Ascanio Cavallo
Sábado 28 de Marzo de 2009
Cine: Solos


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Solos parte de una premisa que se hizo común al subgénero de los muertos vivientes desde las películas de George A. Romero entre los 70 y los 80: que los zombies parecen, pero no son lo peor. En estos apocalipsis donde la humanidad colapsa bajo pandemias aterradoras y los muertos rechazan su condición para ir a contagiar más gente, los verdaderos malvados pueden estar entre los civiles que se organizan para cazar infectados y, más especialmente, en los ejércitos encargados de proteger el orden social naufragante. Así ocurre en El día de los muertos vivientes (1985) y en La tierra de los muertos vivientes (2005), donde los zombies son una especie de proletariado sojuzgado y hambriento.
Romero llevó más lejos esa idea, extendiéndola al conjunto del complejo científico-militar, en una de sus cintas más olvidadas, Código: Trixie (1973), en que los uniformes de combate se mezclan con los trajes aislantes para liquidar a una comunidad atacada por un virus militar. Solos se mueve en las cercanías de esta idea, aunque su apocalipsis es global. Militares y científicos libran una guerra final contra los demás, infectados o infectables.
Esto confirma que el cineasta Jorge Olguín ha elegido la tradición del horror como forma de comentario social, con las cargas de incoherencia y humor que esto supone. Acusarlo de no tener una estructura dramática fuerte es un contrasentido.
El caso es que Solos propone una nueva vuelta de tuerca al tópico: los zombies no atacan a los niños que son inmunes, como la protagonista, Camille (Camille Lynch), tal como se lo informa su madre (Karina Pizarro) después de sufrir un salvaje ataque infeccioso que se parece mucho a una violación. Las verdaderas amenazas para Camille, y todos los niños que vagan sin padres, son los científicos y los militares, no los zombies.
Esto resta gran parte de la capacidad de horror a la película. O, mejor dicho, lo desplaza hacia la indefensión de los niños que se reúnen y se separan, hambrientos y heridos, huyendo de las ciudades, tratando de sobrevivir por puro instinto, sin saber cómo ni cuándo cayeron en esta desgracia llamada vida. Hay más cercanía de Solos con Paisà o El pianista que con el cine de zombies. Sus imágenes recuerdan mejor las de Vietnam, Irak o Darfur que las del cine fantástico.
Si no fuera por esta veta inesperada, Solos podría hundirse sin remisión con su mala fotografía, su montaje francamente deficiente y ese inglés que resultaría primitivo hasta en el Kafiristán. Pero hay en Olguín –parece- una voluntad irrealizada, una visión que espera su momento para emerger en el medio de unas opciones radicales y originales. Solos es otro borrador de ese proceso, de cualquier modo interesante.

1 Comentarios publicados
Posteado por:
Nicolás Wellmann
28/03/2009 14:36
[ N° 1 ]

La decisión está, los zombies no atacan a los niños, las razones pueden ser menos pensadas pero eso sólo saben los creadores. Sobre la estrucutra dramática no tiene porqué ser fuerte pero tiene que haber estructura, en todas las películas de Romero las hay. Es necesario un orden en el desorden, si no, es material en bruto.

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