Francisco Mouat
Sábado 18 de Abril de 2009
Virus


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Hay un virus que anda suelto en el aire y ataca primero al estómago, te bota al piso, te deshidrata, luego te sacude con fiebre moderada, dolor de cabeza, y aguantarlo toma dos o tres días, por lo bajo, antes de que decida retirarse. A mí me atacó el lunes en la noche, y hoy, cuando escribo esto, que es jueves de mañana, no termina de soltarme, a pesar de que ya uno puede hacer como que no está el bicho.

El primer día de este virus no cabe otra cosa que deshidratarse, ojalá no muy violentamente. El segundo día ya no tienes náuseas, baja la fiebre, te puedes alimentar de jaleas y caldos sanos de pollo, tomar bastante agua, y si te da la gana, puedes incluso leer. Es lo que hice. El lunes me habían prestado un libro que recogía varias entrevistas a Borges, entre ellas una hecha por Menotti poco después de que su selección argentina saliera campeona del mundo de fútbol en 1978. Me producía curiosidad ese texto, y al final fue casi lo que menos me interesó del libro. Entre muchas otras conversaciones, fue un agrado –como suele ocurrir con él– leer a Borges hablando. Su temprana ceguera, sumada a su inteligencia mayúscula, lo obligaron a pensar y a expresarse oralmente con una lucidez envidiable, y un lenguaje tan preciso como sugerente.

No había escuchado de él que tal vez el mejor poema de amor que escribió fue la dedicatoria a su madre, Leonor Acevedo de Borges, que preside su obra poética completa: “Quiero dejar escrita una confesión, que a un tiempo será íntima y general, ya que las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos. Estoy hablando de algo ya remoto y perdido… las compartidas claridades y sombras, tu fresca ancianidad, tu amor a Dickens y a Eca de Queiroz, Madre, vos misma. Aquí estamos hablando los dos, et tout le reste est litterature, como escribió, con excelente literatura, Verlaine”.

Leer a Borges es un placer, y detenerse en sus reflexiones sobre la realidad, una pausa necesaria: “No hay ninguna razón para suponer que las noticias que dan los periódicos son más reales que aquello que soñé esta mañana y olvidé al despertarme. El pasado es realidad. También es real la memoria y la historia”.
Hay gente que se cree incluso representante o vocera de la realidad:

“Yo te voy a contar la realidad tal como es”, dicen, como si los pobres tipos pudieran hacerlo. Los que hablan de la realidad de un modo altisonante, sin que se les arrugue nada, suelen ser además los primeros que niegan el valor de los sueños, de los recuerdos, de la memoria afectiva, de los traumas, de la presencia del espíritu y de la nada, como si ellos no formaran parte de la realidad de uno, como si ellos no tuvieran que ver con este mundo y con esta condición tan humana como misteriosa que nos ocupa. Es tan caótica la famosa realidad, y tan inabarcable, que una mente más o menos lúcida nos ayuda a lidiar con ella, y en muchos casos a despejarla o a idear trucos para que esa realidad no nos abrume. A veces nos va mal en esta tarea, y debemos pedir ayuda. A veces nos sumergimos en la lectura para vivir otras realidades y ojalá conmovernos.

Recuerdo cuando en la carrera de periodismo de comienzos de los años ochenta nos bombardeaban con pruebas de actualidad, que no eran otra cosa que ridículos exámenes de lectura detallada y minuciosa del diario de los últimos días. Había que aprenderse todo: quién ganó la carrera de fórmula uno el domingo, qué dijo el subsecretario del subsecretario sobre la reforma laboral, a cuánto está el dólar, qué se supone que dirá el próximo mensaje presidencial de Pinochet, y la guinda del postre: la crisis del medio oriente, que nunca faltaba, para que no se dijera que teníamos una mirada estrecha de la vida. Era para llorar. Nos decían que así se formaban los periodistas. Que esa era la realidad que importaba. De la censura que había en esos años no se hablaba demasiado en las aulas. Mejor no hablar de esa otra realidad. A varios de nuestros profesores parecía animarlos un sentido de la realidad que hoy ni siquiera deben querer recordar. Era como un virus.

5 Comentarios publicados
Posteado por:
eugenio salas rivera
18/04/2009 15:26
[ N° 1 ]

Lamento el ataque del virus, esperando que se recupere totalmente.

Sobre este otro virus que usted menciona, ése cuyo síntoma principal aparentemente distorsionaba la realidad de algunos de sus profesores de periodismo, creo que afortunadamente, esa cepa se extinguió, pero uno nunca sabe cuándo puede reaparecer, quizás hasta con mayor, valga la reiteración, virulencia.

Agradecido, aprecio la amable vuelta en calesita que nos ha dado con la evocación de Borges hablando de su mejor poesía y la cita de Verlaine.

Para una posible recaída, le sugiero tener a mano "Me serviré frío este plato", de Mario Stein, editorial Puerto de Palos. Y quizás "les sanglots longs des violons de l'automne" arrullen su ojalá no muy violenta deshidratación.

Posteado por:
Norma Parrao Arellano
18/04/2009 19:20
[ N° 2 ]

Que cierto lo que dices, el problema de estos días es que nos abruma "el exceso de realidad". Necesitamos incorporar mas a la vida diarias los sueños, los recuerdos, la memoria afectiva, los traumas, la presencia del espíritu y los sueños...
Gracias por tu columna!

Posteado por:
catalina alejandra gómez varas
18/04/2009 19:42
[ N° 3 ]

Estoy en cama, enferma de un gripón tremendo. Mi única entretención, además de la maldita tele, es leer las columnas y sus blogs.

Reconozco que de ésta, no entendí nada. ¿Deshidratarse es tener diarrea? Lo de la censura, haciendo un cálculo de cuándo estudió periodismo el columnista, capto que fue durante el gobierno militar. Entonces los profesores que tuvo no eran tontos ni estaban enfermos de ningún virus. Muy por el contrario. Cuidaban su miserable pellejo solamente. Por la boca muere el pez.

Habiendo aclarado lo anterior, tampoco entiendo qué pitos toca Borges y sus palabras a Menotti en este cuento del virus. Que adoraba a su madre, normal, nada de virus allí. De que uno se sumerje en la lectura para escapar de la realidad si es muy dolorosa, normal también.

Ahora, si el señor Mouat toma a Verlaine como ejemplo, y veo que el único posteo de esta columna (además del mío, si llegan a colocarlo), derrama loas y platitudes sobre la diarrea del columnista, creo que estoy escarbando en el lugar equivocado: parece que esto de los virus son códigos de comunicación entre jóvenes bien raros. Recuerdo a mi santa madre, cuando me advertía: "niña, hay un montón que parecen bien hombrecitos, pero si usan palabras extrañas, como virus, sin ser médicos, ten cuidado, te vas a ensartar".

Posteado por:
Melvyn Maximiliano Olate Barra
19/04/2009 19:46
[ N° 4 ]

Acerca de la "realidad", dejo algunas reflexiones que alguna vez David Foster Wallace compartió: "Dos peces nadan juntos. Se encuentran con un pez viejo que va en dirección contraria. Los saluda y les dice : Hola chicos, ¿cómo está el agua?. Los peces jóvenes siguen nadando un rato, hasta que uno mira al otro y dice: ¿Qué diablos es el agua?"

Luego remata: "Existe otro tipo de libertad, de la que poco se habla. Es una libertad que involucra atención, conciencia, disciplina, mucho esfuerzo y ser capaces de preocuparnos y sacrificarnos por las personas, una y otra vez, de múltiples modos pequeños y poco atractivos, todos los días. Esta es la verdadera libertad: la alternativa a la inconsciencia, a la estructura por defecto. La verdad con mayúscula trata de la vida antes de la muerte. Se trata de llegar a los 30, quizá a los 50, sin querer pegarnos un tiro en la cabeza. Se trata de la simple conciencia, conciencia de aquello que, siendo tan real y esencial está oculto a la vista, de manera que es necesario que nos preguntemos una y otra vez, como los peces del cuento, qué es el agua. Es inimaginablemente difícil hacerlo, y mantenerse conscientes y vivos, día tras día."

Posteado por:
Sergio herman Meza santander
20/04/2009 20:57
[ N° 5 ]

francisco saludos leo tus columnas y te escucho en ADN , felicitaciones, trabajo en el campo y el sol brilla y brilla ,¿tienes alguna experiencia con gente de campo que puedas comentar?.

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