Antonio “Accio” Benassi (Vittorio Emanuele Propizio y después Elio Germano), tercer hijo de una familia obrera de la ciudad de Latina, pasa su adolescencia en la Italia de los 60, cuando se inicia el período de convulsiones políticas que se extenderá por las siguientes dos décadas. El relato parte en 1962, cuando “Accio” se interna solo en el seminario y, a los pocos minutos de metraje, lo abandona por ausencia de vocación.
Como el hijo menor de un hogar poco sofisticado, “Accio” debe arreglárselas a solas con las golpizas de su hermano Manrico (Riccardo Scamarcio), la indiferencia de su hermana Violetta (Alba Rohrwacher) y lo que él considera la constante injusticia de su madre (Angela Finocchiaro) en comparación con el primogénito. Mientras Manrico se hace obrero y comunista, “Accio” es obligado a estudiar para perito y, bajo la guía de su amigo el vendedor de sábanas Mario Nastri (Luca Zingaretti), se incorpora al fascismo, representado entonces por el Movimento Sociale Italiano.
Esto es apenas el comienzo de Mi hermano es hijo único. En los cerca de diez años que siguen, las acciones de “Accio” y Manrico se cruzan una y otra vez, mientras la pequeña familia se va resquebrajando igual que su vieja casa de Latina, la gran urbanización del Lazio emprendida por Benito Mussolini en 1932. Pasa por entre los Benassi el viento de una Italia dividida, que busca a gritos su propio camino.
Y a gritos, con pataletas, en forma desaforada, atrevida, rabiosa, busca también su destino “Accio”, un niño exigente consigo mismo y con el mundo, disponible para cualquier causa –católica, fascista, comunista, romántica– que envuelva la lealtad total y la ortodoxia absoluta, porque aun no ha descubierto que esos son no son más que otros pliegues de las ficciones humanas.
La película sigue el punto de vista de “Accio”; no se ve más que lo que él alcanza a ver, no se sabe más de lo que él sabe. Pero al mismo tiempo, se lo ve a él, se lo puede juzgar, se lo puede observar críticamente: “Accio” es a la vez el sujeto y el objeto del relato (y es un sutil logro de dirección que los dos actores que lo interpretan unifiquen el tono con similar intensidad física). Esta operación narrativa, con su singular complejidad, fue inaugurada al inicio de los 40 por John Ford, con Qué verde era mi valle, y hay aquí más corrientes profundas con esa cinta que las que a primera vista afloran con otras obras de la nostalgia italiana de los 60, como Los soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003) o La mejor juventud (Marco Tulio Giordana, 2003).
Mi hermano es hijo único trata levemente sobre la política de la Italia reciente, una de las cosas más trágicas y a la vez hilarantes de la historia contemporánea. Pero su tema real es la individuación, la forma en que un niño busca intensamente su lugar en el mundo. Y esa es siempre una historia hermosa.
Mio fratello è figlio unico
Dirección: Daniele Luchetti. Con: Elio Germano, Riccardo Scamarcio, Diane Fleri, Luca Zingaretti. duración: 100 minutos.
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Posteado por: josé manuel rodríguez angulo 18/04/2009 13:14 [ N° 1 ] |
El crítico considera las causas católica, fascista, comunista, etc, sólo como un pliegue más de las ficciones humanas. |
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