Rodrigo Pinto
Sábado 11 de Abril de 2009
Leer: Esaú y Jacob


Joaquim Maria Machado de Assis es un clásico de la narrativa brasileña. Clásico, pero también un caso aparte, una rareza, una anomalía, por su extraordinario adelanto a su tiempo en el cultivo de la novela, el cuento y la crónica periodística. Hay quienes sostienen que su origen mestizo es la base de su mirada corrosiva, pero eso no explica de ninguna manera el carácter revolucionario de su literatura. También era tartamudo y epiléptico, y así, con tartajeos y todo, fundó y presidió la Academia Brasileña de Letras.

Buena parte de su obra –Don Casmurro, El alienista, Memorias póstumas de Blas Cubas– ha sido reeditada en sucesivas oportunidades y países, pero Esaú y Jacob, de 1904, nunca había sido traducida al español. Extraño, porque se trata de una novela notable, que, a través de la historia de dos hermanos gemelos, Pedro y Paulo, pone en escena la sociedad brasileña –carioca, en particular– de las décadas finales del siglo XIX, con humor mezclado de ferocidad y una agudísima y certera crítica de las maneras y costumbres; es decir, de las apariencias, de las normas sociales, de ese entramado sutil de donde emanan la respetabilidad, el prestigio y la condición de hombres y mujeres de bien. Quizá lo más llamativo de esta novela es el particular uso que Machado de Assis hace del narrador, un narrador constantemente presente, que interpela al lector, que plantea dudas, que tiene hipótesis o certezas sobre sus personajes, que manifiesta sus opciones (por ejemplo, un capítulo se llama “Todo lo que restrinjo”). Con avances y retrocesos, con incesantes acotaciones sobre la historia que va contando, Machado de Assis teje una novela singularmente atractiva, que comienza con la profecía de una adivina sobre los gemelos: pelearán, pero están llamados a cosas grandes. De ahí viene, obviamente, el título, pero esta historia de rivalidad y grandeza no tiene que ver tanto con la primogenitura sino con el amor de una mujer. Entre Pedro, Paulo y Flora flota además el Consejero Aires, supuesto autor de los manuscritos que contienen esta historia y un personaje inolvidable, que remacha, con ironía y crueldad, los hilos de la historia de los gemelos, del republicano y del monárquico, de los rivales en el amor.

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