar el camino de los otros, son como inflexiones que ayudan a morigerar, a expandir a fluir... |
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Posteado por: Marcela Kahler Roth 30/03/2009 18:03 [ N° 14 ] |
Ya sabemos que los seres humanos somos animales de costumbres. Algunas de esas costumbres son malas otras buenas y algunas muy buenas. En esta última categoría se cuanta mi costumbre de leer la columna de Mouat al sábado por la mañana y sentir que la vida es buena y simple. Y...sorpresa el Mercurio me quita este placer, espero que por primera y última vez |
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Posteado por: Deise Bilate Magalhaes 30/03/2009 20:49 [ N° 15 ] |
Querido, tú y Pessoa, mucho que ver!!! |
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Posteado por: Hugo Torres Contreras 31/03/2009 12:47 [ N° 16 ] |
El diario al cual estas subscrito, la revista que esperas, tu columna preferida. Último sábado de marzo no trae consigo la crónica de Mouat, y me invade un desasosiego. Fin de semana, con vendimia y fútbol de por medio, no logra ser disfrutado a plenitud. Las lecturas de “Tiro Libre” transmiten honestidad, la de un escritor y su búsqueda de pequeñas historias. Aquellas que rescatan la sencillez y fragilidad de las personas que transitan a tu lado. Espero entonces, que la omisión del día 28 obedezca a un caso fortuito, y El Mercurio me devuelva la confianza de estar recibiendo en mi hogar no sólo un producto periodístico, sino también un medio para conocer y aprender sobre “los otros”. Francisco, quiero que sepas que como tantos(as) seguiré esperando cada sábado, al otro lado de la barrera y bien agazapado bajo los tres palos, tus balones cargados de una emotiva humanidad. |
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