Mario Fonseca
Sábado 04 de Abril de 2009
Arte: Emulación de grandes maestros


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Exaltación de la copia

La historia del arte la conocemos antes por los libros que por la visión en directo de las obras que la constituyen. Es más, la gran mayoría de las creaciones que apreciamos o que nos han enseñado a apreciar, si no todas, no las veremos nunca en vivo. Y si bien la formación técnica de un pintor hace deseable el contacto con las pinturas donde mejor se resuelven sus demandas, la cultura visual de éste se irá conformando por reproducciones consultables a voluntad en librerías y bibliotecas. Esta combinación de oportunidades y carencias prácticas, donde muchas veces la copia didáctica de una obra maestra a partir de una fotografía suele ser decepcionante para el alumno, genera, al margen de sus cometidos objetivos, una serie de disensiones y connivencias conceptuales cuyo manejo puede aportar al contenido de su obra. Como sucedió dos años atrás con la reproducción a escala natural del retrato de Felipe IV por Velázquez, por parte de 24 pupilos de Enrique Matthey, uno de los cuales exhibe al respecto en la galería del BancoEstado.

Marisol Andrades (1982) experimenta varias opciones que le ofrecen cinco siglos de pintura figurativa, consultando el material de referencia sin importarle mayormente conocer o no la obra real. Más aún, las reproducciones impresas de, por citar, “La maja desnuda” de Goya o “Cristo yacente” de Holbein son sólo parte de las intermediaciones por las que atraviesa el proceso de sus pinturas, en las cuales, para empezar, el modelo es ella misma y, por lo tanto, la principal referencia de trabajo es su propia foto imitando la pose de la pintura en cuestión. Lo interesante de esta suerte de travestismos, cuyos riesgos son, a veces, no emular bien aspectos clave de la pintura original –nadie pide una copia fidedigna–, como la luminosidad de las velas de Godfried Schalcken, es que permiten pesquisar aspectos subjetivos de la joven autora. La vocación de Andrades por la recreación de obras patrimoniales desde el autorretrato aporta un dato sugerente, y más aún cuando la obra es en sí un autorretrato, como el de la pintora Artemisa Gentileschi, introduciéndonos en un universo de extroversión introspectiva, donde la sensualidad de la adolescente Marie-Louise O’Murphy, por ejemplo, trasladada de Boucher al cuerpo de la artista, resulta a la vez un lance y una meditación.

Marisol Andrades – Figuras del original
dónde: Galería BECH
Alameda B. O’Higgins 123, Santiago
duración: Hasta el 17 de abril

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