
La narrativa inglesa sigue demostrando una salud a toda prueba. Más allá del tan sonado dream team, autores que bordean o superan los 60 años, otros escritores, más jóvenes y tan diversos como los de aquel grupo, entregan propuestas interesantes, provocadoras y de alcance universal. Es el caso de Hari Kunzru, nacido en Londres en 1969, hijo de madre inglesa y padre indio, periodista y editor de profesión.
Aunque nació al final, casi, del vértigo revolucionario de los sesenta, Kunzru emprende un trabajo de rescate de la efervescencia revolucionaria de la época que debe estar entre lo mejor que se ha escrito sobre el tema. Quizá precisamente es la distancia lo que le permite desarrollar con tanta fuerza y rigor la disección de la marea libertaria que sacudió el paisaje social en Europa, Estados Unidos y América Latina. Aunque la mayor parte de la novela transcurre en Londres, en sus universidades, calles y plazas reverbera también el eco de los estallidos de furia en otras partes del mundo. Mis revoluciones no es, sin embargo, una novela nostálgica y reivindicadora de la pasión contestataria. Aunque todo está ahí –el discurso político, la manifestación callejera, la escritura de panfletos, la represión, la marihuana y el éxtasis, el jazz y el rock, las comunas urbanas, el hippismo (y el esnobismo asociado), los cuestionamientos totales a la sola idea de familia o Estado–, Kunzru lleva a cabo la reconstrucción de época a través de la memoria del protagonista a partir del momento en que va a cumplir cincuenta años y el pasado amenaza con destruir lo que ha construido. Aunque ello sea un equilibrio muy precario: lo que pasa es que Chris Carver se ha convertido en Michael Frame, lleva más de 20 años bajo ese disfraz y nadie de su entorno conoce su pasado revolucionario. En sucesivos raccontos, a medida que lleva a cabo una nueva fuga, tan desesperada y total como la que emprendió décadas antes, Carver/Frame va desentrañando la historia, los motivos y las razones de su radical transformación de militante revolucionario en un pequeño burgués de provincia. El pasado puede ser terrible, especialmente cuando ha sido enterrado a la fuerza; entonces, cuando surge a la memoria, cuando los fantasmas, los muertos y los vivos pueden levantar su voz, pueden ser arrasadores. Pero más dramático aún es constatar que ese resurgir del pasado puede ser parte del viejo juego del poder; y que ese antiguo amigo de otros tiempos que desencadena la crisis tiene una agenda propia en donde la suerte de Carver es lo que menos importa. Kunzru, en esta novela compleja y tensa, que no deja momentos para el descanso, sin apartarse de la línea central de la historia, entrega también elocuentes pistas sobre un tema más general: quién fue revolucionario en los sesenta y por qué, y cómo se procesa, desde esta época, esa perspectiva.
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